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| Boudou (izq.) y Linera en Macha, Potosí |
Por esos misterios insondables de la historia, diríase
que hoy estamos más hermanados que nunca por lo que nos toca padecer. Boudou,
en discurso para la ocasión afirmó que “no es casualidad que hayan pasado 200 años entre las
luchas revolucionarias y la posibilidad de tener un movimiento de Manuel
Belgrano que peleó en estas tierras; no es casualidad, sin líderes como Evo
Morales, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, este acto de hoy hubiese sido
imposible, hay que agradecerles a ellos esta segunda emancipación, esta segunda
lucha contra el colonialismo”. Ya ven,
hermanitos míos de la Argentina, tenemos que aguantar a esta choripana segunda
generación de libertadores. ¡Aleluya!
Pero qué
hado malintencionado nos habrá deparado semejante fortuna de padecer a estos
simpáticos personajes, colegas de la vicepresidencia. Amado Boudou y Álvaro
García Linera, grandes amigos desde el primer encuentro, mutuamente fascinados.
Si hasta parecen hermanos, bordearán los mismos años, uno más gris que el otro,
cabellera gris platino contra cabellera gris rata, juntos pelo a pelo,
guerreando por la liberación de dos pueblos hermanos. El destino quiso que hasta
sus novias fueran calcadas: periodistas ambas y más jóvenes que ellos (una vez
armaron un bello encuentro entre parejas, hará un año o más, en un café de
Cochabamba). El boliviano se casó con su periodista. A la del gaucho, le he
perdido la pista.
Si les
parece poco el parecido, ahí les va hasta su vena de artistas: Boudou empuña la
guitarra salvaje para seducir a las groupies
kirchneristas y sacude la cabellera como crin de caballo al viento. Linera
golpea los platillos de una banda para divertir a la masa enfervorecida de las
cabalgadas folclóricas y se aprende los pasitos. El primero se enfunda
chaquetas a lo motoquero rebelde mientras se da vida de playboy, el segundo se
luce a lo dandy con sus ternos italianos y cultiva la amistad de reinas y
modelos. He ahí sus grandes cometidos, son infalibles hasta para alegrar
nuestros días.
Todavía
más, a Boudou le espera la cárcel -si es que algún día la justicia hace honor a
su nombre- por delitos de corrupción e enriquecimiento ilícito (Caso Ciccone). Linera ya estuvo cinco años en prisión (1992-1997) por haber conformado junto a otros cómplices el Ejército
Guerrillero Túpac Katari, responsable de diversos actos terroristas como asalto
a mano armada de remesas del Estado y voladuras de torres de alta
tensión. A continuación, transcribo algunas de sus declaraciones de aquel
entonces (imagen fotocopia ¿Quién es Quién?): “Me declaro culpable de haberme asociado a la
Tesis de alzamiento armado contra el gobierno”. “Colaboré en la ‘recuperación’ (atraco) de $us 430.000.- (cuatrocientos treinta mil dólares americanos) en la Universidad de San Simón en el mes de
octubre de 1991”. “Los dineros ‘recuperados’ (robos,
atracos, asaltos) son para emprender la
lucha guerrillera”.
José
Mujica y Dilma Rousseff, al menos pueden argüir que se levantaron en armas para
combatir a las dictaduras de sus respectivos países. Linera, en cambio,
“emprendió su lucha guerrillera” contra un gobierno democrático. No hace mucho,
declaró muy orondo que fue apresado “sólo por levantar la wiphala y hablar de
la defensa del pueblo aymara”, encima se hace al angelito. Y aún tuvo la
desfachatez de afirmar con todo orgullo “los terroristas de ayer son los
héroes de hoy”. A pesar de la cárcel, nunca fue sentenciado, ni jamás devolvió
la cuantiosa suma de dinero, resultado de los atracos violentos que cometió su
grupo armado.
Y hoy cada
vez que sale a la palestra a pontificar con aires de pedagogo sobre valores
éticos, moral, defensa de la democracia, libertad, respeto a las leyes,
pluralidad, tolerancia, etc., se me ponen los pelos de punta y me entristezco
profundamente por la amnesia de la sociedad con respecto a la trayectoria de
este funesto personaje. Una vez vi en televisión a un pequeño grupo de
quinceañeras sacarse fotos con él en una céntrica calle cochabambina e incluso
tuvo la gentileza de probar la torta que la cumpleañera le ofreció. Todo muy
bonachón, ¡ay, si ellas supieran!






