25 febrero, 2012

7 Los discapacitados y sus capacidades especiales



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¿Desde cuándo perder una pierna, o por distintas circunstancias -enfermedad, accidente,etc.- quedar parapléjico supone una automática disminución de la calidad de una persona?
En este país, donde todo se resuelve a marchas forzadas - no es gratuita la expresión-, la caravana de discapacitados finalmente llegó a la sede de gobierno para reclamar su bono anual, con justa razón si consideramos que otros sectores menos necesitados  tienen este beneficio.
A diferencia de las marchas indígenas, este acontecimiento no tuvo mucha prensa, más bien fue presa de la indiferencia generalizada; salvo, claro está, cuando asomaban sus sillas de ruedas a palacio presidencial. He ahí la explicación de que todo sector en conflicto, se empeñe tercamente en llegar hasta La Paz, para conmover a la ciudadanía y principalmente al Gobierno. “Que chillen mientras no sea en la puerta de mi casa”, pareciera ser la consigna de la administración de Morales y su negativa a solucionar oportunamente los conflictos, echándoles sistemáticamente la sospecha de motivos políticos.
Naturalmente, el acontecimiento fue primera plana en todos los noticiarios (desplazando aunque sea por un rato la todavía fiebre carnavalera), y  como los principales actores fueron estas personas, los presentadores de televisión y radio, ya sea por parecer correctos, simpáticos o sensibles, recurren a una especie de manual de nuevos términos que de tanto oírlos suenan a banalidad y despropósito. Estoy cansado de escuchar todos los días, frases como, “las personas con capacidades diferentes” o “las personas con habilidades especiales”, como si el decir “discapacitados” fuese un crimen. ¿En verdad, ser discapacitado disminuye la inteligencia, o el razonamiento intelectual de esta gente para colgarle la etiqueta de “especiales”?, ¿o acaso el impedimento físico disminuye automáticamente la humanidad de una persona? En esta sociedad hipócrita, ¿ no se llama especiales a las personas autistas, o a las que padecen Síndrome de Down y otros trastornos cerebrales?
No entiendo el afán de los medios por tildar alegremente a ciertos sectores, basándose irresponsablemente en la apariencia física, cuando debería corresponder aplicar los términos médicos o legales para evitar estos absurdos  que rayan en la ignorancia y,  más aún, se  incurre implícitamente en la discriminación, que aunque parezca benévola, sigue siendo discriminación.
Alguna vez comenté, que el Gobierno, cuando tiene la presión social en sus narices, recurre a la vieja táctica de aprobar decretos y leyes como si de recetas de cocina se tratara. Lo dicho, en cuanto los discapacitados se hicieron sentir cerca de Plaza Murillo, el ilustre y levantisco (por levantamanos) parlamento,  declaró sesión de tiempo y materia para promulgar una ley de preferencias y protección para  este sector. Los discapacitados sólo quieren su bono, como los otros sectores,  y el Gobierno pretende calmar los ánimos con letra muerta, que todos sabemos,  no se cumple, como sucedió recientemente con la Ley de protección del Tipnis, que apenas los indígenas se fueron de La Paz, aprobó otra ley de consulta previa, apoyado en la petición de otros indígenas. No quiero enredarlos, para ser claros y concisos, el Gobierno primero actúa arbitrariamente y luego “consulta” si hay reacción. Es decir pisotean la Nueva Constitución, que ellos mismos aprobaron con su rodillo parlamentario.
Es tremendamente injusto el trato inferior que se pretende dar a esta gente, con la oferta de un bono miserable que no alcanza ni a medio dólar por día. Los ciegos y otros sectores tienen mejores prestaciones. Aunque parezca increíble, hasta  los reclusos tienen un prediario de más de un dólar. Con estos antecedentes es perfectamente entendible la ira y frustración de los discapacitados. Hace un par de días, quisieron ingresar a Plaza Murillo, la zona cero del Estado, donde supuestamente todos los bolivianos sin distinción tenemos derecho a entrar. Pero  no, a pesar de sus condiciones, se les negó la entrada con el argumento de la seguridad; cinismo absoluto, cuando todos hemos visto, que las agrupaciones progubernamentales no tienen ninguna traba y a veces el mismo presidente sale a saludarlos, gesto que nunca hace con los demás.
Fue patético el espectáculo de los discapacitados y su gente de apoyo haciendo frente a la barrera policial. Con tanta frustración acumulada, se las ingeniaron para arremeter con palos, piedras y otros objetos, llegando al extremo de desnudarse para causar mayor repercusión. No tuvieron éxito, fueron desalojados poco a poco. La refriega causó varios heridos, incluidos algunos policías. Cómo son las cosas, que el canal estatal de televisión publicó titulares como, “muchos policías heridos por agresión salvaje de los discapacitados”. Pobrecitos, no sabíamos que éstos tenían la capacidad de agredir a los indefensos policías. ¿Será ésta,la capacidad especial de la que hablan los medios? No pretendemos minimizar la violencia, que la hubo en los dos bandos; pero, pónganse en el lugar de un grupo desvalido que ante la indiferencia estatal, se vio obligado a emprender una marcha de ruedas que duró cerca de dos meses, con todas las dificultades que ello supone, (en el camino murieron, un niño por accidente y un viejo por enfermedad)para finalmente llegar a destino y encontrarse con las puertas cerradas de lo que se supone es la Casa del Pueblo, como el mismísimo Morales la bautizó. Si mandar a la policía a prohibirles el ingreso, es parte del trato preferencial, entonces, ¿de qué estamos hablando?

