12 marzo, 2014

8 Boudou y García Linera, los gemelos del poder



Boudou (izq.) y Linera en Macha, Potosí
El último fin de semana, el “bien amado” vicepresidente argentino estuvo por el sur del país, en un pueblito del departamento de Potosí, para inaugurar un monumento en honor del general Manuel Belgrano, en el lugar donde el jefe militar había levantado un cuartel de campaña durante la guerra de la independencia. Según la historia, la bandera albiceleste que portaba Belgrano fue dejada para ser guardada en la parroquia de Macha y en la actualidad está depositada en la Casa de la Libertad de Sucre. Así que agárrense mis vecinos gauchos, tenemos la primera bandera argentina, aparentemente; estamos más hermanados de lo que parece.


Por esos misterios insondables de la historia, diríase que hoy estamos más hermanados que nunca por lo que nos toca padecer. Boudou, en discurso para la ocasión  afirmó que “no es casualidad que hayan pasado 200 años entre las luchas revolucionarias y la posibilidad de tener un movimiento de Manuel Belgrano que peleó en estas tierras; no es casualidad, sin líderes como Evo Morales, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, este acto de hoy hubiese sido imposible, hay que agradecerles a ellos esta segunda emancipación, esta segunda lucha contra el colonialismo”.  Ya ven, hermanitos míos de la Argentina, tenemos que aguantar a esta choripana segunda generación de libertadores. ¡Aleluya!


Pero qué hado malintencionado nos habrá deparado semejante fortuna de padecer a estos simpáticos personajes, colegas de la vicepresidencia. Amado Boudou y Álvaro García Linera, grandes amigos desde el primer encuentro, mutuamente fascinados. Si hasta parecen hermanos, bordearán los mismos años, uno más gris que el otro, cabellera gris platino contra cabellera gris rata, juntos pelo a pelo, guerreando por la liberación de dos pueblos hermanos. El destino quiso que hasta sus novias fueran calcadas: periodistas ambas y más jóvenes que ellos (una vez armaron un bello encuentro entre parejas, hará un año o más, en un café de Cochabamba). El boliviano se casó con su periodista. A la del gaucho, le he perdido la pista. 



Si les parece poco el parecido, ahí les va hasta su vena de artistas: Boudou empuña la guitarra salvaje para seducir a las groupies kirchneristas y sacude la cabellera como crin de caballo al viento. Linera golpea los platillos de una banda para divertir a la masa enfervorecida de las cabalgadas folclóricas y se aprende los pasitos. El primero se enfunda chaquetas a lo motoquero rebelde mientras se da vida de playboy, el segundo se luce a lo dandy con sus ternos italianos y cultiva la amistad de reinas y modelos. He ahí sus grandes cometidos, son infalibles hasta para alegrar nuestros días.  


Todavía más, a Boudou le espera la cárcel -si es que algún día la justicia hace honor a su nombre- por delitos de corrupción e enriquecimiento ilícito (Caso Ciccone). Linera ya estuvo cinco años en prisión (1992-1997) por haber conformado junto a otros cómplices el Ejército Guerrillero Túpac Katari, responsable de diversos actos terroristas como asalto a mano armada de remesas del Estado y voladuras de torres  de alta tensión. A continuación, transcribo algunas de sus declaraciones de aquel entonces (imagen fotocopia ¿Quién es Quién?):  “Me declaro culpable de haberme asociado a la Tesis de alzamiento armado contra el gobierno”. “Colaboré en la ‘recuperación’ (atraco) de $us 430.000.- (cuatrocientos treinta mil dólares americanos) en la Universidad de San Simón en el mes de octubre de 1991”.  “Los dineros ‘recuperados’ (robos, atracos, asaltos) son para emprender la lucha guerrillera”. 




