27 febrero, 2016

4 Lecturas del referendo constitucional




En Bolivia, la gente es tan disciplinada que podría faltar a misa o abandonar un funeral con tal de acudir a votar religiosamente. Es cierto, las sanciones monetarias y burocráticas en caso de no hacerlo, pesan pero no tanto. Me animo a asegurar que la concurrencia no disminuiría gran cosa si fuéramos libres de elegir entre ir a hacer fila o quedarnos en casa toda la jornada. Es que nos encantan las elecciones y toda su parafernalia, por algo dicen sus organizadores que es una “fiesta de la democracia”. Así nos han acostumbrado desde hace treinta y tantos años en forma ininterrumpida que prácticamente el ritual se ha convertido en un acto reflejo, de tal manera que ni las moscas y delincuentes faltan a la cita patriótica. Y si no pregunten a las 27 personas, buscadas por narcotráfico, que fueron detenidas en distintos recintos electorales mientras se aprestaban a emitir su voto en el último referendo. Pareciera que el deber moral se impone por goleada a la ingenuidad.

Y así nos metemos en la cabeza que depositar un papelito en las urnas nos convierte en actores decisivos y luego pare de contar y nos olvidamos del asunto. Días o meses después, vemos mansamente cómo instrumentalizan nuestro voto los poderosos de turno, para legitimar todas sus tropelías y darse barniz de democráticos ante el mundo.  Y en esto último, el régimen evista ha dado cátedra a todos los gobiernos anteriores acerca de cómo se pueden manipular elecciones a voluntad. 

Todo comienza con nombrar vocales a dedo para que conformen un sumiso y parcializado Tribunal Electoral. Todos hemos sido testigos de cómo el aparato comunicacional del gobierno se pasaba por alto las restricciones para emitir propaganda. En resumen, las prohibiciones solo se aplicaban a los que hacían campaña por el No y el régimen transmitía descaradamente todo el tiempo sus actos de campaña bajo la etiqueta de “gestión de gobierno”, amén de que la televisora estatal es de uso exclusivo para el oficialismo. El caudillo y sus secuaces podían utilizar discrecionalmente el avión presidencial y otros bienes del Estado mientras que a un municipio opositor, como ejemplo, le retuvieron un vehículo que llevaba material de campaña y arrestaron al chofer al instante. Ni con tanto bombardeo mediático ni con tantas ventajas pudieron convencer a la ciudadanía que, al contrario, se asqueaba paulatinamente.

El día del referendo se cometió toda suerte de irregularidades para favorecer al oficialismo. No fueron hechos aislados como se ha pretendido minimizar sino más bien pequeños actos fraudulentos bien planificados. Menudearon las denuncias empezando por el repentino cambio y, sin previo aviso, para que a muchas personas del área urbana les quedara lejos sus centros de votación; en algunos recintos no se abrieron mesas intencionalmente a la hora estipulada con la excusa de que no había llegado el material electoral y así provocar la retirada de muchos votantes; en otros sitios fueron descubiertas ánforas con papeletas marcadas con el Sí antes de iniciarse la votación; en otras mesas no había las actas respectivas y la gente indignada procedió a quemar algunas ánforas y papeletas para que no sean rellenadas en otro sitio; en otro lugar una delegada de mesa del oficialismo fue descubierta con al menos medio centenar de papeletas listas para ser introducidas ilegalmente. Durante el recuento de votos, muchos jurados electorales anotaron en actas los resultados exactamente al revés de lo que se mostraba en pizarra, siempre a favor del oficialismo según publicaron fotos denunciantes, vía celular (demostrando así que no eran accidentales). Más tarde, dos notarias electorales fueron pilladas abriendo actas ya selladas. La mayoría de estas fechorías y sabotajes se produjeron en la ciudad de Santa Cruz, el más importante bastión de la oposición. Días antes funcionarios estatales filtraron una grabación de audio donde un superior les instruía cómo obstaculizar recuentos donde se imponía claramente la opción del No y de esa manera intentar anular mesas.  

