27 octubre, 2011

6 “El árbol de la vida” o la mejor receta para el insomnio


Hace más de diez años atrás cuando vi por primera vez, “La delgada línea roja”, no tenía ni la más remota idea de quién era Terrence Malick. A pesar de sus agotadoras tres horas y lento transcurrir de la trama, sin saber mucho acerca del cine alternativo o de autor, sin embargo la disfruté plenamente. Su intenso lirismo, sus imágenes evocadoras, su profundo mensaje antibélico y sobre todo su trasfondo filosófico hacen de esta película una singular obra de arte, aunque no goce de la preferencia de muchos. Cada cierto tiempo la vuelvo a ver, porque es inevitable no abandonarse a su sinfonía de imágenes.
Muchos años después, este cineasta ermitaño como él solo, siempre jugando con la paciencia de sus incondicionales, nos trajo su particular visión del desembarco de los europeos en tierras norteamericanas en los albores de la conquista. “El Nuevo Mundo” como llamó a esta propuesta, se recrea en la archiconocida historia de Pocahontas y los ingleses. Una vez más, asistimos a un banquete de imágenes bucólicas, dotando a la naturaleza el protagonismo a través de trinos, murmullos del agua y chirridos del follaje al pasar el viento. Los protagonistas humanos apenas hablan a través del silencio o en su defecto por medio de susurros y ademanes.  En resumen, puras imágenes que invitan a la contemplación estática. Bellas secuencias que sin embargo no transmiten casi nada, salvo un mensaje ecologista y al final algo de aburrimiento por el ritmo cansino. National Geographic me ofrece también imágenes poéticas de la naturaleza y nunca me aburro. En conclusión, sólo me quedó la sensación de haberse aplicado la misma fórmula de “La delgada línea roja”, pero trasladada a otra época y poco más.
Este año, a raíz de la intensa expectativa que generó su nueva “criatura” cinematográfica, yo también me apunté a la larga cola para ver “El árbol de la vida”. Como desgraciadamente la película no llegó a las salas de cine de mi país, tuve que apretar los puños hasta que apareciera por vía del Dvd.  Deberíamos dar gracias a la cara de Brad Pitt y su reclamo publicitario, de lo contrario, jamás los piratas hubieran puesto interés con la distribución de esta película.
Nada más ver la tapa, el cinéfilo desprevenido se puede llevar un chasco, creyendo que verá un duelo actoral entre Pitt y el notable Sean Penn. Pero con Malick, todo se puede esperar, hasta el anecdótico ninguneo que hace de muchas estrellas famosas,  como sucedió en La delgada línea roja. Cuesta entender el rapiñeo humillante de algunos famosos por aparecer en sus filmes. Después de verlos queda la sensación de que hacen el ridículo desternillante.
Afecto como soy a las películas de época, y sabiendo del tic perfeccionista de Malick, abrigaba la posibilidad de una lección de cine puro. Una vez más,  me acomodé en mi butaca particular, a sabiendas de que sería una película difícil y lenta, por tal motivo, la vi a plena luz del día, con la mente despierta y el cuerpo reposado.  A pesar de mi juventud, mi paciencia fue pronto derrotada.
Prácticamente apenas recuerdo algo del primer visionado, salvo el comienzo avasallador con imágenes de la creación del universo, la nebulosa de la Cabeza de Caballo y los astros que tiritan azules a lo lejos, decía Neruda. De repente, las escenas de una típica familia del sur de Estados Unidos, en un barrio de clase media, viviendo un idilio casi exasperante, envuelto por los inagotables trinos de las aves. Vamos, ni en los bosques he escuchado tantos efectos sonoros. De lo demás ni me acordaba.
A la segunda oportunidad, descubrí sorprendido un plesiosaurio varado en la playa, luego otros dinosaurios paseando a través de riachuelos, volcanes en plena erupción, etc. (señales inequívocas de que me había dormido aunque sea a puñados durante el primer visionado). Por fin, tal  explosión de imágenes del universo primigenio se detiene en seco, gracias a Dios. No creo que sea difícil entender a la primera. Algunos, exageradamente  pretenden comparar estas secuencias cósmicas con las maravillosas elipsis espacio-tiempo que nos regala Kubrick en “Odisea 2001”. Nada más lejos, ni por asomo Malick se acerca al genio de Kubrick, a menos que invente la máquina del tiempo.
Luego de ese ejercicio arrollador de cosmogonía, nos adentramos en el relato íntimo de aquella familia sureña, presidida por un patriarca estricto, a momentos violento y amoroso padre, cuyo férreo estilo de conducir la vida de sus hijos pequeños encuentra oposición en la dulzura y fragilidad de una madre con aires de musa renacentista, cuyo único papel parece reservado a los idílicos paseos de la mano de sus hijos y juegos en el jardín, mientras los pajarillos cantan, los perros vagabundean y el césped sabe a hierba recién cortada. Y el bueno de Sean Penn, ¿qué papel hace, salvo de servir de gancho publicitario? No me extrañaría que hubiese salido cabreado del asunto.
Ciertamente,  no esperábamos una narración lineal de la historia, porque ya estamos acostumbrados a los flashbacks y uso de elipsis en los que Malick no es el único. Entre la recreación de los mitos como el de Caín y Abel y luego el edípico, el mareo por la constante traslación entre el presente y el futuro, sin embargo la historia no conduce a ningún puerto, como si quisiera que cada espectador hiciera una lectura de la misma. Eso en términos artísticos es hacer trampa, salirse por la tangente. Él parece más convencido de que explicar, le resta profundidad a la historia. Y esos continuos pantallazos en negro, dan la impresión de una historia inconexa y caótica, sin hilo conductor. Y eso aburre un montón. Uno se pregunta que si esta obra hubiera sido firmada por un novato, ¿le hubieran colgado la etiqueta de obra maestra?
O uno puede hacerse a la idea de que Malick está enfermo de sí mismo, de su hermetismo artístico, de su aura de incomprendido, que le provoca jugar con la buena fe de los espectadores. Seguramente no faltará gente que le aplaudirá a rabiar. Yo por el momento, considerando que no he visto sus dos primeras obras, sólo me quedo con la tercera. Las dos últimas me parecen un ejercicio presuntuoso de onanismo filosófico, a pesar de toda la imaginería poética de la que hace gala.
O quizá me hace falta mucho cine que ver, o que las canas colonicen mi tejado. Eso sí,  no he encontrado mejor receta para mi insomnio que estas cápsulas de su cine, sin efectos secundarios. Y eso es de agradecer.