José Mujica y Dilma Rousseff, al menos pueden argüir que se levantaron en armas para combatir a las dictaduras de sus respectivos países. Linera, en cambio, “emprendió su lucha guerrillera” contra un gobierno democrático. No hace mucho, declaró muy orondo que fue apresado “sólo por levantar la wiphala y hablar de la defensa del pueblo aymara”, encima se hace al angelito. Y aún tuvo la desfachatez de afirmar con todo orgullo “los terroristas de ayer son los héroes de hoy”. A pesar de la cárcel, nunca fue sentenciado, ni jamás devolvió la cuantiosa suma de dinero, resultado de los atracos violentos que cometió su grupo armado. 


Y hoy cada vez que sale a la palestra a pontificar con aires de pedagogo sobre valores éticos, moral, defensa de la democracia, libertad, respeto a las leyes, pluralidad, tolerancia, etc., se me ponen los pelos de punta y me entristezco profundamente por la amnesia de la sociedad con respecto a la trayectoria de este funesto personaje. Una vez vi en televisión a un pequeño grupo de quinceañeras sacarse fotos con él en una céntrica calle cochabambina e incluso tuvo la gentileza de probar la torta que la cumpleañera le ofreció. Todo muy bonachón, ¡ay, si ellas supieran!



08 marzo, 2014

9 El síndrome Daza y otras cuestiones carnavaleras





Carnavalesca nación que combate sus complejos existenciales a punta de baile,  coplas y farra. El que no salta ni vacía la jarra no es boliviano. Una semana de duro bregar con los alcoholes y con los ahorros muy bien reunidos el resto del año para tirarlos en un par de días. Se trabaja para carnavalear. Para estrenar traje de baile y pagar las cuotas a la fraternidad. Para costear el viaje a la Meca del folclore: si no has ido al Carnaval de Oruro al menos una vez en la vida, no sabes de lo que te pierdes o eres un hereje. Yo llevo toda la vida sin visitar a la “Mamita del Socavón” y nunca me he sentido en la necesidad de entrar a su templo de rodillas, como manda la tradición, para que se me cumpla alguno de mis anhelos. Yo llevo anhelando que la Virgen se cargue a todos los carnavaleros y demás fiestacohetillos y hasta ahora no me ha obrado el milagro. Será que soy hombre de poca fe.

Por fin, después de una semana de tanto darle a la matraca y escuchar las insufribles trompetas de hojalata, el jolgorio parece que se va, como agua turbia bajo el puente.  Cuatro días seguidos (sábado, domingo, lunes y martes de carnaval) decretados como feriado son demasiado premio para un país ocioso y secularmente atrasado. Como era de esperar, se multiplicaron los accidentes y los crímenes, se multiplicaron los penes (como diría Maduro) para traer vástagos en tromba e inflar las estadísticas de enfermedades sexuales, a pesar de los preservativos repartidos como confeti por las brigadas de salubridad.

Hoy sábado, me toca sufrir el último estertor de esta abominable enfermedad nacional. Cochabamba para no quedar atrás y no ser menos al carnaval orureño y cruceño, los más famosos y caros del país, se da el gusto de celebrar el Corso de Corsos, un bodrio de espectáculo circense que no tiene ni pies ni cabeza. Pero a quién le puede interesar un collage de danzas folclóricas (la resaca que viene de Oruro), grupos autóctonos, carrozas costumbristas de mal gusto, regimientos militares travestidos de personajes bufos y, para continuar con el disparate, la interminable sucesión de comparsas de Caporales, que cada año se multiplican como las setas, y cuya vista continuada lastima los ojos, a pesar del tamaño reducido de las polleritas de sus bailarinas. Hay que estar ebrio para seguir disfrutando del mismo menú. Y sin referirnos al desorden imperante, los baches de tiempo exasperantes y la gente que hormiguea sin sentido en todo el recorrido. En fin, un auténtico carnaval: caos, descontrol, escasos policías, comerciantes ambulantes, derroche de espuma tóxica, globos de agua y borrachera por doquier. 

