27 septiembre, 2011

8 El “Niño” Torres en su laberinto


Getty Images
Luego de un impresionante debut en la Liga Premier en filas del Liverpool, donde asombró a propios y extraños, estableciendo marcas que no se registraban en años, el atacante español se convirtió a fuerza de goles y regates en ídolo de los exigentes aficionados Reds, quienes agradecidos compusieron un himno para “The Kid" Torres y como dijo un periodista conocido mío, a tal punto iba la admiración por él que no faltaron algunos que bautizaron a sus hijos como Fernandos.
Arrancó su carrera deportiva en el Atlético de Madrid, donde por su ascendencia-pese a su corta edad- se apoderó de la capitanía del equipo. No obstante,  la incapacidad del conjunto madrileño de alcanzar cotas más altas en la Liga y por ende en campeonatos europeos,  provocó que el joven Torres se aburriera en casa y ante la posibilidad de estancarse su juego, sus representantes empezaron a buscarle equipos de mayor envergadura.
En ese entonces se decía que Florentino Pérez, lo quería en sus filas, pero el Niño,  fiel a su amor rojiblanco, declaró con el desparpajo de su edad: “Antes le digo el sí a mi novia en el altar que a Florentino para ir al Madrid”. Toda una declaración de principios que pocos deportistas hacen suyas. Se hablaba del interés del Chelsea, al final entre tanto baile mediático, el Liverpool se hizo con sus servicios. Lo demás fue: llegar, mirar el panorama y triunfar a lo grande.
Todo delantero vive de sus goles, inevitable premisa que puede convertirse en cara o cruz de todo jugador de estas características. Con el Liverpool, marcó más de 80 goles en apenas tres temporadas, considerando la dificultad del balompié inglés,  donde rara vez se producen goleadas, es sin duda un palmarés más que notable. En enero de 2011,  finalmente el ansioso Chelsea  se lo llevó a su barrio londinense luego de pagar la cifra más alta para un jugador español. Desgraciadamente su rendimiento ha sido pobrísimo, con apenas 3 goles en lo que va de la gestión, tanto, que veían con ojos preocupantes un nuevo “caso Shevchenko”. Se han barajado distintas causas de su pobre actuación. No se le puede reprochar absolutamente nada acerca de su vida personal. En esta época donde no pocos jugadores sucumben al divismo y la vida nocturna, Torres es ejemplo de discreción y corrección, dentro y fuera de la cancha.
Entonces,  ¿a qué se debe esa sequía goleadora en la última temporada?
-Los médicos y psicólogos del fútbol, dirían que sus continuas lesiones le restan ritmo y minutos sobre el campo que se traducen en un discreto rendimiento físico y que repercute inevitablemente en un ensimismamiento y bajón anímico del atacante. A esto hay que sumarle la dificultad de relacionarse con sus compañeros blues a los que aparentemente tildó de “lentos”.
Burla de los aficionados del United luego de haber fallado un gol increible-Getty Images
-Los estudiosos y cronistas del fútbol, dirían que Torres es un atacante raro, sin olfato goleador, de rachas, de esos que en una temporada lo rompen todo y en otra desaparecen del mapa. Capaz de meter goles finos y antológicos o aparecer en el infausto y vergonzante  Not Top Ten de la semana.
-Los supersticiosos hablan de la Maldición de Anfield, ya que el Niño se cansó de repetir que continuaría en los Reds. Al final pidió ser transferido a toda costa, con el argumento de que el Liverpool ya no estaba para obtener títulos,  lo que fue interpretado por los aficionados rojos como una traición. Entre muchas muestras de repudio, quemaron su camiseta, que hasta ahora parece tener el poder de un muñeco vudú sobre la dorsal del ariete madrileño.
-Otros dirían que la culpa la tiene el Corte Inglés por haberlo fichado para promocionar su ropa. Desde que su espigada figura adorna los carteles de las tiendas españolas, pareciera que el Niño se olvidó de jugar. Lo mismo pasó con David Beckham,  que a raíz de su incursión en el mundo publicitario nunca volvió a ser el mismo. Otro caso antológico, es del sueco Ljungberg que seguramente pasará a la historia por ser el “futbolista de los calzoncillos” o Mister Gallumbos, ¿alguien recuerda en qué equipo jugaba?
Torres es un extraño ejemplar de futbolista, un delantero que combina la elegancia, la técnica y carácter flemático en la cancha, sin embargo tiene un gran defecto: no parece tener hambre de gloria, no se prodiga mucho en disputar los balones, muchas veces desaparece del juego, como le sucedió en el Mundial de Sudáfrica, donde apenas si participó y siendo pronto desplazado por un desconocido de nombre Pedro.  No obstante su indiscutible clase, apenas ha ganado algo: no tiene ni una liga,  ni un título europeo, salvo aquel que ganó con España en la Eurocopa 2008, donde sí tuvo un papel vital en la final. Aunque muchos digan que también es campeón del mundo con la selección española, puesto que no metió ni un sólo gol,  en hombres de su raza eso es de vital importancia. Él nunca sintió esa Copa como auténticamente suya, de los rostros felices, fue el más insatisfecho, el menos partícipe de esa apoteósica celebración.
Hoy por hoy, habiendo perdido la titularidad en la Roja, incluso se cuestiona su convocatoria a la selección, y ante la irrupción de delanteros “hambrientos” como Negredo o Soldado, el panorama se le torna muy complicado. En Londres, la presión no es menor, incluso se especulaba de traspasarlo al Milan si no mejoraba su rendimiento. Ser depositado en el “asilo” milanista sería demasiado para el “Niño”. 

