16 junio, 2015

7 Bolivia y su fútbol de historieta

Como apenas conozco a los muchachos, no pude encontrar al sueco Smedberg (EFE)

Anochecía. Yo que estaba tranquilamente en mi cuarto continuando con la lectura de un libro de Tom Wolfe (Lo que hay que tener, cojonudo título de entrada, por ahí va la cosa) porque sencillamente no había nada que hacer, fui sobresaltado por otra racha de petardos en la vecindad. Asomé la cabeza por la minúscula ventana que da al norte y que hace de tragaluz, y pude divisar un rosario de fogonazos amarillentos que se sucedían cada tanto, y no faltó alguna muestra de multicolorida pirotecnia, a la distancia.

El acontecimiento habrá durado unos diez minutos. Me puse a recapitular antecedentes: no era un aniversario patriótico, no había fiesta patronal, ni suele haber marchas de protestas al caer la noche. Encendí la radio buscando una explicación para tan magna celebración en este país de celebrados hábitos. ¡Por las cuitas de la FIFA!, había olvidado que el lunes la selección boliviana tenía partido contra Ecuador. El locutor, ya con la voz ronca, en cualquier momento se iba a morir de emoción como otros diez millones de gargantas repartidas en toda la república. Habíamos ganado el campeonato mundial de la alegría, eso seguro.

Estaba batiendo mi récord personal de tiempo sin ver fútbol. Desde la final de Champions no he visto ni un solo partido más, ni siquiera minutos de resumen. Y eso que en un país vecino se desarrolla la Copa América a toda mecha. Honestamente siento que no me he perdido nada hasta la fecha, ni la memoria del músculo futbolero me reclama. Es un campeonato deslucido en los últimos tiempos, a pesar de la presencia de casi todas las estrellas que se lucen en los mejores equipos europeos. Los cracs están sin chispa, por lo que me he ido enterando. Desde luego, en la misma Europa apenas le tiran pelota al asunto. Los clubes estarán más preocupados de que no se lesionen sus jugadores sudamericanos que estarán hasta el gorro por las temporadas extenuantes. Pero se imponen los patrióticos deberes.

Así pues, patriótica obligación es apoyar a la Verde, pase lo que pase. Ayer, lunes al morir la tarde no pasó lo que tenía que pasar. “Bolivia se rebela contra su historia”, dice un titular de prensa español. No era para menos, triunfar en una Copa América después de 18 años suena a eternidad. Toda una generación ha crecido en ese lapso, sirva de ejemplo mi hermano menor. Tanto él como sus coetáneos no habían visto nunca a la Selección triunfante en el torneo más antiguo del mundo. Tal vez por eso anoche tanta gente celebró la machada de estos nuevos titanes del balón. A su lado, la epopeya del único título sudamericano del 63 suena a pergamino roñoso. Así vamos, a los conchazos, como decimos acá. Tres llegadas al arco rival y tres goles. Haber metido tres goles en un primer tiempo también es hito histórico porque nunca se había hecho antes, acotan los estadísticos. Luego a defenderse con uñas y dientes y que la suerte nos ampare.

La mezquina fortuna nos sonrió, colgados del arco y agradecidos al travesaño que escupió un agónico trallazo ecuatoriano. O será la poderosa impronta que ha dejado en el imaginario nacional - tan dado al pesimismo histórico según hallazgo del clarividente Vice-, el inconmensurable liderazgo de Su Excelencia, quien hace pocos días, coincidentemente derrotaba en ajedrez a todo cristiano que se le enfrentara, en pleno vuelo por los cielos minados de Europa para mayor dificultad. Tan concentrado estaba en la faena que se dice que no se inmutó cuando aparecieron dos cazas F-16 del ejército suizo para escoltar a su gloriosa aeronave, cuidando de que no se perdiera en el trayecto rumbo a Milán.  Ni los amargos recuerdos de los cafés y maratónicas horas de espera en un aeropuerto austriaco pudieron con él. Y eso era suficiente ejemplo de valor y coraje para cualquier delegación en misión internacional.


