30 octubre, 2014

3 Dichos y hechos del camarada Évola




Hace unos días, el Supremo Creador de las 36 naciones, Reserva Moral de la Humanidad y Azote de los Imperios (incluyendo el Romano, a través de sus ancestros), llegaba a la aldea cocalera para celebrar junto a sus pitufos verdilocuentes, otro resonante triunfo contra la oposición luego de la épica batalla de ocho horas, en la que, voto por voto, fue ungido por enésima vez para regir los destinos del “Estado Plurinominal”, tal como rezaba en la papeleta de votación, para que sepa el mundo entero que aquí no nos andamos con gaitas, que somos un país dispuesto a reinventarse todos los días. 

Coincidieron los tiempos, o los chambelanes de la extinta Corte Nacional Electoral organizaron la pachanga eleccionaria para que la celebración sea doble, ya que con la resaca todavía humeante entre las huestes oficialistas; el caudillo asistía a otro fiestón en conmemoración de su medio siglo y fracción de existencia, donde no faltó el consabido y gigantesco pastel de cumpleaños, elaborado con harina de coca pura de origen, que según dicen algunos sibaritas, tiene el don de hacer volar la imaginación y provocar una cálida sensación de euforia. Tan eufórico estaba el caudillo que manifestó con su orgullo característico que “de un sopapo hemos logrados los dos tercios”, como aludiendo a las triquiñuelas y ajustes de último momento que el tribunal electoral efectuó con el escrutinio de la votación para concederle el caro anhelo. Como guinda al pastel, manifestó su deseo ferviente de que iba a morir antiimperialista. Otra lección histórica de dignidad. 

Mientras tanto, el planeta se estaba desmoronando, pálida y febrilmente, ante una nueva amenaza contra la humanidad. Los pobres y excluidos del mundo otra vez solicitaban su urgente presencia para que el Zeus andino haga resonar su chicote cósmico en contra del mal. El “omnímodo y omnipresente estadista”, a decir de un verborreico profesor universitario, no se hizo de rogar y en un santiamén alistó las pilchas de fina alpaca para tomar vuelo rumbo a La Habana. Ya le esperaba un coqueto salón con aire acondicionado, y dadas las últimas noticias de que en África los muertos iban por millares y con el brote repentino de algunos zombis; los magníficos representantes de las repúblicas platanarias decidieron declarar la guerra a muerte contra el virus del ébola, tal vez inspirándose en el decreto sumario de Bolívar contra los chapetones. No era poca cosa el ALBA, tenía que hacer honor a su nombre, ofreciendo una alternativa de cómo vencer en mesa al malévolo virus.

Ni bien había retornado al país el incansable paladín de las luchas sociales, cuando otra vez haciendo uso de su alfombra mágica, apareció repentinamente en el enigmático reino a orillas del Tíber. El líder terrenal de los desposeídos visitaba al líder espiritual de los desposeídos, en plan amigos de toda la vida, saltándose incluso todas las solemnes etiquetas que se acostumbran en tierras vaticanas, como el famoso uso de bombachas de sus guardianes suizos. Tan bonachón estaba el pastor de la cristiandad que invitó cordialmente a compartir una cena austera al visitante. Evo el Austero, dicen que se sorprendió por la austeridad en mesa del papa Francisco, que no por casualidad había escogido ese nombre a tiempo de ser proclamado como pontífice.

Se supone que el caudillo no voló en el avión presidencial, porque su viaje, según  aseguran sus cortesanos, no fue como representante de Estado, sino en su condición de líder indígena intergaláctico que fue a participar del Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, organizado casualmente por el mismo Vaticano, al parecer ya aburrido de las Jornadas Mundiales de la Juventud que se celebran periódicamente alrededor del orbe. Por lo visto, el papa llegó dispuesto a dejar su impronta peronista, empezando por afirmar que había que “servir al pueblo sin miedo”, declaración celestial que había conmovido al líder pachamámico, ferozmente enfrentado a los obispos bolivianos y a quienes tildó de ser sus primeros enemigos. Sin embargo, ahí lo tienen, manso a los pies de Panchito, poco menos que besándole la sotana. Para cuando se gaste esta sotana, Evo le obsequió otra, confeccionada por devotos artesanos bolivianos.

A modo de conclusión, en otro hecho histórico sin precedentes, Evo el Austero, a tiempo de discursear pidió a los participantes reunidos a “acabar con el consumismo, el derroche y el lujo”, olvidando repentinamente que hace pocas semanas él y sus ayudantes hicieron uso y abuso del avión presidencial para la campaña política. ¿O en qué fueron a Roma, si no estaban en misión oficial, junto a una nutrida delegación que incluía al canciller y varios edecanes militares a quienes presentó personalmente ante Su Santidad? ¿De dónde salió todo ese dispendioso gasto? Curiosamente, hace un par de días trascendió que el embajador ante Brasil desistió de enjuiciar a la revista Veja (por su publicación de República de la Cocaína), quejándose amargamente de que era muy caro, ya que un consorcio de abogados le había pedido quinientos mil dólares como honorarios. ¿No que estaba en juego la reputación de todo el país?