A mediados de febrero de 1879, el presidente Hilarión Daza recibió un telegrama donde le informaban que tropas chilenas habían invadido el litoral boliviano. El gobernante prefirió ocultar la noticia a la nación para no interrumpir los festejos del carnaval. Luego ya sabemos lo que pasó. Desde entonces las cosas no han cambiado sustancialmente. Así se caiga el cielo o tiemble la tierra, siempre habrá mucha gente dispuesta a continuar con el jolgorio, aun en medio de la tragedia. Son capaces de pasar sobre los muertos “para que no muera la tradición”, como he oído a menudo a algunos de sus defensores. Y de hecho, el sábado anterior, en Oruro se vino abajo una pasarela atestada de gente, matando a cinco personas y dejando heridas a casi un centenar. Por increíble que parezca la fiesta se interrumpió solo por unas horas, hasta que despejen los hierros retorcidos y limpien la sangre del suelo. Luego, las comparsas restantes pasaron en silencio por el sitio y cuadras más adelante reanudaron sus coreografías al son de sus bandas de músicos. 

Por dios, qué terrible puede ser la estupidez humana: cuatro fallecidos eran integrantes de una banda y además casi anochecía, y ni así los organizadores tuvieron la sensibilidad de parar el acontecimiento. Es más, algunos músicos denunciaron que les amenazaron con procesos judiciales por incumplimiento de contrato y otras acusaciones si se negaban a seguir tocando. Para descarga de los bailarines, estos confesaron que el presidente de la Asociación de Conjuntos Folclóricos (ACFO) los chantajeó que si no seguían con el cronograma, al año siguiente los iban a castigar desplazándolos a los últimos lugares en el orden de entrada o expulsándolos definitivamente. Desde luego, no hubo ninguna autoridad civil con los suficientes pantalones para ordenar el cese de la fiesta, ni mucho menos Evo Morales que llegó en helicóptero hasta su sitio reservado en el palco oficial y estuvo disfrutando de la “majestuosa entrada” por varias horas. Sencillamente pudo haber movilizado al gobernador del departamento, correligionario suyo, pero no lo hizo. Al día siguiente, se reanudó el baile como si nada, aunque un poco más tarde. Como sea, más poder tienen la mafia de la ACFO y los votos futuros para el caudillo. El presidente, como buen orureño no iba a enfadar a sus paisanos. Por otro lado, está claro que los organizadores no estaban dispuestos a perder la inversión así por así.

Hoy, por supuesto que se ha de continuar con la jarana en el valle cochabambino, siguiendo la necia tradición, aun con el recuerdo fresco de la tragedia de hace un mes cuando un cerro sepultó a catorce pobladores de una comunidad pobre a escasos kilómetros de la ciudad. El país ha sufrido innumerables pérdidas en cosechas, animales, casas y vidas humanas y, sin embargo, las festividades no se han interrumpido, salvo en el departamento del Beni, azotado por las peores inundaciones de su historia. En el resto del territorio, las comparsas siguieron con su agenda de actividades y eligieron a sus reinas para que muevan el culo y manden besos a la multitud. Hasta el ejército escoge a su reina para hacernos el patriótico favor. Para no pecar de indiferentes, todo el mundo compró su boleto de solidaridad donando un kilito de arroz para los damnificados. Con eso nos ganamos el derecho a seguir carnavaleando. ¡Y dale, que siga la enfermedad!


01 marzo, 2014

8 Viña del Mar y la paloma malvada



San Basilio, la que dejó sin paloma, perdón, sin gaviota a los pichones bolivianos

Ay, otra tragedia se acaba de cernir sobre Bolivia, peor que la que actualmente sigue padeciendo el pueblo beniano con el azote de las inundaciones. Por lo menos, el caudal de los lamentos da para pensar así. Ay, otra vez Chile se comportó con purita maldad contra nosotros: como si no bastara que nos hayan arrebatado el mar, ahora nos escamotean hasta los premios de folclore. Por piratas se meten con nosotros, siempre con nosotros, continúan los desgarradores lamentos, puteadas incluidas. Una ola de indignación recorre el país luego de conocerse la noticia de que los jueces del festival musical de Viña del Mar decidieron conceder el primer premio en la categoría folclórica a un grupo chileno, empatado previamente con otro boliviano.