22 octubre, 2011

8 Internet en Bolivia, la gran estafa


No sólo en fútbol y política estamos a la cola de Sudamérica, en materia de comunicaciones lo que en otras partes del mundo va en camino de reemplazarse,  aquí lo promocionamos como el último grito en tecnología. “3.5 G no es lo mismo que 4G”, dicen sus lúcidos profetas y promotores, pero al final a quién le importa meterse en hondas explicaciones sobre sus características, porque hecha la instalación respectiva, la diferencia de velocidad entre una y otra es tan insignificante que el beneficio no se siente,  salvo la sensación de una vulgar estafa que pesa como un plomo en el bolsillo de los consumidores.
En Europa y aún en los países vecinos ya están a años luz de aquella reliquia tecnológica conocida como dial up. Acá, los proveedores tienen el descaro de seguir vendiendo sus tarjetas prepago, y tan caras que una hora de navegación cuesta casi un dólar.  Establecida la conexión, lo que en teoría debería dar una velocidad de 56 Kbps, no llega ni a los 40,  ejercicio tan frustrante que apenas se puede cargar la cuenta del correo luego de varios minutos y de paso sufrir el constante corte de la línea telefónica servidora.
No es que no tengamos proveedores o haya monopolio: entre la proveedora estatal y las privadas tenemos por lo menos 5 empresas dedicadas al rubro. Efectivamente,  la banda ancha, tanto en Adsl como inalámbrica ha traspasado las inhóspitas montañas y los calurosos llanos bolivianos,  pero a qué precio, tanto que sólo los más ricos o las grandes empresas se pueden costear. Así no es extraño que la penetración de internet no llegue ni al 10 % de la población boliviana.
Leyendo una publicación de Pando Networks, países relativamente pobres como Rumania, Bulgaria o Lituania están entre las 10 naciones con mejor banda ancha, por encima de los países desarrollados excepto Corea del Sur y Japón. De esto podríamos deducir que el asunto de la economía de un país no es motivo suficiente para tal atraso tecnológico. Una y otra vez,  los directivos de las empresas nacionales argumentan que los servicios tienen que alquilarse a su vez de otros grandes proveedores internacionales o que no tenemos satélites propios, ¿en verdad es menester que cada país tenga su satélite para tener una conexión de internet decente? ¿de qué sirve tener una red de fibra óptica, instalada hace pocos años?

