11 octubre, 2012

7 Algo sobre el Día de la Mujer Boliviana


Adela Zamudio
Un día como hoy nació doña Adela Zamudio, poeta cochabambina y escritora de exquisita sensibilidad. La única mujer distinguida de la literatura nacional. Reconocida luchadora por la inclusión femenina en la sociedad conservadora de finales del siglo 19. Una mujer rebelde que supo batirse a duelo de pluma con los más grandes literatos de su época. Dejó huella en la historia nacional: escuelas, institutos y organismos de cultura llevan su nombre. En su honor se recuerda el Día de la Mujer Boliviana. 

Fueron mujeres, al mando de doña Manuela Gandarillas quienes se enfrentaron al feroz comandante realista Manuel Goyeneche durante la guerra de la independencia. Diezmadas inmisericordemente, regaron con su sangre la colina de San Sebastián, donde ahora existe un monumento como recordatorio y testimonio de su heroísmo. 

Una mujer chuquisaqueña, a la muerte de su marido en combate, comandó a los patriotas en distintas batallas contra el ejército colonial, tanta era su valentía y capacidad que suscitó la admiración del ejército auxiliar argentino al mando de Manuel Belgrano. Sobrevivió a la guerra, con el grado de teniente coronel, sin embargo, murió en el más grande de los olvidos, sola y en la miseria. Fue doña Juana Azurduy de Padilla. Recuerdo algunos billetes antiguos con su efigie. El aeropuerto de Sucre, lleva ahora su nombre, además de una provincia.

Así, notables mujeres contribuyeron a la construcción del imaginario nacional. Y a la historia. Y la cultura. Doña Lidia Gueiler Tejada fue la única mujer presidente de la república, a principios de los ochenta. Nuestro más grande artista de la escultura fue mujer; doña Marina Núñez del Prado. La mejor voz a juicio de muchos, fue doña Gladys Moreno, nombrada con justicia la Embajadora de la Canción Boliviana, confieso que paso nostálgicas veladas al influjo de su poderoso canto, que me transportan a las tierras calurosas donde nací.

Al día de hoy mucho se ha avanzado en materia legal por la equidad de género. Pero como sociedad aún seguimos bajo el predominio de arcaicas y patriarcalistas costumbres. Algo falla, cuando existen madres de familia que se oponen a que muchachas ingresen a colegios tradicionalmente de varones. Cuando persiste la vieja creencia de que se ha de tolerar la violencia del marido o del novio con la excusa de que es por amor. Cuando las madres siguen aleccionando a sus hijas a mantener una actitud sumisa y doméstica para conseguir un “buen marido”. Cuando siguen sucediendo casos aberrantes de femenicidio. Cuando siguen ocurriendo hechos de acoso político y hasta sexual a mujeres concejales  en municipios rurales.  Y lo que es más grave aún, el continuo maltrato psicológico en instancias policiales y judiciales a mujeres que tienen la valentía de denunciar a sus agresores sexuales, dando la impresión de que tienen algo de culpa. La misma prensa sensacionalista contribuye a ello con la exposición desmesurada de las víctimas. Así, no es extraño que queden muchos casos sin denunciar.

El gobierno actual, haciendo alarde de su discurso rimbombante de inclusión social, se ha provisto como ningún otro anterior, de presencia femenina en las instancias de poder, que lamentablemente se queda en simple adorno, en mera cuota biológica. Ninguno de los ministerios decisivos es encabezado por una mujer. Ninguna diputada oficialista destaca por su independencia de criterio. En contrapartida, creo que la mejor congresista (incluyendo varones), la más fiscalizadora -a pesar de las amenazas de muerte-es la diputada Norma Piérola, una mujer de carácter firme y batallador como su colega Adriana Gil, que están ahí peleándose con medio mundo, en medio del Congreso, incluso a riesgo de sufrir agresiones físicas de las diputadas oficialistas que no toleran que se critique al “hermano” presidente. Ciertamente, no todo es malo en el régimen masista, precisamente la mejor funcionaria, la más profesional de todos, es la presidenta de la Aduana Nacional, a pesar de la política aduanera desastrosa que ha ocasionado que el país se haya llenado de coches chatarra.