Todas estas chicanerías fueron planeadas especialmente para el eje central, pues al tratarse de un referendo simple con una sola pregunta, cada voto contaba y era menester de cualquier manera restar los votos contrarios al oficialismo. Las últimas encuestas presagiaban que el dúo reeleccionista iba a sufrir una severa derrota en las áreas urbanas, debido a los constantes escándalos de corrupción y precipitados sin duda por el sórdido affaire presidencial y demás conexiones.  Para los sectores rurales no era necesario casi ningún operativo ya que son plazas fuertes del evismo, además de que sus operadores y matones políticos vienen actuando eficazmente desde anteriores elecciones. Como un columnista dijo, que Evo Morales se jactara de que le habían informado que en varios pueblos intermedios y comunidades rurales había arrasado con no menos del 90% era motivo suficiente para parar las orejas de cualquiera, con mayor obligación para los observadores internacionales que parece que vinieron a observar el rostro pintoresco de las ciudades y nada más.

Es evidente que el caudillo tiene todavía un mayoritario apoyo en el campo, sobre todo en las regiones andinas y los valles. Pero al extremo de rozar la votación perfecta es sospechosamente artificial y tramposa. Sucede que el fenómeno es resultado de una férrea dictadura sindical que tiene controlados y amedrentados a los habitantes de pequeños poblados donde todos se conocen. Así a los dirigentes les resulta sencillo contabilizar cuántos votos deber reunir cada comunidad. Los resultados milagrosos no se dejan esperar con mesas donde se dan cero cifras de absentismo incluso. A este voto masivo y militante se le denomina eufemísticamente como “voto comunitario”. Pobre de aquel comunario que se aparte del redil, puede ser despojado del cupo de agua para riego u otro beneficio agrícola, sancionado con fuertes multas y/o sufrir la humillación del chicote en público. Los caciquillos del masismo han reemplazado la figura del patrón que exigía sumisión a los labriegos que tenía a su cargo. El viejo y odioso sistema feudal no ha cambiado mucho para los campesinos e indígenas que siguen convenientemente manipulados como en los años cincuenta cuando gobernaba el MNR de Paz Estenssoro. El MAS se parece cada vez más al MNR dicen los viejos entendidos.

A nadie le extrañó que en las nueve ciudades capitales se impusiera claramente el No, y uno podía observar, vía Twitter u otros medios, fotografías instantáneas de las pizarras donde se anotaban los resultados, con proporciones que doblaban o triplicaban a los votos oficialistas y la tendencia se consolidaba especialmente en el oriente y sur del país. En el departamento de Cochabamba, donde yo resido, en sus dos centros más poblados (ciudad capital y Quillacollo) el caudillo fue derrotado ampliamente. Sin embargo, a la mañana siguiente los resultados se revirtieron bruscamente en el cómputo departamental, con la llegada de las votaciones provinciales. Dada la proporción campo-ciudad que, según el último Censo de 2012, el 70% de los electores reside en las ciudades, es altamente sospechoso que el cómputo final haya arrojado una diferencia de casi diez puntos porcentuales a favor del Sí. El voto opositor fue escamoteado en oficinas del tribunal regional donde pese a las denuncias de volteo de actas y otras irregularidades se continuó con el escrutinio con toda normalidad. 

Y ni hablar de las periódicas caídas del sistema operacional de la página web oficial, como si todo hubiera sido programado, no puede haber excusas de sobresaturación para un país con tan pocos habitantes donde ni el veinte por ciento de la población tiene acceso a internet. Fuera de eso, el lentísimo cómputo que sorprendió incluso a la comunidad internacional se presta para diversas interpretaciones. Ni qué decir del padrón electoral que está plagado de anomalías donde miles de electores duplicados pululan en sus listas y otros tantos de personas fallecidas continúan en los registros y seguramente votan todavía, que hasta los veedores de la OEA recomendaron una auditoría urgente.