18 febrero, 2012

4 Carnavaleando que es gerundio


Oruro: Bailarín de Diablada
Me jode escribir este post. Los genes de la tradición me llaman fuertemente: debería entregarme al jolgorio como la mayoría de los bolivianos  y jugar con agua,  aunque la mitad del país esté bajo el agua. Unos lloran por sus casas anegadas, otros ríen en nombre del rey Momo.
El carnaval es fiesta mayor de los bolivianos,  venida de lejos y, que curiosamente los paladines de la descolonización no arremeten contra ella. Como se dice en España, me voy a “mojar”, al afirmar que es uno de los peores vicios que trajeron los conquistadores: la relajación de las costumbres. Si no me creen, esta es la semana donde menos días se trabaja: todo comenzó hoy, viernes, con el establecimiento de horario continuo, “el que no acate se arriesga a las sanciones de ley”, anuncia el laborioso Jefe Departamental del Trabajo. Mañana sábado, comienzan las entradas folclóricas en varias regiones, ¿han oído hablar del Carnaval de Oruro?
Domingo, un leve descanso, por los pies adoloridos de tanto zapateo.  Lunes y martes, dos días feriados donde corre más alcohol que agua (por el tiempo de lluvias). Sí, me acabo de enterar de que para estas fechas las cervecerías triplican su producción, por lo visto, son las únicas que trabajan. Ingenuo de mí. El resto de la semana, el país vive a media máquina, con los vahos de la resaca, siempre hay tiempo y energías para rematar la fiesta el sábado,  con el Corso de Corsos, una fiesta bufa sin orden ni concierto, donde la cervecería local logra la mayor venta del año, ¿acaso no han oído que la borrachera se cura con más alcohol?
La fuerte presencia indígena ha dejado su impronta en el mestizaje de las costumbres populares: a lo largo de la semana, especialmente el martes, se procede a la ch’alla, rito andino que consiste en adornar los negocios, oficinas, inmuebles y otras posesiones materiales con serpentinas y en ofrecer sahumerios a la Pachamama invocando el éxito futuro. Lamentablemente, esta tradición ha perdido su espíritu original, pues casi siempre degenera en borrachera y escándalo, alcanzando a veces lo grotesco, como en cierta ocasión, vi a través de la televisión a trabajadores de un hospital, en horas de la tarde, que se supone en horario de trabajo, comenzando una farra con música carnavalera a todo volumen a escasos metros de la morgue. ¿Y las autoridades?, bien gracias. Hasta entonces, nunca había entendido esa horrible expresión de “me cago en los muertos”.
Sí señor, el carnaval en Bolivia es cuestión de estado. ¿Sabían ustedes?, que allá por 1879, mientras el Gobierno de turno hacía gala de la tradición, el ejército chileno ocupaba tranquilamente territorio boliviano, y si no lean:  “No hay duda, pues, de que el Presidente Daza y sus ministros no reaccionaron como les correspondía ante la gravísima situación que Chile planteaba en el litoral y de que cometieron tres actos de lesa patria: Primero, ocultar la noticia a la población; segundo, dejar que la república, con una lanza clavada en uno de sus costados, se entregase al frenesí del Carnaval; tercero, dedicarse ellos mismos, por lo menos el Jefe de la Nación, a la farra”. (Roberto Querejazu Calvo: Aclaraciones históricas sobre la Guerra del Pacifico).
Si uno nace en este país, ya está jodido de antemano, queramos o no queramos, nos vemos envueltos en este frenesí bufonesco, los aguafiestas somos minoría. El carnaval de Oruro es otra cosa, son los únicos que se toman en serio esta fiesta, valga la contradicción. Oruro como Río de Janeiro, vive del carnaval: a semejanza de las escuelas de samba, las fraternidades se preparan concienzudamente todo el año para dar lo mejor de sí. Resultado, la fiesta más auténtica y colorida del folclore boliviano, tanto que la Unesco la ha reconocido como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Esta es la única fiesta que tolero de buena gana; contemplar ese desfile de máscaras y trajes de diseño imposible es una fiesta para los ojos. Las demás entradas son una gratuita pérdida de tiempo, el chabacanismo elevado a la máxima expresión.
Así es Bolivia, un país lleno de contradicciones: carnavalear es un deporte plurinacional, valga la aclaración o corro el riesgo de ser discriminador. No obstante el absurdo, no hay pena ni muerto que valga para suspender estas celebraciones. A pesar de que medio país esté inundado, la tradición dicta que se debe jugar con agua, a baldazos o a globazos, aunque se corra el riesgo de perder un ojo. Uno no tiene derecho ni a caminar con la ropa seca en estos días: si uno se cabrea por la mojazón, “es carnaval” te dicen  panchamente.
Como decía doña Celia Cruz, aquí todo es un carnaval, no sólo porque las penas se van bailando, sino porque la vida misma sabe a carnaval; a caos, a despelote permanente, para desgracia o disfrute, según se vea.

