31 agosto, 2016

2 Un almuerzo criollo de agradecer

Chairo paceño, que deber ser consumido en caliente, mejor humeante

Como mi cumpleaños cae hoy -desabridamente a media semana-, se me ocurrió festejarme (digo bien festejarme porque nadie sabía tal cosa) por adelantado el pasado domingo, colándome en el almuerzo especial de fin de mes que acostumbran unos parientes. No es que estaba gorroneando en tal reunión, sino que fui expresamente invitado por mi prima anfitriona. Sabiendo que se iban a degustar unos vinos me apunté al instante y ni siquiera se me ocurrió preguntar por el menú como usualmente hago. Por un buen vino sería capaz de ir a buscarlo en la misma cava del diablo.  

Para no llegar con las manos vacías me ofrecí de voluntario para aportar unos refrescos naturales. En el refrigerador se me acumulaba hace una semana una media cuartilla de tumbos maduros y qué mejor ocasión para aprovecharlos, me dije, mientras procedía a lavarlos a media mañana. Preparar para mí solo nunca me ha llevado más de quince minutos, pero ya para una veintena de comensales había sido trabajosa la faena de pelarlos, licuarlos y pasar la pasta líquida por un fino colador me tuvo atareado un buen rato. Con todo, me salió una provisión de unos siete litros que, según me informaron más tarde, fue un éxito arrollador pues no quedó ni una gota sobrante. Las variadas gaseosas que quedaron, algunas sin abrir, dan fe de ello. ¡Qué tipo más bajo! diría un primo, al estar alabando mi pan, digo mi agua. Pero vean ese atractivo color naranja de la jarra con esa fragancia exótica que tienen las frutas que son de la familia del maracuyá. Y de su insuperable sabor ni hablemos, con decir que si yo me mudara a un país extraño, llevaría, aunque sea de contrabando, unas semillitas de mi adorado tumbo como si fuesen habichuelas mágicas.

Marraquetas y refresco de tumbo, lo mejor para acompañar cualquier sopa

De entrada nomás nos recibió un oloroso chairo paceño. Qué delicia de sopa con neutrales granos de maíz pelado que resaltan aun más el inimitable sabor terroso del chuño desmenuzado. Un insignificante producto de la Pachamama (papa liofilizada, llaman los entendidos) es hoy uno de los manjares de la cocina nacional. Era imposible no repetir semejante potaje ancestral que, por el color, parece brotar de la tierra misma. Iba a agradecer a los dioses andinos por tan magnífica herencia pero extrañé sobremanera las habas verdes que acentúan el contraste con los negros chuños y los maices blancos. Por un momento pensé que era víctima de “descolonización” alimentaria, pero había sido simple consideración hacia los chicos que no comen verduras, se justificó la cocinera.

Después de tan suculenta y doble ración de sopa me tuve que esforzar para no despreciar el plato fuerte: el chuletazo de res sabía bien, con choclos fuera de temporada y ensalada estilo griego (tomates, cebollas y quesillo desmenuzado), si no fuera por el desempate oloroso que ofrecen unas buenas hojitas de quillquiña. Brindamos a la salud de ninguno y de todos. La tarde se antojaba calurosa y sumamente larga. El vino me hizo efecto. A hurtadillas rajé de allí para entregarme a una buena siesta. Que más tarde llamaron al café con empanadas y cuñapés ya no me apeteció. 


24 agosto, 2016

2 Cochabamba y sus nuevos arcos de bienvenida

Puente 6 de Agosto y su gemelo al fondo (igual de inservible aunque no se haya caído)


A casi un año del colapso del tristemente célebre puente de la avenida 6 de Agosto,  hace unos días fui a conocerlo en persona y presentarle mis respetos a tan sobresaliente obra de “arte conceptual” (como en ese entonces sugirió un amigo en que debería convertirse,  al ver las imágenes).  Recordemos que el papeleo y la guerra de acusaciones entre los responsables del engendro urbanístico (que por muy poco derivó en auténtica tragedia) y los burócratas de la Fiscalía, duraron más de seis meses mientras se decidía qué hacer con los armatostes  retorcidos, legado funesto del exalcalde Cholango. 

Luego de profundas cavilaciones, análisis al centímetro, tomas de muestras infinitas y otras meticulosas investigaciones, en las cuales no faltó la convocatoria a puentólogos argentinos y otros expertos extranjeros, amén de la inevitable verborrea de políticos y otros opinadores de distinto calibre que gustosos añadieron su cuchara a la sopa, finalmente las autoridades del municipio obtuvieron el permiso necesario para meter mazo al asunto, aunque parcial, para lo cual se contrató a una empresa especialista en demoliciones. ¿Cómo se le pudo caer el puente, precisamente a una constructora experta en puentes, con más de treinta años de antigüedad como andaban pregonando en la televisión en aquellos días posteriores al desastre? ¿Habría que puntualizar que son gajes de la experiencia, mientras nos encogemos los hombros y tiramos la plata a millones?