El fraude estaba tan minuciosamente preparado que, de no mediar la vigilancia ciudadana, el seguimiento constante de los medios de comunicación y sobre todo la inmediatez de las redes sociales; el oficialismo se hubiera salido con la suya sin mayores sobresaltos. Los resultados preliminares fueron tan categóricos que hasta casi la totalidad de los analistas coincidieron en que la tendencia del No era irreversible, a pesar de las amenazas y pataletas del vicepresidente que salió a la palestra a ofrecer insólitas interpretaciones que desafiaban la mínima inteligencia, aparte de lanzar temerarias acusaciones de que la “derecha racista” estaba promoviendo el fraude al, supuestamente, querer impedir el conteo de las votaciones rurales. Quisieron volcar la torta a marchas forzadas pero no lo lograron.  

Casi tres días más tarde el presidente Morales acudió por fin a reconocer la derrota, aunque a regañadientes y sin mostrar un mínimo de humildad. Más bien se puso a explicar que su famoso “voto duro” había aumentado casi al 50 % y que solo habían perdido una batalla pero no la guerra. Y cuando el caudillo habla así no sirven las metáforas. Aunque dentro de sus cuarteles los jerarcas deben de estar muy preocupados, porque saben que perdieron humillantemente con amplia diferencia, a pesar de los resultados oficiales.  Luego que se esfuercen por convertir la derrota en victoria, sin apenas autocrítica y más bien echando la culpa a factores externos como el poder del imperialismo y la guerra sucia de la oposición, suena a preocupante amenaza de que se vienen tiempos más autoritarios y restrictivos. De hecho, ya está casi lista una ley para poner bozal a las redes sociales a título de regulación, similar a los métodos del régimen chino. No en vano, el caudillo acusó directamente de su derrota a estas plataformas, prácticamente las únicas libres en esta época de medios tradicionales enteramente funcionales o controlados por el gobierno.

El futuro pinta poco halagüeño para este país inmerso en sus seculares contradicciones y devorado por sus creencias atávicas que desafían el sentido común. Solo así se puede explicar que estemos gobernados por un inculto megalómano y por un iluminado maquiavélico ("si alguien de aquí a cinco, a diez años quiere venir a quitar el petróleo, la electricidad, pónganse sus cartuchos de dinamita y vayan a botarlos a patadas", arenga en un colegio de Potosí) que, según pasan los días, parecen reírse en la voluntad mayoritaria del pueblo, pues ya circulan rumores de que se están barajando alternativas o “estrategias envolventes” como diría el vicepresidente, para intentar otro asalto a la Constitución y alargar su permanencia en el poder. El caudillo, lejos de serenarse y dedicarse a gobernar de una vez acaba de desafiar con toda arrogancia a los de la oposición a que se animen a pedir un referendo revocatorio. Lo terrible es que no faltarán descerebrados que le sigan el juego. 

A modo de conclusión, no obstante los analistas internacionales coinciden en que el populismo está herido de muerte en el continente, y se apoyan en este revés del régimen evista al cual no dudan en calificar como el más exitoso del modelo; sin embargo, hay preocupantes señales de que Morales y los suyos no desocuparán Palacio Quemado por las buenas, como andan pregonando de que no son inquilinos y que han llegado para quedarse. Como está la situación, el referendo, lejos de ofrecer un panorama esclarecedor, más bien ha contribuido a generar un clima de intranquilidad, polarización e inestabilidad política que podrían conducir a nuevas rencillas y enfrentamientos. Todo es posible en la corte del rey chiquito.

Corolario.-  La evada de la ocasión: "Los que votaron Sí, le dijeron sí a Evo y los que No, dijeron: no te vayas Evo". 


