10 octubre, 2013

8 Bolivia, un país narcotizado


Iruni, el "narcopueblo" recientemente descubierto (Foto: El Deber)

Se acaba de anunciar que el Gengis Khan tropical,  azote de los imperios y caudillo unificador de las seis tribus cocaleras del Chapare, se mandará a construir un hangar exclusivo para su caballo celestial cuyo presupuesto se estima en 8,5 millones de dólares, un precio bastante fabuloso tomando en cuenta que le pondrán techo de calamina al garaje de su aeronave que, comparando con el Boeing 747 de su archienemigo, Obama el Oscuro, resulta ser un mosquito. Visto así,  no se entiende en qué se invertirá tanto dinero, a menos que sus ingenieros plurinacionales estén planeando instalar simuladores de vuelo, equipos para navegación antirradar, sistemas de humo distraccionista con aroma a incienso y otras tecnologías secretas.

Mientras el rey de la coca se jacta constantemente de haber expulsado a la DEA por una cuestión soberanista y que, además, con esta acción, sus fuerzas antidrogas obtienen mejores resultados que la puñetera agencia norteamericana y todos sus helicópteros y otros aparatos de última generación juntos, nadie conoce con certeza el secreto de su éxito. Es hasta motivo de orgullo mostrar los paquetes enumerados de cocaína prensada con la postal de una feria de quesos holandesa. Cuánta propaganda se genera cuando muestran los operativos con grandes incautaciones. Por ahí, algunos aventuran que su staff de chamanes asesora con sus poderes especiales y demás artes adivinatorias para atrapar a los narcos en sus escondites como si fueran conejos.

Sin embargo, la realidad muestra otra cosa. Será más bien que el país ha abierto las puertas de par en par a todos los mercachifles y otros emprendedores. En el ambiente sopla un aire tan favorable que ya no individuos arriesgados se meten al negocio sino comunidades enteras (en un solo día, en un operativo se destruyeron más de un centenar de factorías en San Germán, localidad de Santa Cruz). Hay un convencimiento tácito de que son tiempos de Jauja, que hay que apurar, que la suerte está de tu lado mientras Evo y sus cocaleros estén en el poder. Sin gringos husmeando por ahí, bien vale hasta instalar las fábricas en el patio de un barrio periférico. Antes, todo el asunto de la elaboración estaba asociado indisolublemente a areas inaccesibles, fincas remotas y selvas próximas a los cocales. El “oro verde” le llamaban y todo el mundo sabía de qué se estaba hablando. Ahora tiene otros matices.

Hoy, el modus operandi ha sufrido una sustancial modificación. Ya resulta normal que la policía antidroga encuentre constantemente factorías recientemente abandonadas, a veces a toda prisa en los valles, en los pueblos, en las ciudades intermedias, lejos de las plantaciones de la materia prima. Nadie sabe cómo llega la coca a estos sitios tan poblados o será que su condición de hoja “sagrada” obra el milagro de volverla invisible.  Los fabricantes tienen hasta el atrevimiento de botar coca molida al borde de ríos y lagunas cercanas a las grandes ciudades como en una actitud de desafío. Ya sabemos que el Chapare es un pequeño estado dentro del estado, una zona roja con sus propias leyes y costumbres, donde circulan vehículos sin matrículas y se negocian los mismos a la vista de la policía. ¡Ay del agente que esté investigando por su cuenta!, corre el riesgo de ser linchado. Todo el mundo lo sabe. Donde mandan caciques cocaleros hay un siniestro código de silencio.

Así las cosas, a nadie extraña que las pozas y factorías ya forman parte del paisaje natural. Ya no queda ninguna región a salvo de esta actividad empresarial tan en boga; sin leyes, sin control, sin límites, sin respeto a la naturaleza, como mejor expresión del capitalismo salvaje y depredador que los gurúes del cambio combaten con discursos. Uno de los últimos acontecimientos fue enterarnos de que en pleno altiplano, cerca a la frontera chilena, en un pueblito mísero donde sólo crece la paja brava, todos los habitantes estaban dedicados a la fabricación, como constató la fuerza antinarcóticos al descubrir utensilios, moldes  y restos de precursores químicos desperdigados en prácticamente  todas las casas, habiéndose topado incluso con un hallazgo curioso de un enterramiento de una decena de armadillos junto a dólares y monedas a modo de ofrenda pagana. Eso sí, el pueblo era un villorrio fantasma, hasta los perros lo habían abandonado horas o días antes. Constituye una estampa surrealista que, en tiempos de fiesta patronal, se vean vehículos lujosos aparcados a la puerta de casuchas de caseríos abandonados a la suerte de dios.

