17 enero, 2013

7 La revolución de los pájaros locos


Hemiciclo donde ocurrió el hecho delictivo
Nos gobierna el sentido de las cosas al revés. El país de las reglas retorcidas. Primero le metemos nomás, luego arreglamos entre abogados. Las víctimas son enjuiciadas y los verdugos son premiados. País de razonamientos absurdos: ahora resulta que la coca es a la cocaína lo que la uva al vino. Me pregunto si alguien se ha vuelto adicto al vino, degenerado su sistema nervioso o ha muerto por su consumo. País de boludos este donde una panda de vivillos  viene con el cuento de tiempos de cambio, mientras se forra a manos llenas con contratos millonarios donde la coima es moneda común. País entregado a las mafias del narcotráfico, contrabando y redes de extorsión.  Que sus tentáculos se hayan extendido a instancias superiores del mismo gobierno lo avalan. Y los jerarcas se hacen a los suecos, no se enteran de nada. Son unos santos, nada les salpica. Cosas de infiltrados, dicen, o maquinaciones del imperio, de la CIA, de las transnacionales, de la derecha reaccionaria o de cuanto enemigo invisible se pueda invocar.  

Vivimos en un estado de ánimo de juerga permanente, donde, naturalmente, la inmensa mayoría no estamos convidados. Cada cierto tiempo, obnubilados por fiestas multitudinarias donde se cantan las proezas de la revolución. Puño izquierdo en alto, banderas al viento y adulación. En América Latina hasta los pájaros son revolucionarios, cantaba Jorge Cafrune, con sana intención. En el corazón de América, todos los seres son sagrados cantan los profetas de la nueva religión. Lindo verso para vender al resto del mundo mientras ya se alista la maquinaria para someter la selva a la destrucción. Este país es una fiesta. Nunca paran las inauguraciones, ni los banquetes ni los bailes para amenizar la ocasión. La filosofía del Vivir Bien en franca ebullición. 

Así las cosas, no les extrañe que periódicamente funcionarios de toda índole -ministros, alcaldes, consejeros, ayudantes- sean pillados con talante beodo hasta el copetón. Disfrutan de las mieles del poder. Van de “marcha” luego de las consabidas reuniones políticas y que por gajes del oficio-no saben decir que no a los vecinos que les invitan a beber- terminan estrellando vehículos oficiales en altas horas de la madrugada. Como resulta casi pan de cada día, nos hemos acostumbrado tanto que ya resulta superfluo enumerarlos.  Y todavía tienen agallas para indignarse y amenazar después del resacón. 

¡Ay paisito!, ¿quiénes te gobiernan?...no bastan las decisiones grotescas, ni las actitudes maceradas en alcohol. En todas las familias siempre hay una oveja negra dicen aquellos que intentan justificarlo todo. Pero resulta que las ovejas negras ya son demasiadas y siguen llegando. A la legión de borrachines, sumémosle los tres alcaldes, el general de policía asesor del ministerio de Gobierno, el amauta que posesionó a Evo y las hermanas de una alta dirigente del partido oficialista sorprendidos en pleno tráfico de cocaína. Y los numerosos funcionarios envueltos en escándalos de corrupción, empezando por el otrora presidente del senado, hoy preso.  Tal parece que hay carta blanca para cometer todo tipo de fechorías. La realidad indica tal cosa, ¿qué ha sido del asambleísta departamental de La Paz que pese a tener sentencia judicial por asesinato, continuaba libre y probablemente todavía cobrando sueldo? Y hace poco, no se hacía nada desde el parlamento contra un diputado suplente acusado de haber violado a su propia hija menor de edad, tanto fue el soslayo de la Comisión de Ética que durante meses se negó a tratar el caso. Al contrario, a los opositores que osan denunciar los abusos y delitos o “insultar” al presidente, les llueven los procesos judiciales.

Todos somos testigos de cómo se despilfarran los bienes del Estado en toda suerte de acontecimientos destinados a construir los nuevos mitos. Y de la flagrante utilización de funcionarios públicos y personal de seguridad para actividades mundanas como bodas. No se respetan ni las ruinas de culturas milenarias ni mucho menos las instalaciones públicas, a pesar de los reglamentos. Creíamos que lo habíamos visto todo. Que habíamos tocado fondo. El país como la selección, perdiendo por goleada.

