17 febrero, 2016

3 Despidiendo el carnaval a pucherazo limpio

Puchero valluno, según receta de mi tía

El domingo reciente despedimos el carnaval de la mejor manera posible: degustando un platito en familia, lo demás son vainas. El día anterior se llevó a cabo el afamado Corso de Corsos, orgullo cochabambino que consiste en ir a sentarse todo el día sobre unas durísimas graderías de madera mientras llueve la espuma de todo lado y pasan comparsas de Caporales una y otra vez hasta el empacho. Más temprano, antes del mediodía, entran las unidades militares antiimperialistas disfrazadas de robots, superhéroes de Hollywood, abejitas u otros bichos para deleite de las masas. A esta mescolanza sin ton ni son le están haciendo campaña para que la declaren patrimonio cultural (a semejanza del Carnaval de Oruro), pues dicen sus promotores que es “única” y ciertamente llevan razón porque en ninguna otra parte del planeta se enorgullecerían de semejante despelote.

Perdonen que ahí no termina el despropósito. El espectáculo tal no es más que otro pingüe negocio para la Alcaldía que subasta cada metro lineal de las calles del recorrido entre grupos de comerciantes que se disputan, hasta de las mechas, los mejores sitios para revenderlos a su antojo. Según alguien me dijo, por un estrecho asiento en graderías cobraban hasta Bs. 150 (casi 22 dólares) y por una silla de plástico en los sectores más privilegiados (si es que se puede llamar así a un lugar sin sombrilla y a ras de acera incomodado por la infinidad de transeúntes que estorban la vista) exigían Bs. 250 o más. Perdonen que esté haciendo pucheros pero yo no acudiría a tal fiesta ni aunque me pagaran generosamente y tener que aflojar la billetera debe de ser para descerebrados o gente con plata. Es que hay gente con plata, por eso piden tanto, me corrige mi asesora financiera. Y callo.

Mejor gastar esos 150 pesos en tres o cuatro vinos de buena calidad para acompañar un sabroso Puchero, el plato que se acostumbra preparar en los carnavales, especialmente en los mercados vallunos. Cada fecha especial tiene su acostumbrado manjar para conmemorarla. Bolivia tiene más comidas que pueblos y ciudades, y me imagino que en los otros países de la región no son menos. Los largos días del carnaval se pasan saltando entre asados a la parrilla y mojazones con agua. El martes de ch’alla menudean los humos de los sahumerios y retumban los cohetillos en casas y negocios como encomendándose a la buena suerte y rindiendo tributo a la Pachamama con cerveza u otro licor. Es almuerzo de rigor el puchero, siguiendo la tradición. Para esos días se agota el k’awi (corte de pecho vacuno) en las carnicerías y los repollos se venden como pan caliente luego de ser despreciados todo el año. El durazno vale hasta su pepa como si fuera oro.

En casa preferimos esperar una semana más, para conseguir los ingredientes con toda calma. Unos tíos y su grupo familiar acostumbran reunirse una vez al mes, un fin de semana, en algún domicilio por turnos. El domingo tocaba ejercer de anfitriones a ellos. Qué mejor que un puchero que andaba antojándose mi tía y también los primos. Había degustado uno, días antes, pero me sumé al entusiasmo sin rechistar. Nunca me hago de rogar donde hay promesa de buen gusto y banquete. Y habrá vinitos, me anunciaron para terminar de hacerme feliz. Luego, mis orejas calentadas dieron absoluta fe de ello.

No sé si habrá preparación más morosa que la de este cocido popular. Toda la noche del sábado vi a mi hacendosa tía efectuando los preparativos y noté que su cocina estuvo con luz hasta medianoche. No es para menos alistar esto y aquello, entre otras cosas, remojar y moler el ají amarillo, remojar los garbanzos y el chuño, adobar la carne y otros menesteres de ancestral cocina. Al día siguiente, al mediodía fueron llegando los invitados.  Una sopa del apreciado k’awi fue el aperitivo para los que se apuntaran y refresco de mocochinchi (durazno seco) para la sed. Yo no caí en la trampa y eso que no había probado nada desde el desayuno. El plato fuerte es mi fuerte, valga el sinsentido.

Me colé en la cocina para observar el proceso de servido. Sobre una cama de láminas de repollo hervido pusieron papas blancas, chuño y tunta (chuño blanco). A continuación una capa de arroz en su punto ligeramente aguanoso y encima la carne previamente cocida en filetes. Terminaban la decoración un durazno cocido y motas de garbanzo, todo generosamente regado por la salsa ligeramente picante del ají amarillo. El toque agridulce del repollo con esa combinación de arroz y chuño me sumió en el mar de los placeres. ¡Y el k’awi, qué suavidad de carne por una vez! Preferiría no contaminar el paladar con la textura dulzona del durazno (otros hasta le suman una pera). Tanto disfruté que hasta repetí plato con gallardía. De postre sirvieron una especie de budín con maracuyá, ácido y macanudo, escaso y en su punto menos sólido. Daban ganas de aplaudir pero sólo se podía murmurar de puro deleite.