Como no podía ser de otra manera, la tentación es tan grande y el negocio tan floreciente, que hasta autoridades y otros funcionarios han decidido participar del festín plenamente. Suena cómico, por no decir otra cosa que, mientras Evo Morales defiende en foros internacionales la santidad de su hoja milenaria; dentro de casa, sus propios correligionarios contradicen sus buenos deseos dedicándose al tráfico diabólico. Ya son demasiados los casos representativos que han manchado a su administración y a nadie parece importarle. Ni a la opinión pública internacional. Un narcogeneral de policía, narcoalcaldes, narcodirigentes y hasta un narcoamauta, el brujo andino que lo entronizó en una ceremonia colorida en las ruinas de Tiwanacu; sólo como una pequeña muestra de peces gordos. Por supuesto, incontables campesinos y cocaleros protegen a los narcos instalados en su territorio, o, en muchos casos, se han apresurado a cambiar de oficio. La prosperidad es tal que, en el valle cochabambino, brotan los chalets de arquitectura chicha como hongos. A pesar de que el desarrollo regional está estancado con respecto a los otros departamentos del país.

Las denuncias por este ilícito siguen llegando constantemente. Los carteles extranjeros hace tiempo que ya se han instalado en Santa Cruz y alrededores y, con ellos, sus temibles sicarios que antes acaso veíamos en telenovelas. El país ofrece una imagen de zona franca, como un inmenso shopping donde la gran transnacional de la muerte puede surtirse de mercadería. Menos de un mes atrás, se interceptó un alijo de más de un millón de dólares que dejaron caer desde una avioneta procedente del Paraguay, destinados al pago de proveedores locales, habiéndose detenido a algunos emisarios.  Las últimas semanas, dos diputados oficialistas fueron involucrados por tener nexos de amistad con un ciudadano libanés, apresado recientemente cuando intentaba camuflar droga en un cargamento de equipo industrial a un país africano. Lo anecdótico del caso es que el narco libanés hacía campaña por el partido desde 2005, y se paseaba por todo el territorio nacional como Pedro por su casa, pues tenía un par de pases concedidos por la Cámara de Diputados para circular con toda libertad y preferencia. Es más, estos dos diputados hasta habían recomendado su nombramiento como cónsul honorario en alguna delegación en el extranjero, según dicen ellos, a consecuencia de que el presidente Morales había solicitado que propongan nombres con conocimientos de varios idiomas. Entretanto, la directiva camaral anterior y la actual se acusan mutuamente de haber concedido los permisos. Los diputados señalados siguen muy panchos ocupando sus curules, claro está.

Y para finalizar, un par de días atrás, el director de la Dirección General de la Hoja de Coca e Industrialización (Digcoin) fue aprehendido por desviar coca incautada, efectuar cobros irregulares y otras acusaciones inherentes a su cargo y, para terminar de hundirlo, el sorprendentemente agilísimo Ministerio de Transparencia y Lucha Anticorrupción le endosó el delito de falsificación de documentos personales para acceder al puesto, en una muestra de que primero nombran a sus funcionarios y luego investigan sus antecedentes, siempre y cuando caigan en desgracia y no sean pesos pesados en la jerarquía del partido. Después de todo, el pobre hombre estaba siendo fiel a su cometido, fomentando su industrialización, aunque ciertamente no le estaba vendiendo la coca a la Coca Cola Company.

No obstante, a pesar de toda esta lluvia de escándalos que embarra y salpica a tanta gente del gobierno, el país no parece reaccionar, como si estuviera narcotizado por algún efecto osmótico. De otra manera no se explica que la popularidad de Morales siga tan alta en las encuestas. Embobados por su discurso salvador, muchísimos se prestan de buena gana a formar parte del espectáculo circense de masticados masivos en plazas. Entretanto, el narcotráfico carcome y hunde a la sociedad, con crímenes de ajustes de cuentas a la orden del día. Estamos tan acostumbrados a su presencia que lo único que se hace es encoger los hombros, como si se aceptara que el negocio ya forma parte de nuestra cultura, sin importar mucho que fuera de las fronteras nos tomen por sospechosos instantáneos al mirar nuestros pasaportes. ¡Qué triste y terrible imagen proyectamos al mundo!