Y por una vez, la Selección demostró Lo que hay tener, según se extrae de las opiniones triunfalistas. La historia se meó ante el embate de esta aguerrida camada de pantalón corto. Temible escuadra plurinacional que tiene como armas secretas a un argentino, un paraguayo y un sueco que posee la patada del rayo como su antepasado Odín. Empezad a temblar, rotos, que aquí entran los nuevos Colorados de Bolivia; perdón, me quedé en offside: quise decir Verdolagos de Bolivia.

10 junio, 2015

4 El mundo de las criaturas paranoicas

Soledad Chapetón, alcaldesa de El Alto

Me informo que una abeja, una sola minúscula abeja ocasionó que un mayúsculo avión de pasajeros retornara a la pista. Por el tenor del título llegué a imaginar que el susodicho insecto había atemorizado a los viajeros o a los experimentados pilotos, esgrimiendo el aguijón, ¿o qué se puede colegir de que “una abeja obliga a un avión a regresar al aeropuerto en Londres”?...insospechado enigma tan difícil de resolver como un rompecabezas. Al final, resulta que el infortunado animalito no había sido un aeropirata sino que por curioso se había infiltrado en un instrumento externo del avión. Se sabe que un pajarraco o una bandada de aves migratorias podrían ocasionar incidentes de riesgo si son absorbidos por alguna turbina, pero que una mosca o cualquier cosa insignificante provoquen un “problema técnico sospechoso” desnuda lo frágil y vulnerable que es la tecnología de la aviación. ¿O paranoias de la tripulación o exceso de celo profesional? ¿No decían que volar era lo más seguro? Entretanto se libra la guerra entre ingenieros y abejas, me llama la atención que la escaramuza se haya producido en un avión de la compañía Flybe ¿o será Flybee?... Hasta el destino se torna paranoicamente gracioso.

Mientras al otro lado del charco están más que susceptibles por el temperamento de pilotos y sus impulsos suicidas que aparentemente se transmiten hasta los insectos y palomas que pululan cerca de los aeropuertos; coincidentemente, en estas tierras de ubérrima imaginación y sicodélicas ocurrencias, el Gobierno plurinacional ha lanzado la teoría de que una “red poderosa e influyente” había actuado en la fuga del empresario peruano Martin Belaunde (¿o quizás también la FIFA había sobornado a jueces y policías custodios?) y que, entre otras cosas, buscaba vengarse para acabar con el infalible reinado de Su Excelencia, de tan coloridos y hermosos ecos que hasta Jude Law contaba maravillado hace unos días-en un  programa de televisión norteamericano- y entre risas, de que lo había pasado de película entre fuegos y mantras chamánicos que su anfitrión Evo Morales había encargado en Palacio Quemado. Nada de extrañar que los soporíferos inciensos y aromas de grasa animal produzcan fascinación o hagan volar la imaginación de remotos viajeros.

Como está tan paranoico el ambiente, no sabemos si por el efecto retardado de los sahumerios y otras artes de improbable rastreo, ¡ay!,  a la flamante alcaldesa de la ciudad de El Alto se le deslizó un lapsus que por poco los Torquemadas del pachamamismo la llevan a la hoguera. Resulta que doña Soledad Chapetón, en su solitaria cruzada contra la corrupción se había propuesto acabar con el nido de ratas que había dejado su desvergonzado antecesor. La alcaldía se había convertido en una central de prebendas donde acudían diversos dirigentes gremiales y vecinales para obtener empleos para sus parientes, y otros pingües beneficios como contar con secretarias pagadas por el municipio, choferes a su disposición, uso de celulares con cuentas corporativas y hasta la repartija de vales de gasolina para las sabandijas.

