07 septiembre, 2010

3 Els Pets o el Rock Agrícola

En Constantí, pueblo de la provincia de Tarragona, nace en 1985 un grupo de música en catalán llamado Els Pets (Los Pedos en castellano). Los componentes son Lluís Gavaldà en la voz y en la guitarra, Joan Reig a la batería y en la voz, y Falin Cáceres en el bajo (Coveralia.com).

La anécdota refiere que pusieron el nombre en broma, como alguien que no quiere la cosa, pensando que no ha de durar. Muy pronto fueron catalogados bajo la etiqueta rock agrícola, ideada por un periodista avispado, sin duda inspirado en la temática y filosofía del grupo.

Agrupación apenas conocida fuera del ámbito catalán, ni qué decir de  Hispanoamérica, ferozmente invadida por el rock industrial norteamericano. Increíblemente, cuando estuve en España no escuché a nadie hablar de rock en catalán, gallego o euskera. Es fácil cerrar la mente a otras posibilidades de música cuando somos castellanoparlantes, pero no tenemos ningún reparo en oír canciones en inglés. Fue por pura casualidad (virtudes del Youtube), encontrar el sonido peculiarmente alegre de este conjunto.

El repertorio de la banda oscila entre  un estilo costumbrista,  la amistad, los valores comarcales y un desprecio  irónico de lo urbano.  En resumen, la vida a suaves campanadas, con aire desinhibido, melodías con aroma de pasto recién cortado. Un homenaje a la cotidianeidad como sugieren algunos títulos: Bon dia,   bona nit(buenas noches),  jo seu el teu amic, (soy tu amigo),  está plovent, (está lloviendo) o vespre(tarde).

Entre sus sencillos, me quedo con “Bon dia”, que es un canto esperanzador, un tributo a la alegría de vivir, un llamado que invita a ir al centro del poblado, al regocijo general, mientras la vieja Montserrat despierta cantando a todo el barrio.

Aire fresco, puede también venir del Viejo Mundo.

06 septiembre, 2010

1 Alizée: música para los ojos

Podrán elevar el grito al cielo todos los puristas, incluido yo, cuando se habla de arte, en este caso de música  y es que la ocasión lo vale para poner en rigor, eso de que la excepción hace la regla. Hablo del sencillo “La Isla Bonita” de la cantante pop estadounidense Madonna publicado en 1987. Una canción melancólica que recuerda a ritmos caribeños y a la lambada, que no tuvo en su momento mayor repercusión en Estados Unidos, pero en el resto del mundo tuvo un éxito rotundo, constituyéndose en imprescindible en las giras de la cantante.

Nunca he tragado a Madonna, mucho menos por su “Don`t cry for me Argentina”, pero esa balada, con sus guitarras españolas, hacía una grata excepción en mi esmirriado y maltrecho bagaje musical, y así por muchos años, hasta que una desconocida del Mediterráneo vino a sabotear mi preferencia por la versión original. Hablo de Alizée, una trigueña originaria de Córcega (1984), muchacha de cuerpo frágil, ojos enormes y pícaros, la coleta y el mechón de pelos que le cruza la frente le dan esa apariencia de lolita tardía.

Comienzan suavemente los acordes de “la isla bonita”, ella baila lánguidamente sobre el escenario, mirando provocativamente a la cámara, transcurren los minutos-pausa  desesperante al ritmo de los  gritos del público enfervorecido- ella gira sobre sí misma con un movimiento de caderas que sabe a embriagadora eternidad.

El vaivén de sus movimientos provoca un corto circuito del tiempo (no es lascivia, es arrobamiento,  siesta para el espíritu, es éxtasis en estado puro).

¡A sus pies,  isleña bonita!

01 septiembre, 2010

2 Recuerdos: Los mejores comienzos de novelas que leí


Albert Camus
Afortunadamente no tengo memoria de pez, más bien de perro, para rememorar los inicios de obras que me han marcado, que no obstante el paso del tiempo, hay ciertas frases o descripciones que definitivamente hacen sentir a uno sentimientos encontrados, ya sea fascinación u horror, nostalgia, evasión o pesadumbre, o en algunos casos, sensaciones irremediablemente vagas.

Seguro que la mayoría de nosotros recordará ese comienzo inmortal: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”.  En cualquier caso, no se le exige un esfuerzo inhumano a la memoria, de recordar a letra muerta esos pasajes, lo rescatable es la impresión que deja como un buen o mal sabor de boca, independientemente del desarrollo o calidad de la obra en cuestión.

He aquí los inicios favoritos de los que puedo acordarme todavía:

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.
(Albert Camus, “El extranjero”).

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
(Vladimir Nabokov, “Lolita”)

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. "No dejes de ir a visitarlo -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro.
(Juan Rulfo, “Pedro Páramo”)

El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman «allá».
(Truman Capote “A sangre fría)

En mis años mozos y más vulnerables mi padre me dio un consejo que desde aquella época no ha dejado de darme vueltas en la cabeza.“Cuando sientas deseos de criticar a alguien” -fueron sus palabras- “recuerda que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú tuviste.”
(Scott Fitzgerald “El gran Gatsby”)

Había en las afueras de Medellín un pueblo silencioso y apacible que se llamaba Sabaneta. Bien que lo conocí porque allí cerca, a un lado de la carretera que venía de Envigado, otro pueblo, a mitad de camino en­tre los dos pueblos, en la finca Santa Anita de mis abue­los, a mano izquierda viniendo, transcurrió mi infancia. Claro que lo conocí. Estaba al final de esa carretera, en el fin del mundo.
(Fernando Vallejo “La virgen de los sicarios”)

Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.
(Ernesto Sabato, “El Túnel”).



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