Destaparon las botellas. No miré los refrescos ni siquiera en jarra. Raro placer pavloviano anticipa el ruidito característico del corcho saliendo de prisión. Vino tinto para sosegar la sobremesa, como para alegrarse de estar vivo. En esas circunstancias nadie me mueve de mi sitio. Impagable sensación de saber que el vino manara de cualquier botella para sortear unas partidas de cacho más adelante, mientras sonaba de fondo el último concierto de Los Chalchaleros.


11 febrero, 2016

4 Evo y la Lewinsky plurinacional


La nueva aventura en que se ve envuelto don Evo Morales Ayma, refuerza cada día la idea generalizada de que es un auténtico caballero ecologista, habida cuenta de que es todavía el máximo dirigente de los orgánicos cultivadores de coca del Chapare, además de considerarse acérrimo defensor de la naturaleza  y, sobre todo, por tener aparente debilidad por las flores recién brotadas. Es de conocimiento popular que Su Excelencia siempre deja algún flechazo en corazones núbiles al recorrer cada pueblo u otro rincón de su reino plurinacional.  ¿Acaso no han oído, de su propia boca, que él no se había casado con ninguna mujer porque estaba casado con Bolivia?

Pocos años atrás, por maliciosas intrigas de la derecha vendepatria o por maquinaciones del imperialismo que nunca duerme, al paladín de la reserva moral de la humanidad, se le acusó de tener amoríos con una menor de edad, hija de una ministra quien, coincidentemente a partir de ello tuvo un poder sobrenatural sobre S.E., a tal punto que la defendió contra viento y marea cuando se destapó meses atrás la inmensa olla de corrupción del Fondo Indígena del cual esta señora era la máxima autoridad ejecutiva. Como todos saben, cayeron unos cuantos pelagatos al talego y la “suegra del presidente” (como es conocida por lo bajo) fue retirada discretamente y ahora goza desde las sombras.

Así pues, S.E. seduce con su mayestático encanto a toda flor que se le atraviese en el camino. Una publicación internacional afirma que, en una de sus correrías de joven por el continente, dejó un amor en Querétaro mientras participaba en alguna ceremonia de la lluvia o cosa parecida de esas cumbres alternativas a la que él es tan afecto. Que el presidente se enamore como un chavalín nos vale huato -que no los huatos del calzado que le atan sus edecanes de seguridad-, y quiénes sean las pasantes o becarias de su corazón peor aún, que el mundo está lleno de arribistas y eso no debería ser noticia.

Lo que sí debería preocuparnos, es que un gobernante afecte a todo un país por culpa de sus hormonas. No es cosa de chiste que el presidente se vea inmerso en un escándalo con ribetes clintonianos y más aún cuando están en juego millones de dólares. Fiel a sus costumbres, allá por el 2006, el caudillo recién entronizado se había prendado de una desconocida de diecinueve años con la que tuvo una relación fugaz. Pasó el tiempo y la joven conquista salió estas semanas a la luz pública convertida en la nueva diosa del Olimpo masista, con un palmarés envidiable de modelo, ejecutiva de negocios y dos rutilantes profesiones para tapar la boca a cualquier incrédulo. Sin trayectoria empresarial ni herencia familiar conocidas, resulta altamente curioso el suntuoso nivel de vida al que la dama se había acostumbrado, como el vivir en una casona tomada en anticrético por cien mil dólares en una zona burguesa de La Paz, mucho más que el valor de compra de un apartamento promedio.

Algo de extraordinario en ella debieron detectar algunas transnacionales, como la china CAMC Engineering, para sumarla a su plantel de altos ejecutivos y encargarle el manejo de contratos vinculados al Estado boliviano y cuyo alcance o volumen de operaciones supera los quinientos millones de dólares. Qué les habrá pasado a estos chinos tan legendariamente desconfiados, para dejar que una joven inexperta (a sus tiernos 26 años) maneje negocios tan importantes en su nombre, y eso que tampoco habla chino. Ni hao…

En medio de la polémica, el presidente Morales aseguró rotundamente que no tenía nada que ver en el asunto. ¿Qué tráfico de influencias?, eso es cuento chino inventado por la oposición, le faltó decir, asegurando que él no sabía que una empresa china había empleado a su exnovia, a la que no había visto desde 2007 además de perder todo contacto, se encargó de recalcar en una conferencia de prensa. A las pocas horas circuló en las redes una fotografía tomada en 2015 donde se lo ve felizmente abrazado a su ex en el Carnaval de Oruro en medio de muchos testigos (foto superior). Pillado otra vez en su mentira el profeta del “ama llulla” aún tuvo el coraje de hacerse al distraído: “ustedes saben en las fiestas se acerca la gente para sacarse fotos con el presidente, yo vi a una mujer que no recordaba bien, cara conocida que se me acercó y era la Gabriela”. No la había reconocido cabalmente…¡a la mujer con la que tuvo un hijo!