Desde que juró al cargo, los dirigentes de las juntas vecinales le quisieron imponer sus propios subalcaldes bajo el pretexto de  “usos y costumbres”, a pesar de que el reglamento faculta a todo alcalde nombrar a los funcionarios que estime conveniente. Ante la amenaza de la pérdida de sus privilegios, los afectados le declararon la guerra llamando a movilizaciones populares que finalmente apenas tuvieron convocatoria. Resuelta a no dejarse intimidar, Chapetón replicó que “los usos y costumbres corresponden a los indígenas y no así a los ciudadanos”; citadinos, habrá querido decir como representante de una urbe de más de un millón de habitantes, y que más tarde se preocupó de aclarar, pidiendo disculpas a la gente.

El resbalón verbal de la inexperta alcaldesa se dice que levantó polvareda entre las sábanas y otros aposentos sacrosantos del palacio, comenzando por el vicepresidente quien respondió que tales declaraciones eran entendibles en tiempos del mil quinientos pero que en pleno 2015 eran “intolerables” e “indignantes”. No pasó mucho tiempo para que el resto de la manada oficialista hiciera sentir sus opiniones desbocadas buscando el linchamiento político de la aludida. Como sea, el patíbulo estaba instalado para intentar defenestrarla y socavar su popularidad todavía intacta. No le perdonan que les haya arrebatado uno de sus más poderosos bastiones electorales. Y mucho peor por ser mujer y tan joven en este país de caciques y machos golpeadores.

Como era de esperarse, salió a la palestra el más rabioso de los funcionarios de la corte de Su Excelencia, el gran maestre de la corrección ideológica y censor del Estado plurinacional que lleva el inverosímil cartel de Viceministro de Descolonización que, fiel a su cometido, anunció que iba a iniciar un proceso legal por discriminación contra la alcaldesa y que, en el caso de servidores públicos, incurrir en prácticas racistas (y eso que ella se declara orgullosa de sus raíces aymaras)  tenía el agravante de un tercio, recordó el oficioso burócrata; que si fuera mínimamente coherente le hubiera enjuiciado también a su demonio interior que le indujo a lucir una recordada camiseta estampada con los rostros de Los Beatles. Es de opereta este régimen que nos gobierna, que protege indisimuladamente a un diputado acusado de violar a dos niñas, pero que mueve todo su aparato judicial y mediático para acosar a una mujer por sus declaraciones.



04 junio, 2015

4 Esperando el milagro de las aguas danzantes

Mostrando la complicadísima ingeniería (Los Tiempos)

Fiel a mi espíritu de niño, como buen cocha-bambino que soy, preocupado exclusivamente de comer y buscar diversión como el común de mis llajtamasis, ya se me hacía agua la boca o, mejor dicho, fiesta en los ojos cuando me enteré de que el alcalde interino estaba trabajando a todo vapor –con sus máquinas excavadoras y luces en la noche- en la construcción del Parque de Aguas Danzantes o “aguas inteligentes” como gustan llamar alternativamente algunos paisajistas de rara inteligencia.

El alcalde suplente que, según recuerdo, entró de carambola ya que fue posesionado luego volteado por otro concejal ambicioso y finalmente repuesto en su sitio en una pueril guerra intestina que duró apenas dos días (parece que alguien se lo tomó muy en serio aquello de que hay que “vivir que son dos días”), recién estrenado el despacho municipal se propuso hacer en cinco meses lo que en cinco años no había hecho su antecesor.

Lo primero que hizo –y esto es de agradecer- fue retirar las gigantografías del ubicuo y bullanguero exalcalde Cholango que no solamente parecía desbordar con su inmensa figura los carteles, sino que con sus brazos de pulpo abarcaba la ciudad de canto a canto. O “de k’uchu a k’uchu”, como él mismo diría, recordando sus populacheros spots que le auguraban la reelección que al final quedó en mera intentona por las intrigas entre masistas.

