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Dando inicio a su mandato histriónico, perdón,
“histórico”, al frente del G-77
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En una estampa digna de una
película de Cantinflas, el líder supremo del estado plurinacional fue
proclamado presidente pro tempore de la organización más plurinacional del
planeta: El G-77, un exótico conglomerado de países subdesarrollados que
actualmente alberga en su seno a 133 miembros, a cada cual más exótico y más trascendente
que la isla de Perejil, de la cual se dice que una vez finalizado su proceso de
separación del decadente reino español tendrá un sitio de honor en la organización,
siguiendo la estela de las islas Vírgenes, el reino de Tanga, ups, quise decir
Tonga, el atolón Bikini o lo que queda después de haber sido desgarrado por los
ensayos nucleares de los yanquis.
Había oído de pasada este cabalístico
nombre que más parece el de un grupo esotérico fundado por Madame Blavatsky. En
un mundo inundado de tantos organismos que solo sirven para dar trabajo y viajes
de placer a numerosos burócratas, me da pereza enterarme de sus fines (¿alguien
recuerda al club de los Países no Alineados?) Así pues, este pintoresco - por
lo inútil y colorido de sus afanes- club de repúblicas bananeras, cocoteras y
arroceras del planeta que, según el lenguaje hipócritamente correcto propiciado
por el primer mundo se hacen llamar pomposamente “países en vías de
desarrollado”, ya cumple cincuenta años de trayectoria tan plana y tranquila
como una playa polinesia. Considerando el medio siglo trajinado por esa difusa vía
uno se pregunta cuándo va a finalizar el mentado desarrollo. A ritmo de caracol,
quizá.
"Para el pueblo boliviano, el 8 de enero de 2014 es un
día histórico e inédito por confiarnos presidir y coordinar este año el G77", dijo Evo el Austero durante el acto celebrado en
la sede de Naciones Unidas, satisfecho hasta el último pelo de su rebelde
caballera, rebelde por doble partida. El chinchoso cabildeo de los embajadores
de la UNASUR, la CELAC, ALBA y otros aliados finalmente rindió sus frutos para
envanecer más la figura evanescente del ubicuo líder antiimperialista,
desesperado por seguir trascendiendo mas allá de su revolución arcoíris. Como
se sabe, a partir de su ascensión al poder, cada paso que da es histórico además
de inédito, aunque sea sonarse la nariz en su camarote volador o meter un gol
en cada cancha que inaugura. De ahí que el dato de que en 1990, el país ya
presidió este organismo es mera anécdota histórica y no vale para los registros
oficiales. Antes vivíamos en las tinieblas de la prehistoria hasta que llegó la
luz y se inauguró un nuevo tiempo, una nueva era.
“Asumir la presidencia del G77 es una importante
responsabilidad y estoy seguro de que la experiencia, las habilidades
diplomáticas y el liderazgo de Bolivia ayudarán a consolidar y avanzar la agenda
de este grupo”, afirmó el
presidente de la Asamblea General, John Ashe, un burócrata más cenizo que el
clima londinense, al tiempo que se ganaba con su zalamera bienvenida-muy de
manual, eso sí- el agradecimiento eterno del reencarnado Pachakuti y de los
espíritus tutelares que lo acompañan. Por lo pronto, la agenda ya reservó
velozmente el compromiso de una nueva cumbre a efectuarse en junio en la tropical city de Santa Cruz de la
Sierra, cuna de las reinas de Bolivia y de la mejor carne, capaz de competir
con tierras gauchas. En esas condiciones, quién no quisiera ser delegado para
viajar cada año a un destino exótico con la excusa de representar a su país. Salvo la obligatoriedad de
escuchar los monótonos y adormilantes discursos, lo demás sabe a paseo. Con
todos los gastos pagados, qué privilegio.
Entretanto, ni corto ni
perezoso, Morales, tan camaleónico como es, se transformó súbitamente en el patriarca
Moisés, lanzando su decálogo de hipersabiduría para poner en cintura a todo el
mundo, pecaminoso e inmerso en una ola de consumismo y sometimiento a las
grandes potencias. Hacía falta la necesaria moraleja de la “reserva moral de la
humanidad”, como lo pintan algunos emplumados, para reconducir el timón del
barco sin rumbo en que se ha transformado todo el planeta. He aquí los 10
mandamientos que serán grabados en piedra para recordatorio de la humanidad
entera. (Si esto no parece lenguaje cantinflesco, me hago evista al rato).
Las diez
propuestas
* Del desarrollo sustentable al desarrollo integral en
equilibrio con la Madre Tierra.
* Refundar la democracia representativa, participativa y
comunitaria que democratice la riqueza.
* Los servicios básicos como un derecho humano internacional.
* Descolonizar la economía, la cultura, los saberes, el mundo.
* Erradicar el hambre de los países del sur con soberanía
alimentaria.
* Ciencia y tecnología al servicio de los pueblos y la humanidad
para Vivir Bien.
* Nueva arquitectura económica y financiera mundial frente a la
crisis del capitalismo.
* Soberanía de los pueblos sobre los recursos naturales.
* Instituciones internacionales para los pueblos.
* Integración complementaria y paz en las relaciones
internacionales.