Y, si después de esta flagrante y grotesca muestra de corrupción que le implica directamente, el pueblo le da el beneplácito para su reelección indefinida -en el referendo del 21 de febrero-, entonces no merecerá llamarse pueblo.
 
Ministro de cabecera traduciendo al presidente (meme)



04 febrero, 2016

4 La plaza de la discordia (segunda parte)

Foto de 1910: por el auspicio les habrán rebajado en las baldosas, supongo
Parece que ni la gigantesca influencia que, desde el cercano cerro San Pedro, ejerce el Cristo de la Concordia pone de acuerdo a los cochabambinos en torno al uso que se le debe dar a la plaza principal de la ciudad. Al día siguiente de su reapertura al público, ya empezaron los amagues de enfrentamiento entre los ociosos activistas que quisieron retornar a sus labores y grupos de comerciantes aliados del alcalde que entre insultos y empujones querían desalojarlos del lugar. La policía no apareció por allí y eso que tiene oficinas a unos pasos del sitio. Afortunadamente el asunto no pasó a mayores. Pero llovieron las amenazas, mucho más que el diluvio que la ciudad padeció estos días, de enjuiciar al alcalde y a su entorno por sus intenciones de “privatizar” un espacio común a todos y, lo que es más absurdo todavía, por rasgos evidentes de racismo y discriminación que, según afirman las mentes más lúcidas del masismo local, emanan del reglamento recién redactado. No faltó algún activista del animalismo que se quejó de que prohibieran el ingreso de perros al recinto, ya que estos son un integrante más de cualquier familia, por tanto con plenos derechos, según dio a entender inequívocamente. Menos mal que las palomas tienen alas y pueden copar sitios a su aire y, por supuesto, apareció otro alarmista anunciando que el alimentarlas iba a ser prohibido también.

Unas baldosas y unos cuantos postes y, ¡zas cholita!... se hizo el milagro

Pero la intención nuestra no era terciar en estos intríngulis de costumbrismo regional. Más bien queríamos desentrañar en qué consistía la “revitalización” de nuestra plaza histórica que con bastante ruido mediático fue anunciado meses atrás, muy venida a menos en los últimos tiempos por los usos y abusos de sus pobladores y visitantes. Ayer mismo, al mediodía, enfilé los pasos al lugar, portando mi cámara, con aires de turista del interior del país para que no se me notara lo cochabambino.  No vaya a ser que algún gendarme municipal me quisiera impedir tomar fotos como le ocurrió a un fotógrafo de un periódico que a empellones lo quisieron desalojar funcionarios prepotentes por meter las narices sin permiso.

Monumento central con el cóndor 'revitalizado' a plan de pintura


Y ciertamente certifiqué lo que un amigo me había comentado, no había ningún cambio sustancial apreciable: ni funcional ni estético, ni mucho menos de espíritu. La famosa revitalización había consistido en la transformación de las calzadas norte y sur en paseos peatonales; aparte de darle una nueva mano de pintura a la estatuilla del cóndor y el colocado de cadenillas alrededor de su columna, nuevas rejillas a los jardines, podado de árboles y otras florituras, plantar algunos postes de luz y repartir bancos por doquier. Me cuesta creer que se gastaron más de un millón y medio de dólares en baldosas (ni que fueran marmoladas tipo Carrara), compra de banquetas de fierro forjado, baldes de pintura, farolas, luces de piso y otros materiales. Se supone que los obreros y maquinaria son del propio municipio y los jardines y su cuidado corren a cargo de la sección de Áreas Verdes. ¿Dónde se destinó el resto del dinero? ¿en “socializar” la idea y sus alcances a través de los medios audiovisuales? ¿en los agasajos resonantes por la reapertura?

Quisieron hacer jardines a la francesa y les salió esto


En resumidas cuentas, lo que en mis tiempos se llamaba una simple remodelación o restauración arquitectónica, hoy cobra visos de “mega-obra” con implicancias de modelo a imitar en todas partes. Vital diferencia. Así que ya mismo voy a revitalizar mi cuarto pintándolo de otro color, a poder ser más alegre para darle nueva vida y, de yapa, redistribuir el mobiliario para que no sea tan deprimente. El que no parece deprimido es nuestro inquietísimo alcalde que, entre tantas obligaciones del cargo, no se olvidó de mandar a colocar una gigantografía en una de las esquinas de la plaza, con su retrato plenamente revitalizado; a plan de Photoshop, supongo. 

Siguiendo los pasos del inefable Cholango

El mal gusto al poder: un tubo con filigranas para que tenga pinta histórica

Entretanto, la catedral aguarda que alguien la revitalice


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