13 febrero, 2012

12 El día que Borges me decepcionó


Hace muchos años, quizá diez o más, vi por primera vez en la televisión al flaco Cortázar, en una entrevista grabada, claro. Escucharlo fue una delicia para los oídos: ahí estaba el barbado semblante, tan natural de sí mismo, respondiendo con interés y profundidad, y cómo no, con un tono de voz tan alejado de los monótonos académicos. Elocuencia sin arrogancia.  Abrumador dominio del lenguaje, acento internacional, poco argentino, que daba gusto. Si ese era Cortázar- me decía-, ¿cómo será escuchar al más grande de los argentinos?
Nunca había oído hablar a Borges, solamente me limité a descubrirlo a través de sus escritos. A pesar de que al principio, como a tantos, me costó demasiado comprender sus obras, sin embargo esa dificultad lejos de espantarme, alimentó en mí un creciente y renovado interés con el pasar de los años. Al día de hoy, volviendo a su lectura, tengo la sensación de estar paladeando cada vez una cosa distinta. Es un vicio sin retorno, una adicción sin paliativos: por Dios, nunca he conocido a ningún literato que tejiera con tanta maestría la delgada trama del tiempo y la eternidad. ¡Y en castellano!, que no hay dónde perderse como cabría esperar en la traición de una traducción. No sé cómo les sabrá a los demás, la conversión a sus idiomas del Quijote. No sé cuánto me pierdo con la traducción de las obras de Shakespeare. Leyendo, por ejemplo, las distintas versiones en español de “El cuervo” de Poe, siempre me siento engañado.
Volviendo al punto, y resumiendo de una vez este innecesario homenaje a Borges- porque ya todo está dicho-, concluiré que me agrada leer cualquier cosa que lleve por título “Borges…”, con la voracidad de un ratón hambriento, mucho mejor si se trata de viejos conocidos de la literatura, que con sus canas y estragos del tiempo a cuestas, me permiten descubrir matices y caminos que yo no sospecharía. ¡Ay, cómo habla la experiencia!: lo que yo siento al leer al maestro argentino, y no lo puedo decir, me lo dice un académico boliviano de reconocida trayectoria: “El talento literario de Borges está fuera de toda duda, el castellano más bello escrito jamás: Esa combinación ática de elegancia y concisión representa una de las cumbres más altas de la creación estética”. (H.C.F. Mansilla: La filosofía de Borges y su celebración por los posmodernistas). Amén.
Todo iba bien en mi afán coleccionista borgeano, hasta que me topé recientemente con un “libro” sonoro al que un mercantilista editor se le ocurrió titular “Borges por él mismo”. Más me valía no haber pinchado en el reproductor Winamp; las avispas negras de la decepción se ensañaron con la imagen virtual que tenía de él, de la persona de carne y voz. Fue oírlo, y la sensación más deprimente me recorrió el espinazo: esa voz tan pusilánime, tan apagada, tan poco elegante, con ese acento como de cualquier paisano,  ¿era la del maestro, la del argentino más universal, la del erudito que se paseó por media Europa la mayor parte de su vida?
Decir, que no pasé de los primeros diez minutos de oírle recitar sus versos. Nunca más volveré a hacerlo. Prefiero imaginarlo inmortal, a través de las letras mohosas que reconoce mi mirada con el río del tiempo. Aunque tal vez el daño ya esté hecho en mi imaginario: no soporto al Borges lector o declamador. Tal vez si hubiera sido su alumno en la facultad argentina, me hubiera causado mucho sopor, a pesar de toda su sabiduría. Ahora que lo pienso, al leer un artículo del escritor Antonio Tabucchi, donde contaba que quizá Borges no había existido (de acuerdo a una revista francesa), que era sólo “un invento de un grupito de intelectuales argentinos, entre ellos Bioy Casares, que simplemente habían publicado una obra colectiva detrás de la creación de un personaje ficticio, y que aquel viejo ciego con bastón y sonrisa árida era un actor italiano de tercer orden(…) contratado años antes para hacer una broma, y que había quedado cautivo dentro el personaje resignándose finalmente a ser Borges de verdad”; ay cómo me asalta la sospecha, después de haber oído su horrible voz y su corriente acento. Cuestiones mías simplemente. Borges es Borges.