Hubo mujeres notables a lo largo de la historia de este atribulado país. Hay mujeres notables actualmente, que desde el anonimato contribuyen a la sociedad. Hay mujeres tremendas en cualquier campo. Y hay mujeres patéticas, como la presidenta del senado,  que por el hecho de asumir simbólicamente por cinco días el cargo de presidente -mientras Evo y el vicepresidente estaban ausentes-, se creyó tan importante como Ángela Merkel, Dilma Roussef, Cristina Fernández o la presidenta Chinchilla de Costa Rica. En un acto ridículo se pavoneó con su banda de autoridad mientras pasaba revista a la tropa y posteriormente aprovechó la ocasión para sacar un spot propagandístico, entregando regalos a los indígenas amazónicos tal cual hace Evo Morales, quien antes de partir, la colmó de halagos diciendo que era un acontecimiento histórico porque era la segunda mujer en asumir la máxima representación del país, y la primera del estado plurinacional. Y ella se lo creyó. 

En el colmo de la ridiculez, peor que de fundamentalismo feminista, un grupo de ministras y otras funcionarias, saltaron como fieras heridas cuando un  senador opositor objetó como ilegal –de acuerdo a la Constitución-la posesión temporal de la presidenta.  Leyendo en conferencia de prensa, acusaron al legislador de machismo, patriarcalismo y discriminación, olvidando por completo la argumentación legal. Patético, de esas mismas ministras que se rasgan las vestiduras por el supuesto machismo de un contrario  y que no dijeron nada -y hasta aplaudieron- cuando el presidente Morales se mofaba de ellas y de sus calzones durante los carnavales. Y peor aún, cuando la policía atropelló salvajemente a mujeres y niños indígenas del Tipnis, ninguna sacó a relucir su indignación, salvo la ministra de Defensa, que  asqueada renunció inmediatamente. 

Si el mundo estuviera más intervenido por mujeres, quizás la vida sabría mejor, al menos cotidianamente. Ojalá hubiese más mujeres pilotos, más mujeres futbolistas, más legisladoras, más jueces, más comandantes de policía.  Cada vez que me subo a un taxi o a un minibús conducido por una mujer me siento más seguro, confiado de que voy a llegar a destino, a contra de lo que dicta la creencia común. Me consta que son más detallistas, más precavidas, más concienzudas. Y no sólo conduciendo en carretera.

06 octubre, 2012

6 Cuando criticar se ha vuelto delito: el caso de la diputada Adriana Gil


Foto: APG
En qué tiempos viviremos, que llamar “mentiroso y desleal” al primer mandatario por “haber traicionado a los indígenas del TIPNIS”, le ha significado constante acoso político a una diputada de oposición. Todo el aparato oficialista buscando suspenderla de su curul.  Yo no tengo recuerdos de la última dictadura militar, era apenas un crio. He crecido durante treinta años ininterrumpidos de democracia. En ese lapso no recuerdo que alguien haya sido perseguido o encarcelado por sus ideas, por disparatadas o irrespetuosas que sean. 

Ahora resulta que fiscalizar a las altas autoridades puede ser peligroso. Cualquier ciudadano que se atreva a acusar a los poderosos de turno, puede ser enjuiciado por el delito de desacato, curiosamente una figura legal aprobada durante las dictaduras y que ahora cobra mayor vigencia en el gobierno de Evo Morales. Son innumerables los casos de autoridades y políticos contrarios que han sufrido la acción de la justicia, siempre ágil a requerimiento del gobierno. Y claro, luego nos hablan de democracia, de derechos civiles y de igualdad de género.

El gobierno se ha llenado de funcionarios acomplejados y resentidos que han tomado el papel de la Inquisición a la inversa. Comenzando su labor purificadora por señalar a ciertos libros de racistas. Si fuera por ellos, gran parte de la literatura nacional pasaría por la hoguera por el simple hecho de que no fue producida por indígenas. Para eso aprobaron la reciente Ley contra el Racismo y Discriminación, que lejos de perseguir su cometido, busca silenciar a las voces críticas. La diputada Adriana Gil es el caso más notorio: ella tiene la audacia y la energía juvenil para denunciar los constantes atropellos a los derechos humanos por parte del régimen masista y reprochar la conducta autoritaria, procaz y torpe del presidente: en una entrevista televisiva lo tildó de amoral y de que no reunía las condiciones para asumir la presidencia. Si no fuera porque es una congresista ya estaría en la cárcel. 

