08 febrero, 2011

14 Ambrose Bierce, el amargo irremediable

Alguna vez confesé en un artículo mi debilidad por el humor negro, privilegio de muy pocos escritores porque es harto complicado tejer o urdir historias que reúnan como ingrediente principal el sarcasmo y la crueldad y lo que es absolutamente necesario hacerlo con dosis apropiadas para no incurrir en el exceso o la superficialidad.Fueron ‘humoristas negros’ notables; Francisco de Quevedo, Jonathan Swift, Chamfort, incluso el mismísimo Dante cuya frase ‘lasciate ogni speranza voi che entrate’, resume esa cualidad.  Pero para algunos especialistas, el más lúcido de todos, inclasificable y cruel por su negrura fue el norteamericano  Bierce

Nacido en Ohio, en el seno de una familia estricta de calvinistas humildes y por demás numerosa (fue el décimo hijo). Las condiciones en las que se crió -hacinamiento, pobreza, aislamiento, educación deficiente-, así como la obligatoria lectura de la biblia, alimentaron en él desde edad temprana un odio férreo hacia las religiones, hacia los suyos y hacia la humanidad en general, tanto así que definió a su casa como ‘Home, bitter home’ (Hogar, amargo hogar).

Participó en la guerra civil norteamericana, donde el espectáculo terrible de ver matarse unos a otros intensificó su visión agria y desmoralizada de la humanidad. Se dice que ejerció varios oficios para ganarse la vida; obrero, mozo de cantina, dibujante y posteriormente como articulista de varios periódicos, circunstancia que le permitió elaborar y publicar sus primeros escritos literarios. Poco a poco fue consolidándose como escritor, llegando a ser tan reconocido como Edgar Poe otro escritor maldito, pero a diferencia de éste, la posteridad terminó prácticamente por sepultarlo en el olvido.

Bierce, demuestra a través de sus escritos, sobre todo en relatos cortos y cartas, una predilección casi enfermiza por lo macabro y lo violento de la naturaleza humana. Como una forma de exorcizar sus demonios personales, volcó su misantropía en sendos relatos que incluyen entre otros temas el parricidio literario, la misoginia y la mezquindad humana, sazonándolos con un humorismo feroz y malsano, recreándose con satisfacción sañera de quien hurga una llaga pero provisto de mucha elegancia y pericia literaria. He aquí algunas de sus delirantes definiciones, extraídas de su obra más importante, el ‘Diccionario del diablo’:

Aborígenes, s. Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.
Año, s. Período de trescientos sesenta y cinco desengaños.
Espalda, s. Parte del cuerpo de un amigo que uno tiene el privilegio de contemplar en la adversidad
Historiador, s. Chismoso de trocha ancha.
Macho, s. Miembro del sexo insignificante. El macho de la especie humana es generalmente conocido (por la mujer) como Simple Hombre. El género tiene dos variedades: buenos proveedores y malos proveedores.
Médico, s. Alguien a quien lanzamos nuestras súplicas cuando estamos enfermos, y nuestros perros cuando nos hemos curado.
Optimismo, s. Doctrina o creencia de que todo es hermoso, inclusive lo que es feo; todo es bueno, especialmente lo malo; y todo está bien dentro de lo que está mal.

El divorcio de su mujer y posteriormente la muerte de sus dos hijos varones  en circunstancias turbulentas, terminaron por apesadumbrarlo  y acentuar su mal carácter. En los albores de la vejez se cuenta que cruzó la frontera mexicana para unirse a la revolución de Pancho Villa, donde desapareció para siempre sin dejar rastro.  Se dice que había exclamado tiempo atrás, como presintiendo su legendario final; ‘¿Desaparecer en una guerra civil?, ¡eso es eutanasia!’ 

Por demás, decir que ardo en deseos de poder ver esa película ‘Gringo viejo’ donde Gregory Peck lo encarna según he leído,  soberbiamente.