21 septiembre, 2011

9 Aurora da la cara por el fútbol boliviano


No todo es tono azulgrana en el firmamento futbolístico, uno tiene también sus debilidades por los colores locales: "celeste por su gran cielo y blanco por su Tunari"-nevado que vigila la ciudad de Cochabamba- como reza el himno de la afición del Aurora.  El único club boliviano que lleva el sencillo y entrañable mote de “equipo del pueblo”, fue fundado por un grupo de estudiantes del  Instituto Americano, un 27 de mayo de 1935, en plena madrugada de cielo despejado como refiere la anécdota. 

A pesar de ser más antiguo que su archirrival de la casaca roja,  Wilstermann (1949); sin embargo, Aurora es un equipo más modesto, con una hinchada mucho más reducida pero más leal y querendona de sus colores. Casualidad o no, muchas cabezas nevadas pueblan las tribunas cuando juega el conjunto celeste, a diferencia del equipo rojo cuya afición está conformada en su mayoría por gente joven. Si el Wilstermann es el Madrid local, nosotros somos el sufrido Atleti de estos valles. Luego de haber clasificado a la Copa Libertadores de 1964, nuestra primera participación internacional, nunca llegamos tan alto y por años languidecimos en la Liga nacional hasta el descenso a Segunda División en 1998 en circunstancias poco claras. Durante 14 largos años, la Liga nos miró con ojos esquivos, ¡qué manera de sufrir! como canta el gran Sabina al equipo de sus amores.  En 2002,  finalmente la espera se hizo realidad, lo pedíamos los hinchas, las aficiones rivales incluidas, hasta se pensaba  en el ascenso por decreto.

Desde entonces,  ya no somos meros participantes en el campeonato liguero. Irónicamente nuestro clásico rival, arrogante multicampeón, sufrió el año pasado el cachetazo del descenso y hoy saborea las hieles de segunda división.  Al contrario, en casa soplan vientos favorables. Volvimos a escenarios internacionales en 2004 y en 2008 nos proclamamos campeones nacionales, y el derecho a la Copa Libertadores nuevamente, de la mano de Julio Cesar Baldivieso, figura destacada de aquella selección mundialista de 1994. 

Este año, otra vez bajo el mando del icónico Baldivieso, el haber finalizado entre los primeros lugares,  nos devolvió a la Copa Sudamericana, el equivalente continental de la Europa League. Dado el sistema de campeonato, por simple eliminación de partidos de ida y vuelta,  nos tocó enfrentarnos al Nacional de Paraguay. Considerando que el balompié guaraní es actualmente muy superior al nuestro, empatamos muy merecidamente en el primer choque en canchas paraguayas, porque el equipo celeste no se amilanó.  Ayer, 20 de septiembre,  jugamos el partido de vuelta en nuestra Llajta, a estadio lleno. Lo menos, apoteósico.

Después de muchos años un conjunto boliviano ganó contundentemente a un equipo extranjero, con un marcador de 5 goles a 2. Si bien el partido fue más ajustado de lo que insinúa el resultado, el espíritu de lucha, la humildad, la concentración y el apoyo de la afición hicieron la diferencia. Fiesta total.  Los comentaristas argentinos de Fox Sports con esa tendencia a la exageración, dijeron que fue una noche histórica para el futbol boliviano, aunque considerando los paupérrimos performances de nuestros equipos en campeonatos internacionales en los últimos 10 años, esta vez tiene un componente algo agridulce. El resultado no maquilla la mísera condición de nuestro fútbol, ningún jugador nacional fue realzado por la prensa extranjera, duele admitirlo, pero jugadores colombianos y argentinos resaltaron nítidamente en el encuentro.

Aún así, dentro de una semana nos veremos las caras con el todopoderoso Vasco da Gama brasileño, quien sabe podríamos emular la hazaña de David. Hoy, oficialmente en el hemisferio sur comienza la primavera. Casualidad o no, hoy el cielo amaneció más celeste que nunca.