08 febrero, 2012

8 La nueva educación en Bolivia o la casa por el tejado


imagen:Javier Diaz Canseco
Hace un par de días arrancó el año escolar. Los niños, como cada gestión, acudieron a las aulas entre entusiastas y remolones. Tal vez ellos no se han enterado, pero a partir de hoy regirá un nuevo currículo escolar, entre cuyas características, se cambiará el método de impartir la enseñanza, reemplazando el modo tradicional del maestro frente a la clase, por el “revolucionario” y “liberador” método de sentar a los alumnos en círculos y el maestro al centro, ya no como guía y autoridad  sino más bien como coordinador integrado, persiguiendo la finalidad de “democratizar” la enseñanza. Si con el antiguo método, muchos alumnos faltan al respeto, imaginen lo que sucederá con el nuevo.
Ahora bien, nadie objetaría que se lleven a efecto algunos cambios en los métodos pedagógicos si hubieran las condiciones y medios adecuados para los mismos. En primer lugar, -y esto es lo más grave-la nueva malla curricular no se consensuó con los maestros, ni mucho menos se los capacitó a profundidad para implantar estas reformas, a lo sumo se limitó a informar en líneas generales y recién se está procediendo a entregar los textos y otros materiales de apoyo. Las protestas de los maestros son la mejor muestra de que la desinformación campea. Y en un Gobierno que se jacta de “socializar” todas las reformas y leyes antes de aprobarlas, es por lo menos, irresponsable.
Por otro lado, ¿cómo se pretende cambiar la enseñanza si no se ha preparado previamente la infraestructura necesaria?: la mayoría de las escuelas públicas presentan un estado calamitoso, con aulas mal acondicionadas, estrechas y sin el equipamiento respectivo. ¿Será que se procederá a sentar a los niños en el piso, con un viejo sabio narrándoles “conocimientos” como que las piedras tienen sexo? No, no es broma, el ministro de Educación dijo: “Lo que se hará es establecer un mecanismo de coordinación para que el kallawaya vaya al colegio a apoyar al maestro”. ¿Usted sabe qué es un kallawaya? Un curandero espiritista, ni más ni menos.
Asimismo, el nuevo currículo habla de otorgar bachillerato técnico y humanístico, como si fuera algo nuevo. Desde algún tiempo, ciertos colegios religiosos en convenio con el Estado tienen modalidad técnica para sus graduados. Al contrario, el Estado no tiene ni un sólo taller o aula técnica, mucho menos las herramientas para llevar adelante estas reformas. ¿Será que los alumnos aprenderán mirando diagramas de máquinas?
Otro punto fuerte de esta nueva ley, hace hincapié en la enseñanza obligatoria de una lengua indígena. Ahora bien, hay denuncias de que en ciertas partes del oriente, se pretende enseñar lenguas que casi nadie las habla, salvo en pequeñas comunidades y dentro sus ámbitos territoriales, muy alejadas de los centros urbanos, ¿qué utilidad tiene todo esto para la gente de la ciudad?  Obsérvese que ni las lenguas mayoritarias como el quechua y el aimara tienen una gramática estándar, mucho menos se puede esperar de las otras lenguas. Para ilustrar este tremendo error de partida, expongo mi caso personal: tuve la suerte de aprender el quechua, -y estoy muy orgulloso de ello-en mi etapa escolar,  por asimilación natural, no por obligación.  