05 octubre, 2013

5 El resfrío de Maduro y otras cuestiones


Evo y Correa en Ivirgarzama (Foto: Los Tiempos)

Chávez fue un raro patriota. Tanto quería a su amada Venezuela que nombró a un pájaro bobo como delfín político. ¿En qué cabeza puede caber una decisión de esas?... de dejar la conducción de una nación semidestruída en manos de un inepto: en una mente aquejada de enfermedad o en una mente diabólicamente retorcida. He ahí la cuestión. Acaso el comandante supremo quería pasar a la historia él solo, sin que nadie le hiciese sombra. No fue capaz o no quiso enderezar el rumbo de la nave, encargándola a alguien medianamente competente. Su revolución moriría con él, porque le daba la gana, por puro capricho personal. Aunque todo el país se fuera a la mierda.

La descomposición sigue, intratable, irrefrenable como una lenta agonía. Quince años de podredumbre paulatina. Son demasiados sueños y demasiadas esperanzas que se fueron al garete. Venezuela ha perdido el alma, restos de civilidad y todo intento de convivencia pacífica. Las calles hierven de asaltantes y muchos de sus habitantes han perdido toda urbanidad: macabro espectáculo ese de transeúntes que se disputaban, como hienas, las cajas de carne de un camión accidentado mientras el chofer se moría asfixiado. O el país se muere o se está africanizando, sin mediar guerra o catástrofe natural alguna. ¿Tanta es la desesperación, el hambre, la escasez, la deshumanización, que incitan a actuar de esa manera?

Paradójicamente, las crónicas relatan que los buques con alimentos se atascan en los puertos por la ineficiente y pesada burocracia aduanera. Para cuando llegan a los mercados algunos ya están inservibles. Calor, vapores de asfalto y colas interminables son escenas cotidianas: la vida es como un espejismo. Las moscas zumban molestas alrededor de los estantes vacíos. Falta todo, desde productos de limpieza hasta el combustible para poner la maquinaria en marcha. El país más petrolero del continente compra gasolina de sus vecinos. El país de los verdes llanos sin suficientes vacas. Ni café, ni azúcar en este gran país tropical. A este paso se va a tener que importar hasta el aire. Pobre país rico.

Entretanto las leyes de la selva y el hampa hacen de las suyas en tierra, Maduro vive en las nubes, literalmente, de viaje en viaje, como queriendo escaparle a la realidad. Vino a Bolivia con una decena de ministros para cobrar los intereses de los préstamos que Chávez hizo a Evo. El pobre hombre necesita dinero fresco para sufragar su costoso tren de vida y el de su corte de parásitos. No se llevó nada, salvo un cargamento de papel sanitario a modo de pago. Vuela por todo el vecindario de la Unasur para lloriquear ante sus amigos. Hasta el Papa lo recibió con cierto aire de conmiseración en Roma. Desesperado fue a pedir rescate a China porque la caja se le iba quedando vacía. Sabe dios en qué condiciones habrá hipotecado el futuro de sus compatriotas en manos de los ávidos asiáticos. “Conseguimos 5.000 millones” afirmó con el orgullo de quien ha logrado una proeza. Retrato de pura ingenuidad. Este niño gigante en condiciones normales sería hasta un personaje simpático y entrañable. Pero no, juguetea con su país como si fuera una papa caliente. Terrible, terrible.

Hay quien dice que el presidente sufre de delirio de persecución. Incapaz de hilvanar ningún pensamiento ordenado intuye conspiración en todas partes. Aventura que en Nueva York quieren matarlo y no asiste a la reunión de la ONU. Sin embargo, su numerosísima avanzada diplomática dilapida más de 800 mil dólares en alquilar las habitaciones de un lujoso hotel. Cómo sangran al agotado erario público. La crisis se está cargando al país, pero los funcionarios viajan por centenas, frotándose las manos para hacer shopping en cada país que visitan. El moderno Airbus de Chávez ya no sirve y tienen que pagar doscientos cincuenta mil diarios por un vetusto avión cubano. Fidel será solidario pero no se olvida de cobrar en dólares. 