22 febrero, 2016

4 El referendo y el ilustre matemático de la UNAM


Finalmente salió el sol esta mañana, por lo menos en lo que al cielo cochabambino atañe, luego de esconderse durante dos horas y algo más. Por un instante me invadió la zozobra pensando que se hacía realidad el terrible vaticinio del vicepresidente, quien pocos meses atrás, había lanzado su célebre cuarteta en una de sus acostumbradas arengas a la multitud. Gesticulando  como él sólo sabe, había advertido a los súbditos plurinacionales que sin la bendita presencia de Su Excelencia todo el país se sumiría de nuevo en las tinieblas, tal como podemos descifrar de estas enigmáticas palabras: Si Evo se va / el sol se va a esconder/ la luna se va a escapar/ y todo será tristeza…

Coincidentemente, esta semana la luna está apareciendo poniendo rumbo al plenilunio y esperemos que esta noche no se vaya a escapar para siempre, pues el resultado del referendo por la reforma a la Constitución de ayer domingo ha dictaminado que S. E. debe empezar a alistar las maletas pese a sus intentos de atornillarse al trono de Palacio Quemado. En lo que acertó plenamente el marxista de los trajes Armani, fue en anticipar la tristeza mal disimulada del bando oficialista, luego de meses de intensa campaña donde no faltaron los bailes, inauguraciones y demás jolgorios. Semanas atrás, S.E, confiado en su infalibilidad, había sentenciado que ganaría con más del 70%, sin duda respaldado por sus resultados anteriores.

Como es sabido en todo el planeta, los bolivianos volvimos a vivir otra “fiesta democrática”, con la cual seguramente se refieren al cúmulo de incidentes grotescos que se repiten en cada elección y en la que los ciudadanos estamos invitados a la fuerza. Como no podía ser de otra manera, este domingo fuimos testigos de quema de ánforas por falta de actas o papeletas, intentos de delegados oficialistas de anular mesas con cualquier pretexto, que alguno de estos fuera pillado portando medio centenar de papeletas marcadas, que luego aparezcan actas con los resultados volcados, entre otros detalles de pequeños actos fraudulentos que se suman a las falencias e incompetencias del órgano electoral. Y al final de jornada, el anuncio de que todo fue una fiesta. Y tienen razón.

Pero el fraude mayor se puede cometer entre las sombras, entre las cuatro paredes del tribunal electoral y con toda calma. Ya lo demostraron en la elecciones regionales de 2015 donde hicieron ganar, con anulación de candidaturas e insólitas interpretaciones de las votaciones, a candidatos del oficialismo en plazas disputadas. Mayor razón todavía para desconfiar son los conteos a boca de urna que las dos empresas encuestadoras autorizadas publicaron a las ocho de la noche de ayer donde una estimaba que la opción del No había ganado estrechamente con el 51% contra el 49% del Sí y la otra ampliaba la diferencia entre un 52,3 % por el No y un 47,7 del Sí.

El caudillo anunciaba que iba a arrasar como de costumbre

Eso fue suficiente para que sectores opositores y demás simpatizantes saltaran a las plazas de las principales ciudades a celebrar como si fuera la Copa del mundial de fútbol. Sobre todo después del anuncio de que en las nueve ciudades capitales se había impuesto el No con rotundidad, con la excepción de la ciudad de El Alto, que merece otra consideración aparte. Ridícula oposición que saltaba de alegría como si el triunfo fuera suyo y no debido a la reacción de la ciudadanía ante las amenazas de tiranía que se cernían sobre la nación.

Pero más patética aún fue la intervención posterior del vicepresidente que a eso de las diez de la noche salió a dar la posición oficial del gobierno. Después de las felicitaciones de rigor al comportamiento del electorado, sacó a relucir sus dotes de sofista que parece haber aprendido en las aulas de la UNAM y no así los conocimientos requeridos de su trucha licenciatura en Matemáticas que gustaba relucir en su biografía hasta que fue pillado recientemente que carece de título.  Bien recuerdo que en Alemania y algún otro país europeo, ministros y otros altos funcionarios han renunciado vergonzosamente por plagios de tesis u otras irregularidades de su formación profesional. Pero este es el país de las maravillas donde sin titulación se puede sentar cátedra, como nuestro privilegiado personaje que, según él, toda su creación intelectual le avala y no unos simples papeles.