Más información:  Historia del Club Aurora

16 septiembre, 2011

7 Cuando el juego del Barcelona aburre

"Si estás en el área y no estás seguro de qué hacer con el balón, mételo en la portería y después discutiremos las opciones". (Bill Shankly)

Desde que he sentido entusiasmo por esto del fútbol, no sé si por cuestiones estéticas o por la magia de los goles, siempre he sentido debilidad por el fútbol echado para adelante, mejor si rápido, pródigo en jugadas y verticalista. Así,  fue un deleite para mis ojos repasar una y otra vez las imágenes de aquel Brasil del 70 que ejecutaba un juego insultantemente superior y vistoso  a la vez. Pero fue el nombre enigmático de la Naranja Mecánica el que me hechizó permanentemente y me picó el gusanillo para saberlo todo sobre esa generación legendaria. Desde entonces la filosofía del “fútbol total” forma parte de mi ideario y naturalmente mi selección favorita es la holandesa. Equipo que tuviera holandeses en sus filas gozaba de mi simpatía, lógicamente el Ájax era uno de mis predilectos, incluso me agradaba  aquel Milán de Gullit, Van Basten y Rijkaard, escuadra deslumbrante que tenia de italiano sólo el nombre. Detesto la filosofía del catenaccio. Por aquel entonces no tenía un equipo de cabecera, nunca he sido un auténtico fanático, ninguna bandera o bufanda adornaba mi habitación. Pero algún día tendría que elegir.

No simpatizaba con los equipos españoles, cualquier equipo que ganase al  antipático  Madrid,  era mi equipo,  pero la llegada de Cruyff a tierras catalanas y su monumental papel en aquella goleada de 5 a 0 a domicilio contra el equipo merengue, definitivamente inclinaron la balanza en mi creciente admiración por el Barça. Con el  primer título de Champions League del 92, nunca más tuve dudas.

Hoy,  muchos años después, el conjunto azulgrana ha sabido asimilar el orden y despliegue total de la escuela holandesa y la vistosidad y alegría de la escuela brasileña. A resultas, su estilo ecléctico no tiene parangón alguno y se ha visto recompensado por la obtención de 3 títulos de Liga de Campeones en apenas seis años, amén de muchos títulos domésticos e internacionales batiendo muchos récords y suscitando la admiración y envidia en el resto del mundo. Me siento muy afortunado de poder disfrutar del juego maravilloso del mejor Barcelona de la historia, algún día podré contar a mis nietos que fui testigo de esta prodigiosa era. En estos tiempos donde se ha impuesto el poder del músculo y la táctica en los gramados, su filosofía de juego no tiene precio.

Pero, por una vez los detractores del prolijo recital del conjunto blaugrana, tienen razón.

Hay momentos en que el juego de toque, a ras del suelo y de posesión total del balón, cansa y aburre. No sé si es la resaca de los títulos, el mareo de los elogios o la soberbia de saberse invencibles, pero el equipo de Guardiola empieza a caer en la tentación de la autocomplacencia, el uso desmedido del mismo  libreto y la indolencia y falta de concentración de algunos jugadores.

Porque volcarse en ataque y rondar el área rival sin culminar las jugadas no sirve de nada. Apoderarse del balón y jugar al rondo está bien, pero insistir con la misma táctica los noventa minutos sin apenas cambiar de ritmo, en verdad me crispa los nervios, especialmente cuando se está  tan cerca de la portería enemiga y ninguno de los jugadores opte por la variante del remate directo, como si tuviera el temor de fallar a las instrucciones del D.T.  Este Barça quizá sea el mejor exponente histórico de ese fútbol asociado y de esa rara virtud de defenderse ordenadamente con la posesión de la pelota. Sin embargo no pocas veces, la excesiva confianza provoca que la virtud juegue en contra.

Se puede aceptar con algo de humor y paciencia que perdamos contra equipos exóticos como el Rubin Kazán o el Hércules,  porque es interesante ver cómo sus hombres se prodigan al máximo como si fuera la última batalla de sus vidas, el espíritu futbolero reconoce su esfuerzo y les aplaude si viene el caso. Pero jugar con displicencia contra los rivales grandes o históricos es irresponsable, aunque estos atraviesen horas bajas. Mucho peor es pretender vivir de la renta de un gol de diferencia cuando no se tiene la garantía de la defensa por la ausencia de los zagueros titulares. Los recientes casos de los enfrentamientos contra la Real Sociedad y el Milán desnudaron esa actitud de conformarse y apoltronarse antes de finalizar los partidos. Me hubiera encantado que humillásemos al conjunto milanista, porque hasta ahora no consigo digerir esa terrible derrota de la final europea de 1994. Si bien las circunstancias no son las mismas, pero ¿por qué no jugar con la misma energía y concentración de los duelos contra el Madrid?, ahora es el momento de hacer saber, contundentemente a los otros grandes quién manda en el universo futbolístico. Aunque no nos guste admitirlo ese fútbol rácano de la escuela italiana también es posible y válido al fin y al cabo.

Sí, sabemos que la temporada apenas comienza, pero es menester recuperar la humildad. No podemos perder pisada a la estela luminosa del transatlántico blanco, hambrientos de títulos como están ellos, calentarán motores al máximo para querer aguarnos la fiesta y recurrirán a todos los métodos posibles (incluido su creciente y mejorado juego ofensivo) para lograrlo. Porque definitivamente se me haría insoportable la idea de ver al indeseable de Mourinho celebrando la décima Champions o la Liga. Con su megalomanía de la escasamente valiosa Copa del Rey ya tuvimos más que suficiente.
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