11 mayo, 2011

0 ‘Delicatessen’, ese raro cine con sabor francés

Si algo tiene el cine europeo es esa capacidad de sorprender, de reinventarse a sí mismo, de crear nuevos mundos, nuevas posibilidades, explorando una y otra vez esa faceta vanguardista que le ha caracterizado siempre. Y especialmente el cine galo es por antonomasia uno de los que abanderan esa iniciativa, consolidado quien sabe por años de tradición cinematográfica.


Jean Pierre Jeunet, quizá más conocido por ser el director de la colorida y optimista ‘Amelie’ es sin embargo un cineasta peculiar, salvo el filme anterior, su preocupación artística refleja una obsesión por recrear mundos imaginarios, distópicos (‘La Ciudad de los niños perdidos’), de pesadilla permanente, donde el pesimismo y la penumbra lo inundan todo, pero dotándole de una estética provista de cierta luminosidad muy distinta de aquel cine de tono grisáceo y opresivo de otros cineastas.


Es Delicatessen (1991),dirigida junto a Marco Caro, una especie de homenaje a los relatos de humor negro de Jonathan Swift, una visión sarcástica de la sociedad, donde una penumbra en tono sepia lo envuelve todo, una ciudad en ruinas, una comunidad de vecinos habitando un edificio viejo donde todo chirria y se cae a pedazos, viviendo en la zozobra permanente que acarrea el hambre. 


Regentando el edificio emerge la enorme figura de un carnicero que posee en los bajos una tienda donde acude el resto de los vecinos a recibir su ración de carne, resultado de la cacería de la noche anterior, tan habituados a tal delicatesen porque hasta las ratas han desaparecido.


Personajes extraños, esperpénticos viven en esta sociedad que se devora a sí misma: una pareja que se debate entre la necesidad y la posibilidad de deshacerse de la abuela, la hija del carnicero que detesta a su padre, casi ciega como un topo, viviendo su pesadilla particular en la buhardilla del edificio. Un artista de circo venido a menos y recién llegado e ignorante de las intenciones reales de los otros. Un viejo chalado que se alimenta sólo de caracoles que cría él mismo en los sótanos y cuyas únicas amigas son unas ranas. Un cartero con traza de fascista que es el único vinculo con el mundo exterior.


Curiosamente los vegetarianos que quedan, viven desterrados en las alcantarillas y son llamados trogloditas o las ratas de la sociedad, librando una suerte de guerra silenciosa por el grano -que tiene la valía del oro- con el mundo de arriba.


Aunque la película cojea algo en el argumento, sobre todo la parte final, donde no se sabe a ciencia cierta qué es lo que se propone, es sin embargo un deleite visual por su rara atmósfera, su estética a la vez pesimista y colorida, sus diálogos que destilan mucha ironía, su violencia contenida y cierto erotismo subyacente. Todo finamente acompasado por una banda sonora indescriptible, sobre todo el tema que cierra los créditos, una verdadera delicia para los oídos.

06 mayo, 2011

0 Aforismos: perro que ladra…


  • El amor no existe, es sólo una forma elegante de conseguir sexo.
  • A pesar de todos los románticos y los optimistas sin remedio, ya estamos solos en este mundo, al casarnos sólo acordamos hacernos compañía.
  • La poesía no conduce a nada, es lo absurdo de la vida explicado de forma bella.
  • Un palíndromo es una palabra o frase sometida al psicoanálisis.
  • Una boda es el mejor pretexto para reunir a los viejos amigos y el principio para decirles adiós.
  • El noviazgo es una piedra lanzada al aire, el matrimonio la misma piedra que te cae en la cabeza.
  •  
  • La curiosidad del hombre por los secretos del universo sólo ha conducido a la creación de más religiones, la creencia en pociones mágicas y el interés desmedido por la vida ajena.
  • No hay nada original en este mundo, a pesar de los mismos charlatanes y embaucadores, la historia nos recuerda que sólo se actualiza la estupidez.
  • Alguien decía que el futbol era la única alegría para los millones de empobrecidos y jodidos de este mundo. Y claro,  la auténtica alegría de los bolsillos resonantes de algunos listillos del jodido mundo.
  • El gol se inventó para incluir en el juego a los negados para la pelota y para hacer notar que el tercer poste tiene vida.
  • Alguien me ha preguntado en qué animal me reencarnaría si pudiera. Para salir del paso siempre contesté; en “alguno grande y fiero”. Pero después de meditarlo, hoy más viejo respondo; “cualquiera, ni tan pequeño que la lluvia me arrastre, ni tan grande o vistoso que el hombre me note”.
  • Una amiga germana se quejaba del excesivo trabajo de los alemanes, en Bolivia nos quejamos de la falta de trabajo, como no hay trabajo entonces nos refugiamos en un perpetuo carnaval y la Unesco, solidaria ha premiado nuestro esfuerzo.
  • El pueblo boliviano es el más difícil y contradictorio del mundo, necio y terco como una cabra, supersticioso hasta asegurar que las piedras tienen alma. Holgazán como ninguno en suelo propio y laborioso hasta la sumisión en tierras extranjeras. Y más aun,  el país está lleno de sociólogos que se preguntan por qué es el más atrasado de Latinoamérica.

Extra: Una modesta proposición de un discípulo de Swift
El municipio local haría bien en efectuar una poda sistemática de un brazo de todos los mendigos, ya que estos necesitan un solo miembro para sustentarse y ciertamente obtendrían mejores ingresos al inspirar mayor conmiseración en el prójimo, aliviando por otro lado a éste del peso excesivo de sus bolsillos. Extiéndase esta proposición al Parlamento Nacional, ya que como habrá podido advertir el lector, mejor dicho el televidente, los parlamentarios sólo necesitan una mano para ganarse la jugosa dieta mensual. Eso sí, a mutilar los árboles de calles y parques en cada invierno, mejor no gastar ideas ni recursos, dejarlos crecer libremente.