A tal punto llega su suficiencia que en ningún momento reconoció los resultados, más bien se explayó en asegurar que se estaba ante un claro “empate técnico” y que los datos podían cambiar de “forma drástica” y que “nadie había ganado ni perdido”, amparándose en los votos de las zonas rurales que siempre han sido favorables al masismo. Lo que el sesudo calculista parece ignorar es que el campo se va despoblando paulatinamente -corroborado por el último censo de población- y crecen las zonas metropolitanas. En gran parte de los sectores urbanos el oficialismo fue derrotado con amplia diferencia y la tendencia no iba a cambiar mucho. A menos que…

Una actitud de amenaza velada parecía transmitir el semblante arrogante del Vice al anunciar que era “altamente probable que las cifras se modifiquen” y que los opositores no cantaran victoria, “no vaya a ser que el festejo forzado se convierta en llanto generalizado”, terminó de puntualizar en tono de sorna. Con un aparato electoral funcional a los intereses gubernamentales no se puede asegurar nada. A la espera de resultados oficiales, entonces. Una semana es demasiado tiempo para aclarar las cosas, o para enturbiarlas.

La desazón en el rostro dice otra cosa

17 febrero, 2016

4 Despidiendo el carnaval a pucherazo limpio

Puchero valluno, según receta de mi tía

El domingo reciente despedimos el carnaval de la mejor manera posible: degustando un platito en familia, lo demás son vainas. El día anterior se llevó a cabo el afamado Corso de Corsos, orgullo cochabambino que consiste en ir a sentarse todo el día sobre unas durísimas graderías de madera mientras llueve la espuma de todo lado y pasan comparsas de Caporales una y otra vez hasta el empacho. Más temprano, antes del mediodía, entran las unidades militares antiimperialistas disfrazadas de robots, superhéroes de Hollywood, abejitas u otros bichos para deleite de las masas. A esta mescolanza sin ton ni son le están haciendo campaña para que la declaren patrimonio cultural (a semejanza del Carnaval de Oruro), pues dicen sus promotores que es “única” y ciertamente llevan razón porque en ninguna otra parte del planeta se enorgullecerían de semejante despelote.

Perdonen que ahí no termina el despropósito. El espectáculo tal no es más que otro pingüe negocio para la Alcaldía que subasta cada metro lineal de las calles del recorrido entre grupos de comerciantes que se disputan, hasta de las mechas, los mejores sitios para revenderlos a su antojo. Según alguien me dijo, por un estrecho asiento en graderías cobraban hasta Bs. 150 (casi 22 dólares) y por una silla de plástico en los sectores más privilegiados (si es que se puede llamar así a un lugar sin sombrilla y a ras de acera incomodado por la infinidad de transeúntes que estorban la vista) exigían Bs. 250 o más. Perdonen que esté haciendo pucheros pero yo no acudiría a tal fiesta ni aunque me pagaran generosamente y tener que aflojar la billetera debe de ser para descerebrados o gente con plata. Es que hay gente con plata, por eso piden tanto, me corrige mi asesora financiera. Y callo.

Mejor gastar esos 150 pesos en tres o cuatro vinos de buena calidad para acompañar un sabroso Puchero, el plato que se acostumbra preparar en los carnavales, especialmente en los mercados vallunos. Cada fecha especial tiene su acostumbrado manjar para conmemorarla. Bolivia tiene más comidas que pueblos y ciudades, y me imagino que en los otros países de la región no son menos. Los largos días del carnaval se pasan saltando entre asados a la parrilla y mojazones con agua. El martes de ch’alla menudean los humos de los sahumerios y retumban los cohetillos en casas y negocios como encomendándose a la buena suerte y rindiendo tributo a la Pachamama con cerveza u otro licor. Es almuerzo de rigor el puchero, siguiendo la tradición. Para esos días se agota el k’awi (corte de pecho vacuno) en las carnicerías y los repollos se venden como pan caliente luego de ser despreciados todo el año. El durazno vale hasta su pepa como si fuera oro.