Esperábamos a Maduro. Anunciaron con toda pompa que su pesada humanidad nos caería por tercera vez en Cochabamba. Por primera vez en Bolivia se presentaría el nuevo trío de Los Panchos, aunque estos chillan más bien sobre el escenario, empezando por el falsete del divo Correa. Todas sus canciones van dedicadas contra el capitalismo, mientras se hacen dar tratamiento de estrellas de rock. Tan panchos y tan acostumbrados a los divanes y jardines del mismo hotel cochabambino. Evo no podía faltar a su fama de buen anfitrión, encargando, como siempre, un menú exótico con decorados de plantitas a modo de fractales. Al almuerzo espectacular llegaron infaltablemente los burócratas locales, las cabezas de los movimientos sociales y demás zánganos de manual, pero no llegó Maduro. El inmenso vacío que dejó en el comedor fue el postre. 

Ello, no obstante, no fue impedimento para que su delegación de cien personas disfrutara de lo lindo de los acogedores paisajes vallunos y de su opípara gastronomía, a pesar del susto mañanero que se llevaron por el aterrizaje tortuoso del avión militar de transporte que reventó varias de sus llantas, atascándose en mitad de la pista. Inexplicablemente, demoraron los vuelos locales por más de ocho horas por culpa de este incidente. Como si fuera tarea de titanes no pudieron remolcar el aparato en tantas horas. Hay quien dice que el avión estaba sobrecargado, el hermetismo con que se manejó el asunto dio lugar a muchas conjeturas. Eso sí, los centenares de viajeros fueron azotados inmisericordemente con informaciones imprecisas que los obligaron a permanecer varados hasta bien entrada la tarde. Absurdo en un aeropuerto pequeño que opera con tres frecuencias diarias de vuelos como promedio. 

Así pues, Morales y Correa cantaron forzosamente a dúo. Terminada la comilona fueron llevados en helicóptero hasta el trópico del Chapare donde una multitud convenientemente entrenada con mosaicos en las tribunas de un estadio los aguardaba horas antes. Se despacharon sendos recitales ideológicos, despotricando contra los ecologistas e indígenas que se oponían a sus planes de desarrollo: petróleo en la amazonia ecuatoriana y carretera en la selva boliviana. Proyectos de sano extractivismo como han bautizado a la nueva depredación de la naturaleza, mientras van soltando a continuación el rollo del buen vivir, la buena vida y la armoniosa relación con la Pachamama. Quien los oye, quien los aplaude ha de estar dopado o descerebrado.

Una tarde fresca de primavera fue el acontecimiento, unas ganas de lucir camisas ligeras y unas reuniones inútiles de autocomplacencia que seguramente firmaron como “acuerdos de cooperación estratégica”. Cualquiera se pregunta, qué puede ofrecer Bolivia a Ecuador y viceversa. Ah, ya, un espaldarazo mutuo de dos caciques con idénticos planes. Quién sabe, a algún historiador se le ocurra escribir sobre el “Abrazo de Ivirgarzama” para perpetuar este momento tan histórico como aquel conocido como el “Abrazo de Charaña” que Banzer y Pinochet efectuaron en los años setenta. Qué curioso, Correa hasta se dignó hablar poéticamente  sobre el asunto marítimo, como Chávez habló de su sueño de bañarse en una playa boliviana. Oleadas de aplausos retumbaron por todo el estadio. 

Felizmente, el circo itinerante duró como el canto de un gallo, que ya ni me acuerdo que fue hace dos días. A guardar los disfraces para la próxima cita en Argentina. El gigante de Venezuela no llegó porque un resfriado lo tumbó, dijeron sus compadres mientras hacían votos por su recuperación. Con toda la patria enferma… difícil, difícil.


01 octubre, 2013

9 De justicieros y piratas originales



Autoridades cochabambinas y artistas cantando a viva voz como acto de desagravio (Foto: Opinión)

Este país no tiene remedio. Sumido en las tinieblas, en el baile perpetuo rumbo al abismo. Hace doscientos años que aspira a la modernidad, sin embargo, lo único que ha conseguido es una identidad caricaturesca, digna de lástima. No somos nada y aún así nos consideramos el ombligo del continente, el centro irradiador de “revoluciones” y otros proyectos floridos de dudoso calado. Muchos aventureros trastornados por alucinógenos o por literatura de la Nueva Era quieren venir a beber de nuestra sabiduría, elaborada en una paila de supersticiones atávicas. Chicha de ideas disparatadas como para alfombrar las calles. Como si la circunstancia geográfica nos hubiera bendecido automáticamente para dar lecciones a diestra y siniestra. Y todavía tenemos la ingenuidad de exigir que nos aplaudan las ocurrencias.