En una muestra de servilismo aberrante, el viceministro de Descolonización, impulsó un proceso en la Cámara de Diputados en contra de la legisladora por sus declaraciones “racistas y discriminadoras” contra el presidente Morales. Meses de inútil discusión ideológica en un país que tiene otras urgentes prioridades. ¿En qué diccionario dice que llamar corruptos, ineptos, incapaces, mentirosos, inmorales, etc., a las autoridades, constituye racismo? En contrapartida, ¿quién habló de enjuiciar al presidente cuando en sus discursos califica a la oposición de delincuentes políticos, vendepatrias, ladrones, lacayos del imperio y otros epítetos aprendidos de memoria? Él, desde su pedestal no tolera ninguna voz contestaria, y cada vez que suelta la lengua más de la cuenta, sus ministros y cortesanos tienen que correr apresurados a explicar los entuertos del jefazo. O peor aún, convertirse en los mensajeros de la ira del presidente ante cualquier publicación que no es de su agrado. Dos diarios y una agencia de noticias de mucha tradición, aguardan proceso judicial por publicar lo que supuestamente no dijo el mandatario. Acusaciones sin fundamento que se pierden en simples meollos lingüísticos. Pero cualquier recurso vale para meter miedo y empujar a los medios a practicar la autocensura, como viene ocurriendo con varias publicaciones digitales.

Volviendo al asunto, parecía que el rodillo oficialista se iba a imponer y, según cuenta la diputada, ya tenía hasta las maletas preparadas ante su inminente expulsión del Congreso.  Parece que el discurso final de la afectada sacudió las conciencias de los parlamentarios, minutos antes de la votación. Fiel a su estilo combativo,  les recordó a los acusadores: “esta mujer puso el pecho para que los indígenas entren a la plaza de Santa Cruz y a mí me vienen a hablar de discriminación”. Y a continuación les refrescó la memoria sosteniendo que ella y su familia habían apoyado económicamente a la campaña de Evo Morales, además de ganarse muchos enemigos por defenderlo antes de que sea presidente. Y más aún, explicó que Evo, el vicepresidente y otras autoridades habían estado como invitados a su casa en una ocasión. La descomposición ideológica es tal en el partido gubernamental que ahora se ensaña con antiguos aliados suyos. La lealtad no paga en política.

La Comisión de Ética de la Cámara efectuó su veredicto hallándola culpable y sometió a la votación final como manda el reglamento. La presidenta ya se frotaba las manos y sonreía segura porque pensaba que el expreso deseo del jefazo se iba a cumplir como siempre. Pero hete aquí, contabilizando los votos, no se logró los dos tercios requeridos y a continuación los diputados opositores prorrumpieron en vítores y aplausos. La diputada Gil no cabía de gozo y orgullo. El  oficialismo había sido derrotado por primera vez en su cancha. La cara desencajada de la presidenta habló por sí sola mientras soltaba el martillazo final, como a un goleador que se le escapa el balón en la línea de gol. Lo inaudito. Según se relató después, dos ovejas negras del rebaño oficialista no habían cumplido la consigna y otras estaban ausentes, amén de que todos los opositores presentes, sin importar sus colores, habían votado en contra.  El abuso de poder había sido frenado aunque sea por un tiempo.

Ahora en el partido de gobierno se habla de indisciplina y de posibles sanciones. Llegarán, eso es seguro. Ojalá hubiese más indisciplinados que simples levantamanos.  


30 septiembre, 2012

9 En busca de la cholita de ojos azules o la Lolita andina


Chola paceña (1929)
La chola es la popular mujer andina. Esa que viste con orgullo una falda de muchos pliegues conocida como pollera, una prenda traída de España en los tiempos de la colonia y que a fuerza de costumbre se ha convertido en seña de identidad. Sin embargo, últimamente se tiende a borrar este término del lenguaje, porque los sociólogos progres andinos en su afán de descolonizar todo -menos sus nombres castellanos-, han sustituido el vocablo por el potable “mujer de pollera”. Decir “chola” es casi delito como ahora es sospechoso pronunciar “negro”, independientemente del contexto.  Por caprichos del lenguaje o caprichos de los censores mamertos de nuevo cuño, el diminutivo “cholita” todavía goza de mucha aceptación y no está mal visto. 