Después de que la empresa demoledora cortó la plataforma maltrecha y retiró los cables sueltos y otros escombros, hoy cualquiera se puede hacer una idea más cabal de la vergonzosa chapuza de los constructores e incompetencia de las autoridades encargadas de supervisar la obra a medida que se iba construyendo, por todas partes asoman los indicios de que hubo engaño en los materiales utilizados y falta de cumplimiento de criterios profesionales. En resumidas cuentas, sólo hace falta ver como quedó la obra, hoy mutilada, para sospechar la existencia de negociados y otra suerte de irregularidades desde la adjudicación hasta el estreno mismo. Sirva como ejemplo, que al observar las uniones entre la losa de la plataforma central y los pilares iniciales que la sostenían, eran de un grosor parecido a las losas entre pisos que se vacían en unos edificios normales. ¿Con eso pretendían sostener vehículos de 35 toneladas y, para peor, sin columnas u otras estructuras de apoyo, aunque cables tensados auxiliaran desde unos arcos arriba? La misma delgadez de los cables sujetadores debió de llamar la atención desde el primer momento a los supervisores y la alcaldía que tiene todo un ejército de ingenieros y arquitectos a sueldo no hizo nada al respecto. No es de extrañar que recién estrenado el viaducto se haya venido abajo con las primeras vibraciones del paso de vehículos.

Entre la losa del edificio y el grosor de la losa del puente no había gran diferencia 


Entretanto, nadie es responsabilizado o por lo menos sentado en el banquillo de los acusados. El exalcalde Cholango se pasea con su grupo folclórico por todo el país y circula por las calles cochabambinas sin mínimo de rubor, muy convencido de su “buena fe” con que adjudicó los contratos, como aseguró en toda entrevista. Su mismo oficial mayor técnico, hoy concejal aunque suene increíble, aparece cada tanto, con su sonrisita burlona, deslindando responsabilidades y echando la culpa a sus sucesores. 

Por otro lado, el furor inicial del actual alcalde Leyes de “demoler la corrupción” caiga quien caiga, quedó en mera alharaca con que inauguró su gestión. No sabemos en qué quedaron las investigaciones, pero sí sabemos que nadie ha sido arrestado. Por el volumen del desastre, por los millones que se despilfarraron, los autores bien merecerían sanciones ejemplarizadoras de cárcel. La empresa constructora debería de inicio devolver el dinero, sin entrar en sanciones y compensaciones. Pero a lo mejor, tal vez sus dueños están esperando que se les otorgue una medalla de reconocimiento, ya que está cerca el aniversario departamental, por tan rutilante obra de deconstrucción, atendiendo a las contemporáneas modas conceptuales que sacuden el mundo del arte. Gracias a su visión artística, la ciudad cuenta hoy con un nuevo atractivo y, por si hiciera falta con su puente gemelo, ya que no sirven para el paso de vehículos, bien pueden cumplir la maravillosa función de arcos de bienvenida a la Llajta. Por unos módicos cuatro millones de dólares que costaron los esperpentos, digo, los monumentos. 

A la remoción de escombros y limpieza del lugar, el alcalde Leyes llama "reconstruir".

18 agosto, 2016

2 El alcalde Leyes y sus ‘maravillosos’ autorretratos

A veces creo vivir en el fabuloso reino de Katanga, si no me creen vean abajo (Los Simpson)

Aun me sigo preguntando quién habrá sido el señor Rojas Mejía como para que un centro de salud lleve su nombre, tal vez fue un patricio o meritorio ciudadano cochabambino del que no conocemos ni siquiera su foto o un busto en su defecto. Sin embargo, según mis archivos fotográficos, parece que el buen hombre ha sido retratado no una, sino dos veces y por dos fotógrafos distintos, de otra manera no entendemos el cambio radical de su apariencia en tan corto tiempo (ver figura 2).

Las dos caras de una misma persona, un enigma para la ciencia
A poco de asumir el cargo, don Marvell José María Leyes Justiniano, tal vez inspirado en su bienaventurado nombre, empezó a actuar de las mil maravillas. Lo primero que hizo fue borrar todo rastro de su predecesor, esgrimiendo como látigo purificador su lema de “Hagamos bien las cosas”, y bien que lo hizo (si se entiende de otra forma) nombrando a personajes de dudosos antecedentes en puestos claves de su administración que, por ser de conocimiento público, no viene al caso detallar. Conviene más bien detenerse en su vergonzoso modus operandi a la hora de atribuirse obras ajenas, así como la de plagar toda la ciudad con sus retratos a título de informar a la ciudadanía.

