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| Foto: Opinión.com.bo |
Como todo primer domingo de septiembre,
se armó la fiesta más descontaminadora del planeta, dónde más sino en el valle
de mágico encanto, corazón del corazón de la Madre Tierra, capital de las
flores en maceta, de la inefable chicha, de las pailas de chicharrón a la vera
del camino. Que sepa el mundo que la capital gastronómica de Bolivia no
solamente atesora atletas de estómago incansable y excelsos historiadores de la
picardía local, sino también ciudadanos conscientes que, por lo menos una vez
al año, están dispuestos a subir sus hermosos michelines al lomo de una
bicicleta a la par que van luciendo sus piernas de zancudo. Qué mejor que sus
autoridades (foto) para ilustrar las bondades de un pueblo. Todo sea de buen
rollo ¡eh!, por si las moscas.
Como que madrugó el caudillo de las 36
naciones para llegar hasta nuestra ciudad y poder encabezar el pelotón junto a
sus fieles escuderos el alcalde Cholango y el gobernador Novillo. Durante veinte
kilómetros que contemplaba el trayecto Sacaba-Cochabamba-Quillacollo, es decir
el eje metropolitano, fueron ovacionados y constantemente jaleados por los
espectadores que provistos de banderas azules y pancartas del partido alentaban
el tremendo esfuerzo de los guerreros ecologistas. Con la lengua afuera y una
que otra lomita que remontar, finalmente arribaron hasta la meta que según el
alcalde fue difícil seguir el ritmo del presidente, un “verdadero atleta” para
estos menesteres. El mismo prometió
que al día siguiente se iba a efectuar una medición del aire para saber cuánto
se había descontaminado. Sin duda otro hito que marcará a generaciones: Evo
pedaleó para purificar el aire de Cochabamba como en su momento Mao nadó en un
rio chino con el mismo propósito. Lástima que el Rocha apenas sea un arroyo
negro, décadas que seguimos esperando que alguien lo descontamine.
Tan contento estaba el supremo
protector de la Pachamama y orgulloso de que los cochabambinos guarden sus
coches para que “la Madre Tierra descanse por lo menos un día”, que anunció a
los cuatro vientos que llevaría este proyecto al mismo seno de la ONU para que
se declare el Día Mundial del Peatón: "El
gran deseo que tenemos con nuestro hermano canciller David Choquehuanca es que
esta propuesta de que cada primer domingo de septiembre no se usen movilidades
(vehículos), se lleve a las Naciones Unidas". Como verán, lo que aparentemente comenzó como
una broma de unos juerguistas que decidieron echar carreritas para curar los
alcoholes hoy tiene visos de resonancia universal. Eso sí, haciendo honor hacia
aquella cualidad bien cochala de apoderarse del éxito ajeno, los impulsores de
hoy (con ley específica de por medio para darle solemnidad) ni se acuerdan del
Comité Cívico y otros próceres de la bicicleta, quienes al darse cuenta de que
la ciudad era plana decidieron dedicarle un día especial.
Yo no sé si los demás países serán tan irresponsables de
paralizar su economía por motivos ambientalistas de un día, figúrense que las
tres ciudades más importantes del país se vieron obligadas a cerrar sus
arterias, además de prohibir la circulación de buses y camiones entre las
mismas (que se joda la carga internacional) porque de pronto los ciudadanos y
sus ilustres autoridades tomaron conciencia de lo mal que tratamos a la
naturaleza y de lo poco que respetamos el espíritu de convivencia. Apagamos los
motores y los ruidos por una jornada, para que al día siguiente volvamos a contaminar
visual y acústicamente las plazas y
otros sitios públicos como ocurrió ayer lunes en la plaza Colón, otra vez inundada
de casetas y música de cumbia chicha a todo volumen. Cómo no, promocionando
masitas y otras cosas que llevarse a la boca.
Qué brutos que son los demás países que no adoptan hasta
ahora estas pintudas iniciativas como las nuestras. Ellos prefieren construir
vías exclusivas para los ciclistas e integrarlas
al sistema de transporte como se puede apreciar en Bogotá y otras ciudades.
Aquí somos más originales que la chancleta, preferimos paralizar todo para
comprar una jornada de conciencia y tener un cheque en blanco el resto del año.
Tantos coches tendremos que vivimos en la cuarta ciudad más contaminada de
Latinoamérica, sin siquiera llegar al millón de habitantes. Ni un solo metro se
ha añadido a la ciclovía que un anterior alcalde comenzó y ahora yace
semiabandonada a merced de la maleza y, en algunos trechos como en la avenida
Blanco Galindo, con comideras que la invaden esperando a los borrachines de los
bares, incluso he visto alguna vez una enorme camioneta americana ocupando la
mitad de la estrecha vía.
No existe ni un sólo carril bici por el centro de la ciudad y
pretendemos que la gente haga uso de la bicicleta. Yo no voy a comprarme una
para desempolvarla tres veces al año, y sumarme como borrego a la multitud de
entusiastas ocasionales, que no solamente salen a pedalear sino también a
atiborrarse de comida al paso. De vida saludable nada. Toda la energía ahorrada
en el silencio de los automotores se va en el esfuerzo que cuesta al día
siguiente limpiar los montones de basura. Eso sí que nos retrata: campeones
para ejercitar la mandíbula y dejar nuestra ciudad como un chiquero. ¿Aire
limpio?...permítanme que me tape la nariz y me ponga el dedo a la boca.