Caído en desgracia el Cholango, su reemplazante prosiguió con la limpieza en todas las reparticiones municipales despidiendo a funcionarios de jerarquía porque quería “tener gente de su confianza”. Entérese el distraído lector o el desganado escribano este que, el golpe de timón se lo hacía a unos cuantos meses de terminar el mandato y con las elecciones a la vuelta de la esquina. Comoquiera, aquí se le ha dado un nuevo significado a lo que vulgarmente se conoce como periodo de transición: sacudirse todo el polvo dentro del mismo partido gobernante y trabajar como si fuera borrón y cuenta nueva. ¡A meses de irse a casa!, cuando todos empezaban a buscar cajas para llevarse sus bártulos.

Sólo se me ocurre una explicación: el interino quería trascender a toda costa y tal vez hacerse un nombre ante el jefazo sentado en el trono plurinacional, con miras a futuro. Y no le tembló el pulso para gastar el dinero en cosas banales e intrascendentes como el diseño de nuevos eslogan y logotipo, cuñas radiales y anuncios televisivos de su fugaz administración. Si hasta mandó rediseñar la web oficial de la alcaldía para que no quedaran trazos del compañero Cholango. Para rematar la faena, según he escuchado en la radio, el último día de su labor, funcionarios ediles obsequiaban a cualquier transeúnte una revista a todo lujo como supuesto resumen de su modélica gestión. De acuerdo a un diario, el documento de 47 páginas apenas reunía texto y  “el alcalde Vargas aparecía en 35 fotografías” para que nadie se olvidara de que él era el alcalde.

Cinco meses corriendo contra el tiempo no le alcanzaron para entregar cinco viaductos o pasos a desnivel que andaba publicitando como gran logro a pesar de que había heredado del anterior alcalde. Ansiaba también entregar cinco fuentes de agua para terminar de adornarse, otra vez inspiración del esteta Cholango que a su vez se había inspirado en un viaje que emprendió a Lima donde descubrió maravillado que el agua se movía artísticamente, al son de la música con lucecitas de colores y otros efectos especiales. En su descargo, el alcalde Vargas adujo que había recibido las obras civiles de las fuentes danzantes con una ejecución que no llegaba ni al 10% y que gracias a Dios (a su dedicación, quiso decir) ahora “ya están al 99, 9 %” y que por culpa de malos funcionarios que le ponen trabas a los trabajos no pudo inaugurarlas, remarcó bastante dolido.  Siguió lamentándose mientras leía su informe de gestión en un céntrico teatro, recalcando que se iba frustrado por la acción de algunos vecinos y funcionarios (los resabios del cholanguismo) que se oponían al progreso de la ciudad. Sin duda, envidiosos ciudadanos que no comprendían su sacrificada entrega a la ciudad y sus afanes de convertirla en la más envidiada de Sudamérica, con esto de las aguas bailarinas como ejemplo paradigmático.

El nuevo hito arquitectónico que, según sus proyectistas, será la joya de toda Bolivia y del continente (ya que es única en su tecnología hidráulica, dicen), promete traer turistas por oleadas a la adormilada metrópli del valle. Eso sí, no dijeron de dónde iban a sacar las aguas para tener semejante alquimia de chorros a presión, sonidos Zen y luces LED de última generación. Sepan los foráneos que los dos problemas álgidos de la urbe cochabambina son la escasez de agua y la recurrente pestilencia de la basura. ¿A cuántos barrios racionarán el preciado elemento para satisfacer las ridículas extravagancias de las autoridades? Sólo hay que darse un paseo por el centro de la ciudad y observar que las piletas o fuentes tradicionales apenas funcionan de vez en cuando.

Así las cosas, estas rutilantes estaciones de aguas dinámicas ya se han tragado aproximadamente cinco millones de dólares en su onerosa construcción. Otro imbécil capricho dizque para promover el desarrollo regional. A quién carajos le importa estar a la vanguardia de la industria del ocio y otras boberías de la contemplación como suenan estas “tres cibernéticas visitables, una cibernética ornamental y otra cibernética multimedia”, mientras hay demasiada gente que recibe su agua en turriles de sospechosos carros cisternas porque no le queda de otra.

 
Las obras, también se comparten como un buen churrasco, al parecer
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