Hace apenas unas horas acaba de hacerse público un video, filtrado a la prensa. Todo ocurrió el 20 de diciembre del año pasado en la ciudad de Sucre, la cuna donde nació la república. Ciudad de símbolos, donde tañeron las primeras campanas de la libertad, cuyos ecos llegaron a otros rincones de América. Allí nació la revolución según los historiadores. Allí se juntaron como compadres en jolgorio los revolucionarios de nuevo cuño. Celebraban, sabe Dios el motivo, que todo es celebración y libación. Todo parece indicar que la fiesta comenzó desde horas de la tarde en oficinas de la Asamblea Departamental (el equivalente de un parlamento regional). A las ocho de la noche, las cámaras de seguridad registran a dos asambleístas acosando a dos empleadas de limpieza. Uno de ellos forcejea y abraza insistentemente a una de las mujeres que se resiste a sus manoseos y que además hace el intento por llevarse a su compañera, notoriamente embriagada y que ni siquiera puede sostenerse en pie. El segundo asambleísta hace todo lo posible por conducir a la mujer borracha a una habitación mientras su cómplice distrae con sus maniobras a la otra mujer. Ésta aparentemente deja de luchar y  desaparece de escena. Entretanto, una segunda cámara nos muestra cómo la mujer inconsciente es introducida en pleno salón de sesiones, casi a rastras por el primer individuo mientras otro funcionario le abre la puerta y a continuación cerrándola por fuera como queriendo decir “buen provecho”.  Las imágenes así lo testimonian.

A continuación, el asambleísta, aparentemente incomodado por las luces del salón, deja tirada en el suelo a la mujer y va en busca de ayuda. Entran dos empleados a facilitarle la tarea, entre ellos una mujer. Baja la intensidad de la iluminación y los cómplices salen. Inmediatamente, a solas, el individuo da rienda suelta a sus bajos instintos. Abusa sexualmente de la mujer embriagada que claramente no es consciente de la situación. No sabemos cuánto tiempo pasa, pero al final del video, se nota que el sujeto se ajusta los pantalones. 

Eso pasó hace un mes, y naturalmente la víctima no denunció el hecho, y todo seguiría normal si no se hubiese filtrado la grabación. Y adivinen qué, las dos mujeres fueron despedidas de su trabajo, además del funcionario encargado de controlar el circuito de televisión. Como era de esperar, salieron algunos correligionarios a defender a su colega, incluso el gobernador de ese departamento ha salido con la teoría de que el escándalo fue tramado por la oposición. El ministerio público brilla por su ausencia alegando que nadie sentó denuncia. Estarán esperando que la víctima vuelva a ser humillada apareciendo en público. Al supuesto violador se lo tragó la tierra. Tratándose de un delito, el sentido común dicta que se debiera proceder de oficio. Pero eso es lo de menos. Al final, antes de todo esto, nunca me había quedado claro el concepto ese de “uso indebido de bienes públicos”. Ahora se me va aclarando la cosa. Como dijo anoche, el periodista que mostró las imágenes, un poco más y convierten el hemiciclo en un motel.  El horror, el horror…el horror.


Mas información: Como los hechos son tan graves se hace necesario respaldar la noticia.

-Aquí la publicación del periódico más prestigioso del país, con información personal del acusado. A mí me da asco hasta escribir su nombre.

-Video del escándalo, lamentablemente está resumido. Yo he visto las imágenes completas con las circunstancias preliminares que he descrito. No hay detalles escabrosos, pero sí proporciona una idea cabal de lo que sucede. (duración 2 minutos y medio).

10 enero, 2013

7 Puteando por una lata de atún


Me he caído de espaldas cuando he leído que, hace pocos días, en la lonja de Tokio se ha pagado 1,3 millones de euros por un ejemplar de atún rojo de 222 kilos. No me imagino lo que llegaría a costar uno de tres metros y de una tonelada de peso, ya que difícilmente podrían alcanzar ese tamaño en estos tiempos voraces. Voracidad vergonzosa; la de los mercados, la de los paladares exigentes, mayor que la del propio bicho, de fama merecida por merendarse glotonamente a otros peces. Ostentoso record que deja chica la creencia de que los atunes eran billetes flotantes de cinco mil dólares.  

De acuerdo a los expertos, de un atún grande se obtienen unas 6.000 raciones de sushi, plato estrella de la gastronomía japonesa que, como sabemos, se sirve crudo. Que el ejemplar en cuestión haya alcanzado precio tan exagerado tiene una explicación aparentemente natural (por lo menos para los sibaritas nipones): se trataba de la primera subasta del año, algo como disfrutar del premio del primer ejemplar de la temporada. Supersticiosos como son, me imagino que habrán ido corriendo al restaurante que se adjudicó el remate. Buen golpe de publicidad para el empresario comprador. Siempre hay gente dispuesta a aflojar la billetera.