La bruja malvada de los cuentos fue esta vez la respetadísima artista Paloma San Basilio, a quien los organizadores pusieron en un brete al encargarle que decidiera, cual soberana salomónica, la suerte de los dos grupos en disputa. La recia voz española en un gesto por demás lógico, decidió congraciarse con sus anfitriones, o tal vez obró por pura solidaridad animal al sentenciar que le había gustado más la actuación de La Pájara, el representante de Chile. San Basilio no tiene la culpa de haber sido nombrada presidenta del jurado, ni conocer ni papa de folclore sudamericano. Habrá efectuado su fallo por simple instinto o mero interés. Ya está, ¿qué esperaban?


Sin embargo, al conocerse el desenlace, horas después llovieron las injurias contra la pobre Paloma, especialmente azuzadas en diversos medios televisivos con titulares como “la veterana artista frustró los sueños de Bolivia”, “como bolivianos nos sentimos indignados por esta injusticia”, y otras frases de nacionalismo histérico. Como autoproclamados campeones mundiales del folclore nos cayó como patada en las bolas. Típico de nosotros es el no aceptar que fuera de las fronteras existe también folclore del bueno, y del malo. ¿Quién nos dio derecho a proclamar que somos mejores que Moldavia, el Tíbet, o el Caribe en lo que a expresiones culturales se refiere?, ¿Qué dios o hado maravilloso nos plantó en la Tierra para que nos creyéramos únicos, casi predestinados para el canto y el baile?...¡folclóricos que somos, hasta el cogote, hasta en los lloriqueos!...Ah, Bolivia typical país, creo que decía un viejo humorista.


Indignante es tener autoridades que pierden el tiempo en indignarse por la supuesta afrenta a toda la nación. Y peor todavía al oír la noticia de que se va a condecorar con la medalla Sol de Septiembre a los chavales de Ch’ila Jatun cuando retornen a Cochabamba, luego de haber “representado dignamente al país” y otras etiquetas aturulladas que les han puesto de sopetón, cual guerreros musicales de última hora. Es curioso que cada vez que alguien tenga líos o problemitas en Chile sea automáticamente considerado un héroe por cualquier bagatela. A ver, ¿qué mérito tiene un grupo escogido a dedo para representarnos en un evento internacional? ¿Quién definió que eran los más calificados para ser embajadores de nuestra música? ¿Acaso pasaron por lo menos por una selección previa ante un comité de especialistas locales? Absolutamente que no.  Luego exigimos que se nos premie la mediocridad.


Mandar a los Justin Bieber del folclore nacional en nombre de todo el país, eso sí que es un despropósito. Yo no me siento representado por unos niñatos cuya mayor cualidad es ser los pichones de Los Kjarkas, los popes del folk nacional, quienes, a pesar de su música descafeinada y repetitiva hasta el hartazgo, son venerados en los países andinos y en otros sitios exóticos como Japón. Escuchar a Los Kjarkas –en los micros, en los restaurantes, en las radios, en guitarreadas de jovencitos- es como escuchar a Julio Iglesias: cursilería a montones. Los Ch’ila Jatun son como Enrique, aspirantes a artistas, colgados de la fama del padre. Ni más ni menos.


Si no ha quedado claro, o si a alguien se le ocurre que destilo envidia, mala leche o bronca con unos simpatiquísimos muchachos, aquí les dejo el video de su actuación en Viña del Mar. Luego me dirán si su canción es un prodigio de poesía, sentimiento profundo del alma y otras cosillas. A mí me ha parecido un pastiche de ritmos ecuatorianos, peruanos y bolivianos, todo muy estilizado, artificioso y embadurnado de poética teenager. A no despistarse, esto no es auténtico folclore boliviano. Ni lo que cantan Los Kjarkas (bastantes amigos extranjeros tengo yo que los tienen como ídolos)… ni mucho menos lo de sus polluelos.


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