En casa preferimos esperar una semana más, para conseguir los ingredientes con toda calma. Unos tíos y su grupo familiar acostumbran reunirse una vez al mes, un fin de semana, en algún domicilio por turnos. El domingo tocaba ejercer de anfitriones a ellos. Qué mejor que un puchero que andaba antojándose mi tía y también los primos. Había degustado uno, días antes, pero me sumé al entusiasmo sin rechistar. Nunca me hago de rogar donde hay promesa de buen gusto y banquete. Y habrá vinitos, me anunciaron para terminar de hacerme feliz. Luego, mis orejas calentadas dieron absoluta fe de ello.

No sé si habrá preparación más morosa que la de este cocido popular. Toda la noche del sábado vi a mi hacendosa tía efectuando los preparativos y noté que su cocina estuvo con luz hasta medianoche. No es para menos alistar esto y aquello, entre otras cosas, remojar y moler el ají amarillo, remojar los garbanzos y el chuño, adobar la carne y otros menesteres de ancestral cocina. Al día siguiente, al mediodía fueron llegando los invitados.  Una sopa del apreciado k’awi fue el aperitivo para los que se apuntaran y refresco de mocochinchi (durazno seco) para la sed. Yo no caí en la trampa y eso que no había probado nada desde el desayuno. El plato fuerte es mi fuerte, valga el sinsentido.

Me colé en la cocina para observar el proceso de servido. Sobre una cama de láminas de repollo hervido pusieron papas blancas, chuño y tunta (chuño blanco). A continuación una capa de arroz en su punto ligeramente aguanoso y encima la carne previamente cocida en filetes. Terminaban la decoración un durazno cocido y motas de garbanzo, todo generosamente regado por la salsa ligeramente picante del ají amarillo. El toque agridulce del repollo con esa combinación de arroz y chuño me sumió en el mar de los placeres. ¡Y el k’awi, qué suavidad de carne por una vez! Preferiría no contaminar el paladar con la textura dulzona del durazno (otros hasta le suman una pera). Tanto disfruté que hasta repetí plato con gallardía. De postre sirvieron una especie de budín con maracuyá, ácido y macanudo, escaso y en su punto menos sólido. Daban ganas de aplaudir pero sólo se podía murmurar de puro deleite.

Destaparon las botellas. No miré los refrescos ni siquiera en jarra. Raro placer pavloviano anticipa el ruidito característico del corcho saliendo de prisión. Vino tinto para sosegar la sobremesa, como para alegrarse de estar vivo. En esas circunstancias nadie me mueve de mi sitio. Impagable sensación de saber que el vino manara de cualquier botella para sortear unas partidas de cacho más adelante, mientras sonaba de fondo el último concierto de Los Chalchaleros.


11 febrero, 2016

4 Evo y la Lewinsky plurinacional


La nueva aventura en que se ve envuelto don Evo Morales Ayma, refuerza cada día la idea generalizada de que es un auténtico caballero ecologista, habida cuenta de que es todavía el máximo dirigente de los orgánicos cultivadores de coca del Chapare, además de considerarse acérrimo defensor de la naturaleza  y, sobre todo, por tener aparente debilidad por las flores recién brotadas. Es de conocimiento popular que Su Excelencia siempre deja algún flechazo en corazones núbiles al recorrer cada pueblo u otro rincón de su reino plurinacional.  ¿Acaso no han oído, de su propia boca, que él no se había casado con ninguna mujer porque estaba casado con Bolivia?

Pocos años atrás, por maliciosas intrigas de la derecha vendepatria o por maquinaciones del imperialismo que nunca duerme, al paladín de la reserva moral de la humanidad, se le acusó de tener amoríos con una menor de edad, hija de una ministra quien, coincidentemente a partir de ello tuvo un poder sobrenatural sobre S.E., a tal punto que la defendió contra viento y marea cuando se destapó meses atrás la inmensa olla de corrupción del Fondo Indígena del cual esta señora era la máxima autoridad ejecutiva. Como todos saben, cayeron unos cuantos pelagatos al talego y la “suegra del presidente” (como es conocida por lo bajo) fue retirada discretamente y ahora goza desde las sombras.