Todo empezó con la inauguración de las millonarias fuentes de agua “inteligentes”, que un alcalde interino no terminó por un escaso par de semanas. Leyes, recién estrenado su sillón edil, aprovechó la ocasión para concluir los retoques estéticos y, de paso, le puso su sello personal bautizando a las fuentes con denominaciones de lo más ñoñas, a manera de gestión, convocando al mismísimo Evo Morales para que le ayudara a cortar la cinta de apertura, mientras se disparaban las baterías de fuegos artificiales y se embobaba a la muchedumbre con bombos y platillos. El sentido común mandaba estrenar el sitio con mesura y poco ruido, considerando que la obra era un gasto superfluo y, a todas luces, estúpida (por la escasez de agua en la ciudad) y que por compromiso institucional con una empresa extranjera había que concluir de todas maneras. A pesar de ello, el flamante alcalde armó la fiesta a toda pompa, y en medio de los discursos el caudillo le recordó que las fuentes eran inspiración de su amado compadre Cholango y de nadie más.

Pero parece que nuestro novato burgomaestre no aprendió la lección, ni tiene un mínimo de respeto por sí mismo, pues al poco tiempo se dio a la tarea de remover carteles donde figuraba el anterior alcalde, para reemplazarlos con su respectivo rostro engarzado en casco de obrero para que todo el mundo se hiciera a la idea de cómo trabajaba el hombre. En apenas un año y poco más, ha inundado el municipio con gigantografías a todo color donde sobresalen con nitidez su hermosa jeta y su inagotable sonrisa. Y lo increíble de todo, por hacer tareas rutinarias, las que atañen al cargo para el que ha sido elegido. He ido paseando por diversos barrios y allí donde se cambian unas tuberías de alcantarillado, se efectúan mantenimientos de parques (“mejoramiento de áreas verdes” le llaman), o se vuelve a asfaltar calles y avenidas ("construcción de recarpetados", ¿?)  con sus respectivas pintadas y otras señalizaciones de tránsito, entre otras labores de obligada necesidad; los vecinos seguramente se santiguarán ante su fotografía y le agradecerán por el “progreso que llega a su barrio”, según rezan los letreros.

Dan ganas de reír por tan obscena exhibición y autopromoción como si no bastara que periódicamente pasen por las cadenas de televisión, spots supuestamente informativos donde aparece nuestro héroe besuqueando niños, abrazando ancianos, consolando a bomberos agotados o dirigiendo obras en plan capataz mientras los tractores rugen. Todo lo que cualquier político oportunista hace cuando está en plena campaña, que abiertamente nuestro alcalde ha mezclado con sus funciones edilicias. Tampoco extraña tal proceder ya que el joven burócrata se ha convertido en el mejor discípulo o émulo de Evo Morales, quien inauguró su populismo a punta de gigantografías y retratos por todo el territorio nacional. Lo que de veras indigna es que con el dinero de los contribuyentes, a través de los impuestos, arribistas de toda laya se labran una carrera política y, con toda probabilidad, una prosperidad económica. Cuidar el sentido del ridículo es lo de menos, que los politiqueros lo tienen permanentemente atrofiado, tal parece.

Y así voy trajinando las calles de mi ciudad, topándome a cada paso con los mofletes de nuestro satisfecho alcalde. Ayer mismo fui a conocer los horrorosos armatostes de hormigón de la zona comercial de La Cancha. Los dichosos viaductos que iban a ser las “obras estrella” que el mafioso Cholango encargó a empresas chinas cuando fungía de alcalde y que por diversos motivos su construcción demoró más de lo previsto, de tal manera que Leyes aprovechó la ocasión para inaugurar parcialmente uno de los puentes, adornando el lugar con el cartel respectivo y mandando a colocar una plaqueta metálica donde figura su nombre exclusivamente junto a unos caracteres chinos. ¡Por estrenar una obra llave en mano!, negociada por la administración anterior, a la cual únicamente le añadió unos rosetones de plantitas en las jardineras, unos bancos de madera enfrente y la instalación de las luminarias de rigor. A pocos kilómetros de casa, los contratistas asiáticos están apurando las obras para que en septiembre se termine el distribuidor Beijing,  quizá el más elevado de su tipo en Bolivia. No bien empezaron a retirar los encofrados y algunos andamios, el oportunísimo alcalde Leyes mandó a colocar sus carteles en los cuatro puntos cardinales de la gigantesca construcción, como si fuera el arquitecto intelectual de todo el asunto.

Pocos días atrás, con el sol a plenitud escapaba del sopor pestilente del centro de la urbe, desde la ventanilla del minibús pude atisbar una hilera de flamantes camiones cisterna, estacionados a un lado de la avenida Blanco Galindo. ¡Menuda sorpresa!: reconocí al instante la sonrisa estampada de nuestro ubicuo alcalde. La ocurrencia de su nefasto antecesor, de bautizar unos carros basureros con su apodo (Cholango), había quedado en poca cosa. Nuestro maravilloso y activísimo Leyes también jugaba a generoso filántropo con el dinero de la ciudad.









El colmo de la desfachatez (foto de Urbana Web)



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