Yo, a los japoneses los admiro un montón por su tenacidad, disciplina, laboriosidad y su actitud estoica ante los desastres (ya sé que suena obvio), pero sobre todo, por su inigualable sentido artístico de encontrar belleza en las cosas sencillas, cotidianas, especialmente sus jardines.  Pero tanto refinamiento los ha llevado a extremos incomprensibles, como el de considerar un manjar a la sopa de nido de golondrina de mar. Con sólo pensar en el montón de excremento que sueltan los pichones, no se me hace agua la boca de ninguna manera. Que tiren tiburones enteros al mar, por sus preciadas aletas, ya ronda el delito y la estupidez. Lo mismo con su reticencia a respetar los acuerdos sobre la caza de ballenas en peligro de extinción. Tienen mucha ética y sofisticación en las relaciones interpersonales (extensos tratados sobre las maneras de saludar con la cabeza), pero a la hora de llenar el buche, algunos de sus hábitos son muy cuestionables.

Probablemente, a causa de la voracidad japonesa -el mayor consumidor del mundo- yo no puedo disfrutar del atún con frecuencia. Ni en conserva. Por sus precios altísimos. Y eso que nos llega la segunda o tercera calidad. Por lógica, la mejor parte se va al mercado gigante asiático. Eso de que al gato se lo contenta con una lata de atún desmenuzado es puro cliché cinematográfico, me temo. Ninguna persona en su sano juicio se daría el lujo de alimentar a su mascota con una cosa tan rica, por lo menos en este país sin salida al mar. 

Ciertamente, el atún es lo más próximo a la carne roja de vaca, por sabor y apariencia,  en lo que a mí concierne. He probado infinidad de pescados en conserva, todos saben a pescado menos el lomito de atún. Pescado marino fresco, aunque sea congelado, es mucho pedir porque apenas llega y a qué precio. 

Por estos días de navidad, había visita en casa. Mi cuñada, sabedora de mi proverbial resistencia a la parafernalia navideña, hizo caso omiso de la advertencia, regalándome unos presentes muy patriotas: unas latitas de atún ecuatoriano, que dicho sea de paso, es de excelente calidad. Sobre la marcha, antes de retornar a su país, fue corriendo al supermercado más cercano y me trajo de varias marcas y presentaciones para no reñir con mi exigente paladar (la fama me precede en el ámbito familiar).  Se lo agradecí casi conmovido. Después de que se fue, se lo volví a agradecer simbólicamente, con el mejor de los elogios, comiendo en silencio y además solito, ni loco iba a compartir mi tesoro. De pura satisfacción. Dicen que el mejor homenaje a un cocinero es comer calladito y sin pausa. Esto no fue lo mismo pero que valga la comparación. 

Menos mal que el pato no lo pagué yo, perdón que quise decir el pescado. Mi benefactora no tuvo el cuidado de sacar las etiquetas de los precios. Indignantes para nuestra economía nacional. Pagar 15 Bs (más de 2 dólares) por una lata de 160 gramos, que la mitad es producto y la otra, aceite o agua, quita el hambre de sopetón. Y eso que era atún normal, no el preciado lomito o la más selecta ventresca. Para que se hagan una idea, con esos mismos 15 Bs, uno puede costearse un decente menú del día, con entrada, sopa y segundo plato. 

Puede que en países con costa o con monedas fuertes, las conservas de atún sean más asequibles al bolsillo. Eso sí, en España, me causaba tremenda extrañeza el tamaño minúsculo de las latas (creo que eran de 70 u 80 gr.) que no satisfacen ni a un gato sometido a régimen. Veía como venían en packs de tres, en una cajita estrecha de cartón. Pensando en la cantidad de hojalata que se despilfarraba por obedecer ciertas normas industriales, caprichos de la Unión Europea, supongo. Por lo pronto, comer atún verdadero se ha vuelto un lujo, un capricho de vez en cuando. Mientras tanto, para aumentar de peso, las dietas de gimnasio recomiendan la infaltable ingesta de atún, por su riqueza proteínica.  Con el karma del poco peso que me ha acompañado toda la vida, he de conformarme con sucedáneos tales como el “Grated tipo atún”, que es una forma eufemística que las conserveras peruanas llaman a la vulgar sardina. Ni modo, con limón y verduras no es tan malo. Porque yo, de pollo, a regañadientes la pechuga.

03 enero, 2013

6 Los carros basureros de nuestro alcalde


Los nuevos carros, exhibidos en la plaza principal de Cochabamba
Carajo, que hay gente de porquería. Nunca mejor dicho, cuando algunos contenedores permanecen vacíos porque a muchos les da flojera levantar la tapa para depositar su basura. Dejar las bolsas y los cachivaches al pie de las cajas verdes y que los de EMSA se las arreglen, que para eso les pagamos. Fiesta para los perros vagabundos. Así de fácil resulta seguir enlodando la reputación de ciudad jardín.  Título florido que ya suena rancio y marchito porque se murió con nuestros abuelos. 