Así pues, S.E. seduce con su mayestático encanto a toda flor que se le atraviese en el camino. Una publicación internacional afirma que, en una de sus correrías de joven por el continente, dejó un amor en Querétaro mientras participaba en alguna ceremonia de la lluvia o cosa parecida de esas cumbres alternativas a la que él es tan afecto. Que el presidente se enamore como un chavalín nos vale huato -que no los huatos del calzado que le atan sus edecanes de seguridad-, y quiénes sean las pasantes o becarias de su corazón peor aún, que el mundo está lleno de arribistas y eso no debería ser noticia.

Lo que sí debería preocuparnos, es que un gobernante afecte a todo un país por culpa de sus hormonas. No es cosa de chiste que el presidente se vea inmerso en un escándalo con ribetes clintonianos y más aún cuando están en juego millones de dólares. Fiel a sus costumbres, allá por el 2006, el caudillo recién entronizado se había prendado de una desconocida de diecinueve años con la que tuvo una relación fugaz. Pasó el tiempo y la joven conquista salió estas semanas a la luz pública convertida en la nueva diosa del Olimpo masista, con un palmarés envidiable de modelo, ejecutiva de negocios y dos rutilantes profesiones para tapar la boca a cualquier incrédulo. Sin trayectoria empresarial ni herencia familiar conocidas, resulta altamente curioso el suntuoso nivel de vida al que la dama se había acostumbrado, como el vivir en una casona tomada en anticrético por cien mil dólares en una zona burguesa de La Paz, mucho más que el valor de compra de un apartamento promedio.

Algo de extraordinario en ella debieron detectar algunas transnacionales, como la china CAMC Engineering, para sumarla a su plantel de altos ejecutivos y encargarle el manejo de contratos vinculados al Estado boliviano y cuyo alcance o volumen de operaciones supera los quinientos millones de dólares. Qué les habrá pasado a estos chinos tan legendariamente desconfiados, para dejar que una joven inexperta (a sus tiernos 26 años) maneje negocios tan importantes en su nombre, y eso que tampoco habla chino. Ni hao…

En medio de la polémica, el presidente Morales aseguró rotundamente que no tenía nada que ver en el asunto. ¿Qué tráfico de influencias?, eso es cuento chino inventado por la oposición, le faltó decir, asegurando que él no sabía que una empresa china había empleado a su exnovia, a la que no había visto desde 2007 además de perder todo contacto, se encargó de recalcar en una conferencia de prensa. A las pocas horas circuló en las redes una fotografía tomada en 2015 donde se lo ve felizmente abrazado a su ex en el Carnaval de Oruro en medio de muchos testigos (foto superior). Pillado otra vez en su mentira el profeta del “ama llulla” aún tuvo el coraje de hacerse al distraído: “ustedes saben en las fiestas se acerca la gente para sacarse fotos con el presidente, yo vi a una mujer que no recordaba bien, cara conocida que se me acercó y era la Gabriela”. No la había reconocido cabalmente…¡a la mujer con la que tuvo un hijo!

Y, si después de esta flagrante y grotesca muestra de corrupción que le implica directamente, el pueblo le da el beneplácito para su reelección indefinida -en el referendo del 21 de febrero-, entonces no merecerá llamarse pueblo.
 