Muy ocurrente fue nuestro rey chiquito de la imponente figura que fue a dar la lata en el auditorio de la ONU. Habla como si soplara una trompeta oxidada. Muy original plantear de su parte la conformación de un tribunal exclusivo para juzgar a Obama, culpable hasta de provocar huracanes por un pestañeo suyo. La Madre Tierra clama venganza por el atropello constante a sus hijos. De pronto, ya no le basta el título fatuo de proclamarse como el líder antiimperialismo de toda la galaxia. Sueña con ser el guachimán de la paz mundial. Pretencioso justiciero de la capa arcoíris. El enviado de los dioses para desterrar la corrupción capitalista que embarga a todo el orbe, haciendo chasquear su chicote cósmico. Virginal, incuestionable, transparente, rebosante de integridad, la humanidad suya exudaba ríos de intachable moral. A la vista de ese rostro severo, moralizador y enérgico, hasta los asientos vacíos temblaban. Si eso es legitimidad, que me parta un rayo.

Si Evo fue a regañarle a Obama en su propia casa -un gesto valiente que será recordado por generaciones de socialistas de último momento y otros pirados-, también pudo aprovechar la tribuna internacional para causas más justas y serias, como denunciar el constante abuso de aduaneros chilenos a camioneros bolivianos, últimamente hostigados con cualquier excusa, violando flagrantemente el Tratado de 1904 que establece el libre tránsito hacia determinados puertos del Pacífico. Colas interminables de camiones no entran en la preciosa agenda de Su Excelencia, más preocupado por promocionar su rocambolesco liderazgo y dar rienda suelta a sus resentimientos. El chiste es que se hable de él entre todas las cosas.

En vez de estrellarse contra el imperio, como un carnero tozudo que embiste a todo, se detuviese a reflexionar sobre los intereses reales del país. Pero la reflexión no es lo suyo. Sus delirios de sentirse perseguido ya no encuentran asidero en ninguna parte. Pierde el tiempo solemnemente con tanta bravuconería y amenazas que solo alimentan el anecdotario. Entretanto, todos los bolivianos pagamos los platos rotos y cargamos con las risas condescendientes a nuestras espaldas. Una singularidad pintoresca somos en boca de todos. Porque el show debe continuar…

Hablando de piratas, no solamente navegan en las aguas procelosas de África oriental o surcan el aire dispuestos a asaltar las naves sagradas de los guerreros de la dignidad. La piratería está a la vuelta de la esquina, con muestras constantes de saqueo cultural. Los gobernantes no hacen nada salvo rasgarse las vestiduras con actos pueriles de desagravio. Jamás llevan los casos a instancias internacionales que es lo que debería importar. Evo nunca ha pisado las oficinas de la Unesco. En vez de importunar y jugar al paladín de los desarrapados haría bien en promover leyes sobre bienes culturales o exigir su cumplimiento. Por eso no nos tienen respeto y los mercachifles musicales de otras partes actúan impunemente.

Hace meses que se denunció que el segundo himno de Cochabamba había sido pirateado vulgarmente por un grupo peruano de música folclórica. Estos oportunísimos ladrones culturales se esforzaron lo suficiente para copiar todo el texto, reemplazando topónimos como “Cochabamba, rio Rocha, Tunari” por los de su pueblo querido. Así nos enteramos de que existía una tal Quillabamba o “pampa de la luna”, tierra de unos lunáticos que se quisieron pasar de listos más bien. Y todavía tienen el desparpajo de promocionar su engendro como un “bonito tema del recuerdo”, como si fuera una canción del ayer; recuerdo de hace pocas lunas, querrán decir.

¿Por qué Evo no movió un pelo para denunciar estos robos descarados al patrimonio cultural boliviano en vez de tanta cháchara insulsa que despliega en todo foro internacional?...ya lo sabemos, la indignación se queda en anodinas notas de protesta que Cancillería hará llegar de oficio, seguramente. Por una vez sería positiva tanta alharaca y generar conciencia masiva ¿A quién le importa que autoridades regionales organicen un día del desagravio como el efectuado ayer, con trajes de época incluidos? Así hayan declarado patrimonio histórico a la canción de marras y se hayan acordado del nombre del compositor. Con papeleos solemnes y pergaminos no resolvemos nada, mucho menos con bailecitos en la plaza principal. Este es un día histórico, dijeron, no se sabe si por los árboles que se mecieron al son de ese hermoso taquirari o por el baile pata de palo que las autoridades se dignaron brindar a modo de homenaje. 

Para su consideración:

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