Al día de hoy, ya no hablo con fluidez por la falta de práctica, pero lo entiendo perfectamente y cada vez que intento leer un texto se me hace dificultoso,-añadido porque el quecha tiene una sintaxis parecida a las lenguas germánicas- porque al no haber una norma ortográfica, cada autor escribe según su criterio. Si ese es el punto de partida, ¿cómo se pretende enseñar a los niños si no hay lineamientos uniformes y consensuados y,  más grave aún, no hay suficientes profesores de lenguas indígenas?
Revisando la nueva ley de educación, salta a la vista que es un mero alegato político-ideológico antes que una verdadera reforma pedagógica. Es terriblemente etnocéntrica, leyéndola uno creería que fue elaborada para una región autónoma, pero no, será de cumplimiento obligatorio en todo el país. En ningún momento hace alusión a la población mestiza y blanca, como si fueran invisibles,  en una suerte de revanchismo histórico. He aquí, algunos artículos de la Ley Siñani-Pérez, que me llaman la atención, por la incongruencia, incompetencia y visión retrógrada con que fueron elaborados:
“Es descolonizadora, liberadora, revolucionaria, anti-imperialista, despatriarcalizadora y transformadora de las estructuras económicas y sociales; orientada a la reafirmación cultural de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, las comunidades interculturales y afrobolivianas en la construcción del Estado Plurinacional y el Vivir Bien”.
Veamos, pretenden desterrar ciertas concepciones heredadas de la colonia (descolonizaje), para reemplazarla por idearios y cosmovisiones indigenistas en todo el territorio, especialmente la visión andinocentrista, comenzando por decretar la iza de la wiphala y luego se jactan de que es un estado “plurinacional”, respetuoso y tolerante de otras culturas. ¿Liberadora, revolucionaria, antiimperialista? Suena al viejo cliché del agonizante régimen cubano. Como buen ejemplo de “despatriarcalizar”,  han “sexuado” todas las leyes y documentos oficiales: “los bolivianos y bolivianas”, “los maestros y maestras”, y un cansino etc.  Como si la gramática de la lengua española no fuera clara al respecto.
“Es laica, pluralista y espiritual, reconoce y garantiza la libertad de conciencia y de fe y de la enseñanza de religión, así como la espiritualidad de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, fomenta el respeto y la convivencia mutua entre las personas con diversas opciones religiosas, sin imposición dogmática, y propiciando el diálogo interreligioso”.
Totalmente de acuerdo con que no se debe enseñar ninguna religión en los colegios públicos, correspondiendo a cada familia tal elección, pero en cualquier caso, ¿por qué se pretende enseñar el culto de la Pachamama y otras creencias animistas?,  nadie niega la influencia de las culturas indígenas, por lo tanto la intención es superflua. Todos los bolivianos estamos acostumbrados a las distintas manifestaciones espirituales, resultado del sincretismo cultural religioso que se viene produciendo de manera natural desde tiempos antiguos, tanto que muchas características como la ch’alla, k’oa, (ofrendas, invocaciones de buena suerte, etc.) se hacen de forma totalmente respetuosa, incluso en los estratos medios y altos de la sociedad.  Pero como sucede en todas partes, la imposición acarrea resistencia y al final se produce el efecto contrario.