Cholita es sinónimo de mozuela, chavala  o ragazza. Aquello que Proust evocaba como muchachas en flor, impedido de descansar a sus sombras, el pobre infeliz. No me digan que no es de una ternura arrebatante, de una musicalidad embriagante, precisa y plena de significado. Decir cholita es como extraviarse en un texto de Nabokov, no sólo por el parecido lingüístico. Puro erotismo subyacente.  En todas las culturas se da el mismo fenómeno. Aún en la imaginación de un poeta andino que se traiciona -quizá involuntariamente- desbordado por su naciente pasión o “cogollito de su amor”.

Evocar una cholita de ojos azules es un canto extraviado sin más límite donde los valles chocan con las montañas. Como algo infranqueable, un sueño imposible, un mensaje sin eco en los cerros. No existen tales criaturas de ojos claros “bañaditas de rocío color canela su piel”. Sin embargo, el poeta ahí está, celebrándolas como si  brotaran del suelo en medio de los papales de flores azules. El folclore andino es rico en matices como colores tiene la tierra. Como palabras exquisitas tiene el quechua, una de las lenguas más dulces del mundo, musical y maternal como el italiano y apasionada como el francés. Y lo que es mejor aun, con más carga amorosa que el idioma español. Lo saben los cantores criollos, que desde siempre les ha cautivado cantar mezclando ambas lenguas. El quechuañol es parte esencial de la música popular boliviana.

Chola cochabambina de antaño
No obstante haber vivido casi la mitad de mi vida en provincia, nunca vi cholitas de ojos azules, pero he oído infinidad de historias acerca de su vaporosa existencia. Pero a pesar de ello, florecen las cholitas de tez clara,  incluso rubias, de ojos verdes o castaño claro. Existen campesinos rubios a pesar de los indigenistas recalcitrantes. Con rasgos más o menos indígenas pero rubios, en algunas comunidades alejadas en lo más profundo de los valles cochabambinos.  Una anomalía en medio de la raza de bronce. Un endemismo sin apenas explicación para los antropólogos. Y hablan quechua como sus antepasados. Y sueñan con Ch’askañawis, cholitas de pestañas hirientes u ojos de estrella. Mujer de ojos inalcanzables, de brillo lánguido, como los astros, azules a lo lejos. El poeta tenía razón, al desfallecer por su Ch’askitay de la mañana o lucero del amanecer. En quechua, el sufijo “y” equivale al pronombre posesivo en primera persona pero en tono de cariño, de plena ternura, con mayor profundidad sentimental. Como wawitay, mamitay o chunkituy: mi niña (o), madrecita del alma y amorcito mío, respectivamente.

He aquí el texto completo de esta canción, melancólicamente bucólica pero palpitante de nostalgia y emoción. La interpretaba originalmente el grupo Horizontes, allá a fines de los ochenta. Yo he crecido con esta canción, atropellado hasta la saciedad por el folclore barato y masivo, pero singularmente cautivado por joyitas como esta. Existen varias versiones de la misma, sin embargo, la del dúo femenino Wayra es la mejor lograda, a mi gusto, por la fuerza, belleza y armonía de las voces. Dejo para su consideración, cortesía de Youtube:

 Cholita de ojos azules 
Autor: Ricardo Campos  
No sé que tienen tus ojos 
que me hacen suspirar                                                                                                                                                                                              
     Tu mirada transparente
     como el verde del sauzal.
     Cholita de ojos azules
     cogollito de mi amor
     No sabía que en el campo
     crecía tan bella flor
     Bañadita de rocío
     color canela su piel
     Imillita k’omer ñawi
     no me hagas más sufrir.
     Es mi paloma vidita
     chiquitita y bien bonita
     Estrellita de la noche
     Ch’askitay de la mañana
     Cholita de ojos azules
     Cogollito de mi amor
 
 
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