Así que les sigue pareciendo poco, ¿no? Figúrense que entretanto el caudillo hacía un inspirado llamamiento a la austeridad en Roma, paralelamente en EEUU. -el odiado imperio, nada menos- salía una separata de cuatro páginas publicada por el todopoderoso New York Times, a cargo de una consultora especializada en estos menesteres, que envió a varios corresponsales suyos hasta La Paz para entretejer un sendo articulo apologista sobre el régimen evista. Una vez más, ¿cuánto se pagó y de donde salieron los fondos?  Seguramente será el liderazgo sin fronteras de Su Excelencia que mueve a desinteresados periodistas, porque hechas las consultas en palacio de gobierno, nadie había sabido nada. 


25 octubre, 2014

8 El ruido y la feria




En la isla más calurosa posible, los exclusivos socios del Havana Tropic Club se reunieron otra vez para departir unos mojitos. Comenzaba otra épica batalla del ALBA contra otro de los grandes enemigos de la humanidad, ya no el imperialismo ni el calentamiento global, sino un asunto más bien febril que tiene en ascuas a ciertos países africanos y con el temor a flor de piel al resto del mundo. El menor de los carcamales dueños de Cuba, arrancaba a modo de introito, poco menos que tautológicamente: “les damos la más calurosa bienvenida a nuestro país”. ¿En serio, comandante Raulito?

Así pues, nos amanecieron los del ALBA con su cumbre relámpago para luchar contra el azote del ébola. A feliz iniciativa del presidente Maduro, se dice; que por una vez demostró tener más que pajaritos en la cabeza. Hubiera sido más que loable el esfuerzo si hubiesen mandado a médicos y técnicos a discutir sobre la temática antes que invitarse ellos mismos, aun con sus ministros del ramo, que parece que fueron a adornar las reuniones y nada más. Como no podía ser de otra manera, en un tris armaron la feria de las vanidades, a semejanza de las juntuchas que hace periódicamente la Unasur para discutir asuntos tan primordiales como el desagravio a Evo por la agresión imperialista, o quizá muy pronto, una “Cumbre Extraordinaria: te vamos a extrañar Cristina”, cuando la presidenta tenga que desocupar los closets de su Casa Rosada.
 
‘En Venezuela tenemos un pajarico así de grande, le llamamos chorlito, mi querido pana’.
‘En Bolivia tenemos un pajareto que se aprovecha de otros, le llamamos tarajchi, hermano Nicolás’.

Curioso resulta que ni Argentina ni Uruguay, a pesar de sus lazos emocionales, no se hayan sumado a esta organización creada por el genio inconmensurable del finado Chávez. Un conglomerado de republiquetas bananeras e islitas satélites que danzan al calor del petróleo venezolano. O los dos vecinos rioplatenses no serán lo suficientemente “bolivarianos” o sus termómetros no rebasan temperaturas mínimamente tropicales. No le hallo suficiente explicación para tan extraña marginación. ¿O será, que tanto Argentina como Uruguay, a pesar de todo, son naciones más o menos serias?

Evo el Austero todavía celebraba su victoria resonante, en medio de la chacota electoral que Bolivia ofreció al mundo, y sin hacer mucho ruido (contra su costumbre) se escabulló para finalmente aparecer en la isla presidencial donde fue felicitado calurosamente por todos los colegas, al tiempo que intentaban sonsacarle la receta de cómo organizar un festín monumental (elecciones) sin que parezca todo cocinado. Más hierático que la Mona Lisa, el taimado caudillo no dijo ni pio y simplemente se conformó con ser un invitado de lujo en la reunión, a modo de hacer quórum, mientras Maduro y Raúl llevaban la voz cantante en sus intentos por ofrecer un muro sanitario común contra la amenaza del virus. Por poco no dijeron que se avecinaba la Guerra Mundial Z y que había que estar preparados.
 
Raúl: Les presento al camarada Évola, azote de los opositores y de su propio país.

Qué tendrán los cubanos que no le temen a nada si  es que de mandar doctores al culo del mundo se trata. Si tan avanzada y ejemplar es su medicina, ¿por qué los países desarrollados no los toman ni como asesores? ¿quién en su sano juicio corre hasta Cuba para efectuarse una cirugía? En cambio, exportan por camionadas supuestos médicos que van a efectuar operaciones milagros en áreas rurales de los países revolucionarios. Me consta que en Cochabamba llegaron a operar de cataratas y otras patologías oftalmológicas a pacientes pobres para dejarlos más ciegos que antes. Se cuentan por millares los ojos que han visto de nuevo la luz, eso dice la propaganda del gobierno boliviano. Tanta solidaridad desinteresada asusta, como los sudorosos doctorcitos isleños yendo de puerta en puerta ofreciendo consejos saludables. Mejor refregarse alcohol en las manos y hasta luego.

Por lo pronto, con la paranoia acechando la tranquilidad de la humanidad entera, hay que ver la tremenda parafernalia que arman las autoridades sanitarias de nuestro país, con simulacros de avionetas puestas en cuarentena y con trajecitos inmaculados que parecen surgidos de una película clase B de lo más cutreciento, dispuestos a matar al virus de pura risa. “Bolivia está preparada”, dicen a modo de satisfactoria conclusión. Y si no, que venga el Dr. Jekill y lo desmienta.
Pensaba que los médicos voluntarios para ir a África eran estos (por las batas, claro).

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