“Es científica, técnica, tecnológica y artística, desarrollando los conocimientos y saberes desde la cosmovisión de las culturas indígena originaria campesinas, comunidades interculturales y afro bolivianas, en complementariedad con los saberes y conocimientos universales, para contribuir al desarrollo integral de la sociedad”.
¡Por Dios, estamos en el siglo 21!, aquí se entiende la indignación de los maestros de que esta ley es retrógrada. Salta a la vista que se pretende anteponer una cosmovisión anclada en tiempos del Incario. Las nuevas generaciones,  necesitan prioritariamente formación científica y tecnológica, es la única forma de salir de la pobreza, sin que ello signifique renegar de ciertas creencias.
 “Contribuir a la convivencia armónica y equilibrada del ser humano con la Madre Tierra, frente a toda acción depredadora, respetando y recuperando las diversas cosmovisiones y culturas”.
Una vez más, un cliché ecológico que se repite hasta el cansancio y que lógicamente no se cumple en la práctica, mucho  menos por los sectores sociales que apoyan al Gobierno, especialmente los colonos cocaleros, -a los que el Gobierno llama eufemísticamente “interculturales”-que son los mayores depredadores de la naturaleza, que van desmontado allá donde se les antoje para plantar su hoja sagrada y avasallando a comunidades indígenas, y que son los principales impulsores y beneficiados de la polémica carretera que pretende atravesar el parque Tipnis.
“Es educación de la vida y en la vida, para Vivir Bien. Desarrolla una formación integral que promueve la realización de la identidad, afectividad, espiritualidad y subjetividad de las personas y comunidades; es vivir en armonía con la Madre Tierra y en comunidad entre los seres humanos”.
¡El colmo de los disparates!, al leer este juego de palabras, no sé si echarme a reír o sentir vergüenza ajena. Me inclino por lo segundo. Me pregunto, ¿quiénes habrán elaborado esta ley?, porque lamentablemente el Gobierno no es transparente, nadie sale al frente para explicar a fondo la cuestión y en todo caso sólo el ministro de Educación es el que intenta explicar algo, pero limitándose a los aspectos operativos y metodológicos del nuevo currículo, sospechando que él no es uno de los principales responsables.
Conclusión: Comparando esta nueva ley con la anterior de 1994, una vez más se hace patente de que no hay nada nuevo bajo el sol, muchos de los cambios que aquí se han maquillado de novedad e impregnado de indigenismo ya fueron contemplados en aquella ocasión. Por supuesto que ésta es mi perspectiva del asunto, por lo tanto discutible. Si no están de acuerdo con esta opinión, les ruego que den una mirada a ambas leyes,  y saquen sus propias conclusiones. No es necesario que lean todo el texto, bastará con las primeras páginas. Luego me dirán cuál de ellas es más discriminadora, colonialista, neoliberal, antiimperialista, realista, liberadora, revolucionaria, etc., etc.…
 Más información:
-República de Bolivia: Ley de Reforma Educativa de 7 de julio de 1994.
-Estado Plurinacional de Bolivia: Ley de Educacion Avelino Siñani-Elizardo Pérez de 20 de diciembre de 2010.