Ministro de cabecera traduciendo al presidente (meme)



04 febrero, 2016

4 La plaza de la discordia (segunda parte)

Foto de 1910: por el auspicio les habrán rebajado en las baldosas, supongo
Parece que ni la gigantesca influencia que, desde el cercano cerro San Pedro, ejerce el Cristo de la Concordia pone de acuerdo a los cochabambinos en torno al uso que se le debe dar a la plaza principal de la ciudad. Al día siguiente de su reapertura al público, ya empezaron los amagues de enfrentamiento entre los ociosos activistas que quisieron retornar a sus labores y grupos de comerciantes aliados del alcalde que entre insultos y empujones querían desalojarlos del lugar. La policía no apareció por allí y eso que tiene oficinas a unos pasos del sitio. Afortunadamente el asunto no pasó a mayores. Pero llovieron las amenazas, mucho más que el diluvio que la ciudad padeció estos días, de enjuiciar al alcalde y a su entorno por sus intenciones de “privatizar” un espacio común a todos y, lo que es más absurdo todavía, por rasgos evidentes de racismo y discriminación que, según afirman las mentes más lúcidas del masismo local, emanan del reglamento recién redactado. No faltó algún activista del animalismo que se quejó de que prohibieran el ingreso de perros al recinto, ya que estos son un integrante más de cualquier familia, por tanto con plenos derechos, según dio a entender inequívocamente. Menos mal que las palomas tienen alas y pueden copar sitios a su aire y, por supuesto, apareció otro alarmista anunciando que el alimentarlas iba a ser prohibido también.

Unas baldosas y unos cuantos postes y, ¡zas cholita!... se hizo el milagro

Pero la intención nuestra no era terciar en estos intríngulis de costumbrismo regional. Más bien queríamos desentrañar en qué consistía la “revitalización” de nuestra plaza histórica que con bastante ruido mediático fue anunciado meses atrás, muy venida a menos en los últimos tiempos por los usos y abusos de sus pobladores y visitantes. Ayer mismo, al mediodía, enfilé los pasos al lugar, portando mi cámara, con aires de turista del interior del país para que no se me notara lo cochabambino.  No vaya a ser que algún gendarme municipal me quisiera impedir tomar fotos como le ocurrió a un fotógrafo de un periódico que a empellones lo quisieron desalojar funcionarios prepotentes por meter las narices sin permiso.

Monumento central con el cóndor 'revitalizado' a plan de pintura


Y ciertamente certifiqué lo que un amigo me había comentado, no había ningún cambio sustancial apreciable: ni funcional ni estético, ni mucho menos de espíritu. La famosa revitalización había consistido en la transformación de las calzadas norte y sur en paseos peatonales; aparte de darle una nueva mano de pintura a la estatuilla del cóndor y el colocado de cadenillas alrededor de su columna, nuevas rejillas a los jardines, podado de árboles y otras florituras, plantar algunos postes de luz y repartir bancos por doquier. Me cuesta creer que se gastaron más de un millón y medio de dólares en baldosas (ni que fueran marmoladas tipo Carrara), compra de banquetas de fierro forjado, baldes de pintura, farolas, luces de piso y otros materiales. Se supone que los obreros y maquinaria son del propio municipio y los jardines y su cuidado corren a cargo de la sección de Áreas Verdes. ¿Dónde se destinó el resto del dinero? ¿en “socializar” la idea y sus alcances a través de los medios audiovisuales? ¿en los agasajos resonantes por la reapertura?

Quisieron hacer jardines a la francesa y les salió esto


En resumidas cuentas, lo que en mis tiempos se llamaba una simple remodelación o restauración arquitectónica, hoy cobra visos de “mega-obra” con implicancias de modelo a imitar en todas partes. Vital diferencia. Así que ya mismo voy a revitalizar mi cuarto pintándolo de otro color, a poder ser más alegre para darle nueva vida y, de yapa, redistribuir el mobiliario para que no sea tan deprimente. El que no parece deprimido es nuestro inquietísimo alcalde que, entre tantas obligaciones del cargo, no se olvidó de mandar a colocar una gigantografía en una de las esquinas de la plaza, con su retrato plenamente revitalizado; a plan de Photoshop, supongo. 

Siguiendo los pasos del inefable Cholango

El mal gusto al poder: un tubo con filigranas para que tenga pinta histórica

Entretanto, la catedral aguarda que alguien la revitalice


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