Hablemos de precios: Viviendo en España (hace dos años atrás), pude comprobar que su velocidad es baja comparada con otros países de la región, aún así la banda ancha es relativamente económica con precios que oscilan entre los 10 y 40 euros mensuales dependiendo de la velocidad,  que va desde 1Mbps. hasta los 20 Mbps. o más. Es evidente que en la práctica,  tales cotas no se cumplen, lo que  provoca no poca indignación en los consumidores, pero comparado con lo que pasa en Bolivia,   aquí es insultantemente caro y lento. Uno podría admitir que cobrasen precios similares,  por aquello de que la tecnología se cotiza a los precios internacionales y demás retórica mercantilista. Pero no, aunque parezca insólito, surrealista o inverosímil,  en Bolivia nos sacan los dos ojos de la cara. Veamos:
La velocidad mínima que ofrece cualquier empresa es de 128 Kbps, (en teoría dos veces más veloz que el dial up)  cuyo precio más barato es de 98 Bs (¡14 dólares!)  y así sucesivamente,  los precios van aumentando a medida que sube la velocidad del ancho de banda. Si hablamos de lo que en otros países se considera velocidad mínima,  es decir 1 Mbps, acá es la “gran maravilla” tecnológica y cuesta la friolera de ¡100 dólares por mes! mínimamente.  Poca cosa,  considerando que el salario promedio apenas alcanza a los 200 $us y poco más. Por ahí he escuchado alguna publicidad engañosa que habla de “super banda ancha  o velocidad Turbo”, referida a aquella que llega a 4 Mbps como máximo, ¡vaya qué tremenda tecnología! Si en el resto del mundo ya se ha pasado de los 40 Mbps o más, ¿entonces si la tuviéramos por estos lares,  la catalogaríamos como velocidad divina, demoniaca o infinita?
No estoy muy al tanto de los precios y servicios en los países vecinos, pero podría asegurar que tenemos las tarifas más caras de la región e incluso del mundo. Y de la calidad del servicio, sería penoso hablar. Así que, para poder atender este blog me veo arrinconado a hacerlo desde un cibercafé, que es lo más económico,  aprovechando el máximo posible de tiempo, aunque muchas veces me tengo que aguantar el ruido vecino, la falta de privacidad o la música a todo volumen del dependiente y no pocas veces los cortes imprevistos del servidor de red. Entonces  me perdonarán, que algunas veces no pueda atender rápidamente a los comentarios o intercambios de información. Dicen que nuestro gobierno ha encargado la construcción de un satélite de comunicaciones al gobierno chino, pero mi natural escepticismo no me permite aventurar a que vaya a ser la panacea contra nuestra lentitud cultural y tecnológica. Entretanto,  ¡que viva la tecnología del humo!

