25 octubre, 2014

0 El ruido y la feria




En la isla más calurosa posible, los exclusivos socios del Havana Tropic Club se reunieron otra vez para departir unos mojitos. Comenzaba otra épica batalla del ALBA contra otro de los grandes enemigos de la humanidad, ya no el imperialismo ni el calentamiento global, sino un asunto más bien febril que tiene en ascuas a ciertos países africanos y con el temor a flor de piel al resto del mundo. El menor de los carcamales dueños de Cuba, arrancaba a modo de introito, poco menos que tautológicamente: “les damos la más calurosa bienvenida a nuestro país”. ¿En serio, comandante Raulito?

Así pues, nos amanecieron los del ALBA con su cumbre relámpago para luchar contra el azote del ébola. A feliz iniciativa del presidente Maduro, se dice; que por una vez demostró tener más que pajaritos en la cabeza. Hubiera sido más que loable el esfuerzo si hubiesen mandado a médicos y técnicos a discutir sobre la temática antes que invitarse ellos mismos, aun con sus ministros del ramo, que parece que fueron a adornar las reuniones y nada más. Como no podía ser de otra manera, en un tris armaron la feria de las vanidades, a semejanza de las juntuchas que hace periódicamente la Unasur para discutir asuntos tan primordiales como el desagravio a Evo por la agresión imperialista, o quizá muy pronto, una “Cumbre Extraordinaria: te vamos a extrañar Cristina”, cuando la presidenta tenga que desocupar los closets de su Casa Rosada.
 
‘En Venezuela tenemos un pajarico así de grande, le llamamos chorlito, mi querido pana’.
‘En Bolivia tenemos un pajareto que se aprovecha de otros, le llamamos tarajchi, hermano Nicolás’.

Curioso resulta que ni Argentina ni Uruguay, a pesar de sus lazos emocionales, no se hayan sumado a esta organización creada por el genio inconmensurable del finado Chávez. Un conglomerado de republiquetas bananeras e islitas satélites que danzan al calor del petróleo venezolano. O los dos vecinos rioplatenses no serán lo suficientemente “bolivarianos” o sus termómetros no rebasan temperaturas mínimamente tropicales. No le hallo suficiente explicación para tan extraña marginación. ¿O será, que tanto Argentina como Uruguay, a pesar de todo, son naciones más o menos serias?

Evo el Austero todavía celebraba su victoria resonante, en medio de la chacota electoral que Bolivia ofreció al mundo, y sin hacer mucho ruido (contra su costumbre) se escabulló para finalmente aparecer en la isla presidencial donde fue felicitado calurosamente por todos los colegas, al tiempo que intentaban sonsacarle la receta de cómo organizar un festín monumental (elecciones) sin que parezca todo cocinado. Más hierático que la Mona Lisa, el taimado caudillo no dijo ni pio y simplemente se conformó con ser un invitado de lujo en la reunión, a modo de hacer quórum, mientras Maduro y Raúl llevaban la voz cantante en sus intentos por ofrecer un muro sanitario común contra la amenaza del virus. Por poco no dijeron que se avecinaba la Guerra Mundial Z y que había que estar preparados.
 
Raúl: Les presento al camarada Évola, azote de los opositores y de su propio país.

Qué tendrán los cubanos que no le temen a nada si  es que de mandar doctores al culo del mundo se trata. Si tan avanzada y ejemplar es su medicina, ¿por qué los países desarrollados no los toman ni como asesores? ¿quién en su sano juicio corre hasta Cuba para efectuarse una cirugía? En cambio, exportan por camionadas supuestos médicos que van a efectuar operaciones milagros en áreas rurales de los países revolucionarios. Me consta que en Cochabamba llegaron a operar de cataratas y otras patologías oftalmológicas a pacientes pobres para dejarlos más ciegos que antes. Se cuentan por millares los ojos que han visto de nuevo la luz, eso dice la propaganda del gobierno boliviano. Tanta solidaridad desinteresada asusta, como los sudorosos doctorcitos isleños yendo de puerta en puerta ofreciendo consejos saludables. Mejor refregarse alcohol en las manos y hasta luego.

Por lo pronto, con la paranoia acechando la tranquilidad de la humanidad entera, hay que ver la tremenda parafernalia que arman las autoridades sanitarias de nuestro país, con simulacros de avionetas puestas en cuarentena y con trajecitos inmaculados que parecen surgidos de una película clase B de lo más cutreciento, dispuestos a matar al virus de pura risa. “Bolivia está preparada”, dicen a modo de satisfactoria conclusión. Y si no, que venga el Dr. Jekill y lo desmienta.
Pensaba que los médicos voluntarios para ir a África eran estos (por las batas, claro).

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