04 febrero, 2011

0 Si esto es cine, me quiero morir


imagen onírica de la pelicula
Ya van varios años que los académicos del festival de cine más prestigioso del mundo, dan muestras elocuentes de su sapiencia o ‘modernidad’ al conceder los premios. Para no meternos en honduras, hablemos de la categoría de mayor peso, la Palma Dorada. En mi corta edad cinéfila, debido a la inaccesibilidad a filmes sobre todo de procedencia europea o asiática que padecemos los latinoamericanos encerrados entre montañas  y otros plurinacionales del Tercer Mundo, poco pude disfrutar de títulos premiados en Cannes. Me vienen a la mente películas magnificas como ‘Orfeo negro’, ‘El árbol de los zuecos’, ‘El tambor de hojalata’, ’El gatopardo’, ‘Taxi driver’, todas ellas producidas antes de que naciera, sin embargo en cuanto pude visionarlas, en ningún momento me parecieron rancias, anacrónicas o aburridas para mi edad.
Creíamos algunos ingenuos o nos hicieron creer que el cine se había inventado para evadirnos de la realidad, tal vez para vivir  en una especie de encanto que duraba una o dos horas, o quizá para olvidar que estamos solos, cada uno en su laberinto pero al final solos. Pero la realidad siempre supera a la fantasía, el tedio amenaza invadirnos y somos abofeteados por esa infamante condición realista los que caemos en la trampa de ‘premiado en Cannes’, por la mano de un verdugo llamado cine de autor, parido con tintes de arte o pretenciosa intelectualidad.
Decía que el festival francés, paulatinamente se convierte en un concilio de megalómanos con cierto tic nervioso o predisposición para premiar a los trabajos más crípticos, exóticos o extravagantes que anoticiados de esta ventaja pululan sus salas. Recientes títulos a los que pude acceder y concretamente: ‘Sexo, mentiras y cintas de video’, ‘Corazon salvaje’, ‘Elephant’, -curiosamente todas pertenecientes a directores catalogados o señalados como ‘raros’ (Soderbergh, David Lynch, Gus van Sant)- son películas rescatables, pero en ningún caso pueden compararse con la magnificencia de las señaladas líneas arriba, lo cual da mucho que pensar acerca del giro de timón que ha venido dando la academia francesa. Entre algunos aciertos y otros desatinos quedaba algo de esperanza. O eso creía.
Hasta que me topé con la elegida del 2010, una película que comenzando por el título, suena extraña; “el tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas” que para poder venderla, sus fantásticos promotores le han estampado a tamaño gigantesco el cebo del logotipo de la palma (al menos para la versión latinoamericana). Caí redondito, no por ingenuo, sino por conceder el beneficio de la duda.
Adentrándonos en el film, a los pocos minutos se torna indigerible y soporífera, con tomas que rozan la invitación para una siesta acompañada de grillos. Y surgen las primeras interrogantes: ¿Qué tiene de lirico, el aburrimiento de un búfalo extraviado en medio del bosque? ¿o las largas tomas de la noche, tan oscuras como su argumento?  ¿o unas caminatas largas a paso cansino de sus protagonistas? A pesar de los cabezazos que pegué, me obligué con su visionado tal cual el protagonista de la ‘Naranja mecánica’. La falta de un hilo narrativo, los constantes cortes y alternancias entre la realidad y el mundo fantasmagórico acaban por apabullar al espectador más paciente y concienzudo. Comprendo la parquedad de diálogo o de expresión de algunas culturas del sudeste asiático, pero ¿por qué tenemos que padecer azotes de largos silencios?
Y el súmmum del delirio del director, la escena junto a la cascada de agua entre una princesa y una criatura acuática, sin duda tan onírica que ni al mismísimo Breton y su corte de surrealistas se les hubiera ocurrido. Pensé que una conocidísima expresión popular española era sólo un invento literario, hay que ser capullo.
Y no me acuséis de ignorancia cinéfila o intolerancia cultural al no dar crédito a esta cinta infumable, he degustado cine tan lírico como ‘Paris, Texas’ de Wim Wenders, ‘Dersu Uzala’ y ‘Rapsodia en agosto’ ambas de Kurosawa, o cine tan onírico o surrealista  como ‘Dead man’,  ‘Santa Sangre’ de Jodorowsky  o ‘Terciopelo azul’ de Lynch. No tengo muchos conocimientos cinematográficos, pero al igual que en el mundo del fútbol, no necesitamos de conocimientos profundos de dirección técnica para darnos cuenta de dónde se ‘juega’ o cuece el mejor cine.
Y entre tanta risa o sensiblería de cine palomitero o ejercicios metafísicos de cine de autor,  hay un lugar para esta mancha del cine, de cuyo nombre no quiero acordarme, ni el nombre impronunciable de su director, menudo colofón.
Recomendada para fumados pasados de rosca, intelectuales relamidos y creyentes del ‘cuento del tío’.

01 febrero, 2011

0 Palíndromos futboleros



Nada Maradona, no da ramadán.



Arda la FIFA, no da ramadan,¡epa!...pena da Maradona, FIFA ladra.

SEAT sí, tráele. Pelé artista es.

O vi, dele pelota, oí negro por genio, atole Pelé divo. 

O gol o Eto’o teólogo.

Eva usó tarta -diva- Xavi da trato suave.

Liga: Ozil se dopó, ¿desliz o ágil?

No dar gol ama Casillas, allí saca...¿malogra don?

Sal lisa cata Casillas.
A pesar adórnate fatuo Mou, tafetán rodarás, ¡epa!
(para José Mourinho)
La Miss emocionar a paranoico Messi, mal.

Sed la valla segura, ruges allá Valdés.


Oso ni mulo vi, ni tal Platiní voluminoso.

Oído: odre cogí, Figo "cerdo" odió.
(Guiño al famoso incidente del cochinillo en el Camp Nou)


O Cocú se depile, Felipe de su coco.

A tutsi, tábano dona Batistuta.

Saludan a tal zar, a Zlatan adulas.

AS oí: famosa pasota la FIFA, latosa pasó mafiosa.

Se logró por gol, eso Colo Colo -Jabulani, final, “U” bajó- loco, loco,  se logró por goles.
(Sueño imposible de un hincha del equipo del Cacique)

La “ere” luce culé, ¿Real?

Logro da el ogro por goleador, ¡gol!

Logré; temo no meter gol.
(fantasma perseguidor de un goleador)
El as: azar, raza, sale.
(a Pelé, Di Stéfano, Cruyff, Maradona, Zidane, etc)
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