Nos creíamos civilizados. Queríamos emular a los europeos. Nos trajimos un sistema modernísimo de recolección de desechos desde la patria de Verdi: Muy bonito, muy ecológico, muy caro. No duró ni una década, ahí está el resultado: contenedores en pésimo estado, asquerosamente sucios y escasos camiones que todavía funcionan. Era muy cómodo dejar la basura a cualquier hora del día. La disciplina duró el tiempo que tardaban en despintarse. Pronto rebosaban de ramas, escombros y animales muertos. La gente es tan indolente que gustosa aceptaría dejarse limpiar el culo por el servicio público de aseo. 

El sistema de contenedores no es respetado
Como la realidad nos devolvió a lo que somos, urbanitas con hábitos cavernarios, se hizo patente la necesidad de volver al sistema antiguo: campanita y horarios fijos. A ver quién deja desparramada su porquería dentro de casa.

Nuestro alcalde, visto la pobre imagen que tiene ante la ciudadanía por su incapacidad de gestionar la cosa pública, ha demostrado que anda desafinado sin guitarra. Genial para componer serenatas a la Llajta querida, deplorable como administrador público. Desde que se colgó la banda de autoridad, no hace otra cosa que promocionar su figura. Cualquier pinche obra, así sea el cambio de tubería de una calle o el techado de una canchita de fútbol sala tiene un cartel a todo color con su fotografía, como si no fuera su obligación, como si nos hiciera un regalo de Papá Noel bonachón. Los alcaldes de antaño solo dejaban una plaqueta metálica para lucirse, en obras de barrio y en grandes obras de ingeniería. A este paso, cuando el burgomaestre inaugure un puente u otra obra de impacto, seguramente mandará a construirse una estatua o un busto para recordarnos que fue obra de su gestión. 

Quién como nuestro alcalde, que resultó ser más folclórico que la chicha y el chicharrón. Uno pensaba que al ser un artista, tendría un mínimo de sensibilidad y sentido común. Y polifacético además; guitarra, piano y acordeón, amén de compositor.  Pero confundió el despacho de alcalde con una oficina de organizar conciertos: su obra estrella fue traernos al cantante español Django para el aniversario regional y para cantar a dúo con él. Para este año, sueña con Ricardo Montaner, según nos confesó. Mientras tanto, las calles y el ornato de la ciudad son un desastre. Zanjas interminables, hoyos en el asfalto y desbordados por la basura. Y eso que todavía no ha llovido torrencialmente.

El hedor en las esquinas era tan nauseabundo que por fin el funcionario pareció despertar de su letargo. Quiso anotarse un punto a su favor mandando a comprar nuevos carros basureros. Muy difícil había sido darse cuenta de la situación. Sin duda, una obra de envergadura que había que celebrar por lo alto, con banda de músicos, invitados especiales y desfile de los motorizados por la plaza principal. Para que la gente se admire de lo progresistas que son nuestras autoridades. Bombo, mixtura y petardos. Y los trabajadores de EMSA posando pletóricos delante de sus máquinas. 


Pero hete aquí el detalle pintoresco, grotesco y pueril hasta la náusea. Nuestro alcalde tuvo la feliz ocurrencia de bautizar a los camiones con su apodo personal: “Cholango 01”, así hasta llegar al 24. Como si fueran de su propiedad. Por si acaso hizo también estampar su nombre: Edwin Castellanos. Como los ganaderos que marcan a hierro caliente sus iniciales en la grupa de sus reses. Acaso queriendo competir con la figura del añorado “Alcalde Topadora”, un nonagenario que todavía vive y recordado por haber modernizado la ciudad.  A don Humberto Coronel Rivas, el pueblo agradecido lo bautizó con ese título y él nunca tuvo el mal gusto de usarlo en su provecho. Al alcalde actual, Evo Morales le asignó el mote en un momento de chanza, y el edil, orgulloso cual hubiese recibido un don, parece agradecérselo cada vez que puede. Resulta cansino oír la propaganda municipal con el  “gracias Cholango” pronunciado por niños más felices que las perdices. 

Hay artistas y artistas. En estos tiempos de relativismo cultural y corrección política, hasta la nena es una artista, tal como cantaba el empalagoso dúo Pimpinela. Nuestro alcalde podrá  ser uno de ellos, no soy quien para negarle el mérito. Pero, para refregarnos su jeta simpática en cualquier obra de bagatela y estampar etiquetas a lo “propiedad de Bart Simpson” sí que es un artista. Feliz estoy de ser cochabambino (Cortesía de nuestro alcalde, que toca el acordeón).

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Fotografías: diarios Opinión y Los Tiempos.
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