18 octubre, 2011

6 Las “inéditas” e “históricas” elecciones judiciales en Bolivia


“Estamos haciendo historia” rezan las gigantografías multicoloridas que todavía se pueden ver en las calles de las principales ciudades bolivianas, llamando a la población para que votara este 16 de octubre, como inevitablemente sucedió.
El gobierno de Evo Morales, gran “inventor” e impulsor de esta nueva modalidad para elegir a las autoridades judiciales, se vanagloriaba a los cuatro vientos de que “Bolivia estaba dando una lección al mundo” (quizá los ecos hayan llegado a los oídos de una civilización extraterrestre y estén tomando nota).
Resultaba curioso que desde el más insignificante “soldado” del Proceso de Cambio (como les gusta autodenominarse a sus seguidores) hasta el ministro más solemne y encopetado repitieran en sus entrevistas y discursos televisivos las dos palabrejas  estrellas de la campaña: inéditas e históricas.
¿Inéditas? ¿desde cuándo? Hace algunos días alcancé a escuchar al ex Vicepresidente Víctor H. Cárdenas, reputado intelectual aymara y que es tanto o más indígena que Morales (y que a diferencia de éste, habla perfectamente aymara, quechua y guaraní)  que años atrás,  se llevó a cabo un experimento similar en Francia, sin resultados satisfactorios por lo que fue desechado definitivamente. ¿Pero a quién le importan las palabras de un “cadáver” político defenestrado hasta el ensañamiento por el régimen masista?
Evo y sus lúcidos ideólogos del MAS (Movimiento al Socialismo), pretendieron hacernos creer a todos los bolivianos que esa vieja práctica de nombrar a los magistrados había terminado. En palabras del presidente: “Antes a los jueces, los elegían 157 congresistas, mediante el “cuoteo” de los partidos neoliberales para beneficiarse a sí mismos, etc.  Ahora eso ha cambiado, será el pueblo quien elija a los nuevos magistrados mediante el voto directo”. ¡Salud!, un poco más y la retórica y el lirismo al poder.
Lo que no dijeron al resto del mundo,  fue que ese proceso de selección no lo iba a administrar un comité mínimamente neutral de profesionales competentes y meritorios, sino una comisión presidida por congresistas del partido de gobierno, el cual  se encargó de depurar a los candidatos con mayor prestigio laboral, intelectual y académico, con la excusa de que eran “neoliberales y funcionales a los anteriores gobiernos”. Del embrollo  se extrajo una lista final de 115 postulantes, entre ellos muchos sospechosos de ser simpatizantes del partido gubernamental (la ley de convocatoria prohibía cualquier afinidad política). El proceso fue por lo demás bochornoso y plagado de irregularidades, como el no revisar a fondo los méritos, la suficiente edad mínima,  y el poco tiempo para el trámite. Resultado: candidatos desconocidos, algunos con 30 años de edad y algo más, y escasa experiencia laboral. Ninguno tenía producción intelectual.  Alguno  había sido funcionario judicial de relevancia como el ser oficial de diligencias (cualquier abogado junior puede serlo). Muchos candidatos, esgrimían como méritos el ejercicio libre de la profesión por 10 años y poco más, algunos habían sido asesores jurídicos de organizaciones sociales, pequeños municipios, sindicatos obreros y otros organismos controlados por el masismo y afines, ¡qué casualidad!
¿Por qué somos tan estrictos o exigentes?, se preguntará alguien. No soy abogado, pero me doy cuenta como todos, que el proceso implicaba la elección de máximas autoridades del Poder Judicial, no simples jueces de Juzgados de Materia, como pareciera sugerir los perfiles profesionales de los postulantes. La Corte Suprema de EEUU. y del resto de los países desarrollados, incluida la del Tribunal Internacional de La Haya, constan de ciudadanos de avanzada edad, trayectoria vasta y reconocido prestigio. ¿Y nosotros, que no somos una nación consolidada, pretendemos dar una lección al viejo mundo, nombrando a magistrados sin experiencia?
Así, ¿qué íbamos a elegir?  ¿pretender legitimar mediante el voto,  la selección previa que hicieron los parlamentarios del Gobierno, similar a las prácticas del régimen cubano? ¿Cuál es la diferencia cualitativa o sustancial entre elegir por cuoteo de los gobiernos anteriores y la elección arbitraria de un partido hegemónico, ninguneando a la oposición?
A pesar de toda la campaña mediática para darle aires de democracia, el proceso se transformó en una farsa maquiavélica desde el principio. Lo peor de todo es que se gastó inútilmente mucho dinero, que suena a insulto en una nación empobrecida. ¿Para qué? ¿para ser el hazmerreír del resto del mundo?
El pueblo no es tonto, lo hizo saber mediante el voto: Con  más del 80% del cómputo de votos (el resultado final se sabrá en dos semanas), se impuso el voto nulo  en casi todo el país. Sumándole los votos en blanco,  en algunas regiones alcanzó al 70%. En resumen, entre votos nulos y blancos alcanzan al 60% en promedio y el conjunto de votos válidos se queda con el 40%. De este porcentaje de votos válidos, el mismo se dispersa entre todos los candidatos, de los cuales los más votados sobrepasan apenas el 10% en la mayoría de los casos.
Hasta el día de las elecciones, Evo Morales se convirtió en principal promotor del voto válido, llevando incluso al cuestionado presidente del Órgano Electoral a reuniones “explicativas” con sus bases cocaleras. Tan seguro de su inminente victoria, Morales se atrevió a vaticinar que ganaría con el 60 o 70 % de los votos. El domingo sucedió todo lo contrario. Su rostro preocupado y visiblemente molesto dijo más que la brevísima conferencia que ofreció a las pocas horas de haber terminado la jornada electoral. No reconoció la voluntad popular y sólo se limitó a destacar la asistencia ordenada y democrática de la gente a las urnas. Como corolario, su gobierno atribuye el resultado a la falta de información y al sabotaje de los opositores. Curiosamente, el voto nulo fue contundente en las principales ciudades, y al revés,  el voto válido es mayor en las áreas rurales donde se supone que tienen mucho menos acceso a la información. El mensaje del electorado fue claro: Rechazo a la soberbia y autoritarismo del régimen.
En algo, Evo Morales tiene toda la razón, estas elecciones hicieron historia: Por primera vez, él fue derrotado por la voluntad popular en las urnas y eso no puede negarlo.
Desgraciadamente para los destinos de este país, los magistrados “elegidos” serán posesionados contra viento y marea (porque legalmente los votos nulos y blancos no valen), a pesar del manto vergonzoso de ilegitimidad.  Ellos seguramente impulsarán leyes dignas de ser imitadas en todo el universo. Entretanto, a los bolivianos, que La Fuerza nos acompañe.
Más información:
-Voto nulo alcanzó histórico porcentaje en elecciones bolivianas
-Para el oficialismo, el voto nulo no afecta al Gobierno

-Evo Morales sufre duro revés político en elecciones judiciales en Bolivia

-Elecciones Judiciales 2011. Cada magistrado electo le costará a Bolivia más de Bs 1.7 millones

-El evismo revocado.

-Página oficial del Órgano Electoral de Bolivia 

 

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