04 febrero, 2012

6 Si yo hubiera sido Wittgenstein


Leyendo a Wittgenstein me pasa lo mismo lo que a una alumna de Borges, cuando confesó al maestro  de que Shakespeare le aburría, a lo que Borges le respondió: “Tal vez Shakespeare todavía no escribió nada para vos. A lo mejor dentro de cinco años lo hace”. Tal cual, la misma sensación farragosa me invade cada vez que intento abordar el “Tractatus logico-philosophicus”, su obra más ambiciosa que según dicen, escribió cuando apenas sobrepasaba los veinte años. Caramba, a esa edad, yo todavía cavilaba en la esfericidad de un balón  o en las teorías de cómo abordar a una chica.

Se han escrito tantas biografías sobre este genio inescrutable, y su vida solitaria provoca tanta fascinación entre legos y académicos, disputando incluso el interés sobre otros filósofos contemporáneos más mediáticos y controvertidos como Nietzsche y Heidegger.  En verdad, la historia de su vida y la de su familia es por lo menos terriblemente morbosa: hijo de una familia aristocrática de Viena, asquerosamente rica y numerosa como acostumbraban los de esa condición. Vidas desgraciadas, como el suicidio de sus tres hermanos mayores antes de que estos cumplieran los treinta. Su hermano sobreviviente que perdió un brazo en la Primera Guerra. Detalles que sin duda, dan para que corran muchos ríos de tinta.
Al ver su retrato y el del filósofo danés Kierkegaard -quizás los retratos más angustiosos de la literatura que haya visto-me convenzo de que el pensamiento es una actividad heroica, de sacrificio, de entrega permanente, aun a riesgo de la salud.  De él puede decirse que era un filósofo profesional, no porque haya sido un pensador remunerado, sino por aquello de que sus alumnos de la universidad de Cambridge aparentemente dijeron: “hasta ahora nunca habíamos visto pensar a un hombre”, a consecuencia de su retiro a la soledad de una cabaña, alejado del mundo académico.
A muchos nos cuesta creer que un hombre haya sido capaz de despreciar tanto dinero (cientos de millones que le correspondía), para entregarse a una tarea fatigante y aislada en vez de dilapidar su fortuna y “vivir la vida” como el resto de los mortales. Y lo más inaudito, nunca hacer uso de una condición privilegiada como el estatus social y por el contrario elegir la pobreza y el autoexilio como modo de vida: soldado raso, enfermero, jardinero, etc., como huyendo de sí mismo, de su sombra.
Cualquiera diría que su vida fue traumática y desdichada, pero después de leer: “Dígales que mi vida ha sido maravillosa” pronunciada en su lecho de muerte, no queda más que aceptar que él fue feliz de algún modo, a su manera, sin arrogancias, sin buscar el reconocimiento y la fama que tantos persiguen hoy. ..¿Quién entiende a los hombres que trascienden a pesar de sí mismos? Ni modo, hasta entonces habrá que aceptar aquello de que “sobre lo que no podemos hablar debemos guardar silencio”, digno colofón de su genialidad.
Este post es resultado de una larga semana de aburrimiento, de esos momentos en que uno se imagina estar sentado frente a una chimenea, embobado con el crepitar del fuego, mientras no tenemos noción del tiempo.  Así que,  hágase a la idea de que esto fue escrito en papel y después de darle una pasada tírelo al cesto de la basura. Lo hice breve adrede para no cargarle con mi fatiga y, si le hice perder el tiempo, le ruego me disculpe.

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