02 mayo, 2011

0 El día que se imponga la filosofía de Mou, apagaré mi televisor

Un año atrás, a estas alturas de la temporada liguera española, un correcto señor, de profesión ingeniero, lograba sacar rendimiento a un Madrid bastante mermado comparado con la actual plantilla. Sin embargo, pese a mostrar algo de buen fútbol y  pisarle los talones al hegemónico Barça,  los directivos merengues, presionados por la prensa adicta y fieles a su tradición de nunca ser segundones porque es lo mismo que fracasar, despidieron ignominiosamente al reservado y reposado Manuel Pellegrini.

Hoy  con el equipo en la misma situación y con menos puntos en la tabla comparativa que la pasada gestión, extrañamente el entrenador sigue con viento favorable  a pesar de ordenar a sus pupilos ejercitar un futbol rácano y desprovisto de plasticidad, fundamentalmente en los enfrentamientos directos con la escuadra azulgrana.

Lo que es inaudito, no había visto al Barcelona ‘ganar’ un partido en Madrid sin haberlo ganado, como se acostumbra, a base de goles (el resultado fue un triste empate para la crónica). Aquel domingo de abril, el Madrid faltó el respeto a su afición, a su abolengo y a su larga y rica tradición.  Nunca se ha visto que equipos considerados ‘grandes’ hayan entrado a disputar un partido con la táctica y actitud de equipos de segunda línea, con el agravante imperdonable de ser locales.  No señor, nunca, al menos en América eso no sucede, si Boca o River procedieran así en sus estadios frente al clásico rival,  las hinchadas no se los perdonarían jamás.

Pero visto lo visto,  ¿Quién fue capaz de tamaña osadía, de embaucar a todo el Santiago Bernabéu y sin embargo salir todavía indemne y con la chulería de un chaval de secundaria?, ¿Qué pasó con la afición que se tragó semejante bodrio de juego; simplón y timorato, esperando el embate del rival, con el recurso de destruir juego a base de púas  y patadones para no ser goleados? Si la táctica funcionó, fue para las estadísticas, pero no para el resto del mundo, que asistió a un encuentro gris, donde moralmente ganó el Barca por todo lo alto y pudo haber goleado, si se lo hubiera propuesto.

Acaso la desesperación por lograr más títulos y acabar de una vez con la aplastante superioridad del conjunto barcelonés, ha movido a la junta madridista a contratar a un ilusionista del resultadismo y apóstol aventajado del rancio catenaccio, que incluso en tierras propias va probablemente en vías de extinción.  ¿Qué aporte ha hecho al mundo del futbol, salvo el de mediatizar el puesto de entrenador con la egolátrica excusa de quitar presión a los jugadores, como para ser considerado por muchos como el mejor entrenador del mundo?

¿Cómo se puede aceptar como credo la filosofía de un oscuro personaje cuyo método es llevar a la cancha la ideología maquiavelista del antifútbol, haciendo de la bravuconada su arma de asedio para desmoronar la fortaleza anímica del adversario, porque está claro que no puede hacerlo con deportividad?

Este showman disfrazado de entrenador, nunca se equivoca, sería debilidad el reconocerlo y recurre como mejor baza, a la excusa para justificar sus errores y desaciertos. La excusa decía alguien, es herramienta de los mediocres y de gente que no sabe perder o de aquellos que no tienen la suficiente gallardía para reconocer el éxito ajeno.

Y él sigue muy orondo, impecablemente trajeado con la apostura de un gentleman y la impostura de un gurú del césped, orgulloso de su tarjeta personal ‘entrenador de títulos, no de futbol’ (Cruyff, dixit). ¿Qué pasaría, si nuestros chavales-futbolistas y futboleros en ciernes-, adoptaran ese discurso exitista y  olvidaran tan pronto, que las formas y la corrección en juego no tienen cabida porque no ganan partidos, pero sí las arremetidas y el acoso malintencionado al rival en cancha y apoyándose en el juego psicológico de calentar el oído hasta desquiciar al contrario? Entre anécdotas, un amigo me pasaba el dato de que el fútbol era un ‘deporte de caballeros, practicado por animales’. Viendo jugar al madridista Pepe, respaldado por su mejor valedor, el chiste sabe tristemente a realidad.

Andando el tiempo, quien osara comparar esta filosofía de moral tacaña con la de equipos de renombre como el Liverpool de Shankly, el Ajax de Michels o el  Milan de Sacchi, incurrirá seguramente en la mera anécdota que conceden las cifras, porque aunque aumentara su exitoso palmarés a base de metálicos títulos, seguramente engrosarán las estadísticas de la FIFA, pero ganarse un sitio en los anales del fútbol, difícilmente.

Por el futuro del balompié, por todos los dioses del balón, por todas las tardes de domingo de tribunas colmadas, por los cánticos de la afición, por la borrachera espiritual que provocan los goles,  por la vida misma;  es indispensable educar a las nuevas generaciones para que esta filosofía no tenga más sitio que en las páginas del recuerdo, porque si el éxito del fútbol futuro,  se medirá por la táctica y los resultados exiguos y con el peligro de desterrar el ‘jogo bonito’ de las canchas,-porque seguramente lo bello es inútil e intranscendente, pero necesario-, entonces será hora de desconectarse, porque quién querrá ver un partido con los matices de un informativo.

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