28 marzo, 2016

5 Placeres vallunos: chicha y chicharrón



Los domingos, como sabe todo valluno que se respete, son de chicharrón. A modo de señuelo, ennegrecidas pailas de cobre son colocadas cada cierto trecho a ambas orillas de las carreteras. Estampa dominical que se divisa mayoritariamente en la ruta al oriente (Santa Cruz) o pasando Quillacollo rumbo a La Paz y todo el occidente. Así que si alguien llega tarde por cualquiera de los dos lados, probablemente se deba a las chicharronerías que con sus ruidosas amplificaciones atrapan a los viajeros. Pero es cosa de conocedores encontrar sitios más discretos y perdidos en medio de chacras y nacientes urbanizaciones donde se elaboran todavía chicharrones más artesanales y en cantidades reducidas, de tal manera que pasado el mediodía, apenas queden restos de chinchulines y cueritos grasientos sin mayor atractivo. Ese es el mejor termómetro de la calidad del cocido.

Porque un chicharrón que se precie de tal tiene que ser cocido a fuego lento, en su propia manteca. Bien recuerdo que en mis años mozos, solía alguna vez visitar una chicharronería del pueblo cuyo dueño tenía fama de limpio y concienzudo, el cual ya atizaba desde plena madrugada una gran paila empotrada sobre un fogón de leña y él en persona removía la carne periódicamente, empleando un palo plano con el suficiente cuidado de no estropearla. Era de hacendoso aquel artesano que su negocio se murió con él. La prole ya no estaba dispuesta a tales sacrificios.

Volviendo a la ciudad, se sospecha que la inmensa mayoría de las chicharroneras aceleran el proceso cociendo la carne en agua y luego la “disfrazan” retostándola en la paila durante algún tiempo.  Así que es menester de buen conocedor también, probar un pedazo y pillarle el truco, antes de decidirse a efectuar la compra. A menos que no se sea tan exigente. Afortunadamente, uno de mis tíos paternos no rebaja la exigencia y se ha vuelto un catador de oficio y el comprador oficial de la familia cuando nos reunimos en ocasiones especiales. Alguna vez lo he acompañado, junto a otros primos a modo de cargadores para el bidón de 20 litros en el cual se llevaría la chicha. Porque sin chicha el chicharrón sabe incompleto. Y en casa de buen chicharrón seguro que se hace buena chicha.

Entre calles aún sin terminar de asfaltar, hacia el norte de Quillacollo, un domingo cualquiera llegamos donde su “casera”, un sitio difícil de ubicar y que, según mi tío, ahí elaboran el chicharrón a la manera del pueblo. Apenas intercambiamos saludos en quechua ya se nos ofrece una senda tutuma de chicha, a modo de invitación. Según el sabor, el tío encargará un bidón lleno o algo menos. Entretanto, nos obsequian algunas presas con mote y llajua para ir picando. Sabe a dioses o ya acuciaba el hambre. El tío negocia con la casera las mejores piezas del chicharrón y de yapa se lleva fragmentos de corazón y tripitas que crocantes son una delicia.

K'allu, el complemento perfecto
Como parte del plato, en otras bandejas llevamos asimismo mote de maíz, papas cocidas y llajua muy picante. Como se sabe que la guarnición es insuficiente, en casa las tías ya estaban haciendo cocer el papahuayk’u de rigor, con papas de la región, por supuesto, y a ser posible de reciente cosecha porque saben más harinosas. Sin embargo, el festín no tendría sentido sin un buen K’allu, la ensalada idónea para acompañar el chicharrón: nada tan sencillo de elaborar que cortar cebollas blancas y tomates en daditos y como toque final unas hojitas de yerbabuena para potenciar el sabor. Y a la mesa, señores.

Ayer, mi tío anfitrión convocó a los más cercanos a despedir a su hermana como se debe. La tía Maga, partirá en estos días para las Españas, dos meses después de haber recuperado sabores y sensaciones que los habrá perdido en doce años de ausencia. Como la invitación se hizo a último momento, el chicharrón saca de apuros con nota alta. Promediando las tres empezamos el festín, yo muy agradecido de que algunos invitados no llegaran por distintos contratiempos. Me relamí por ellos, con todo gusto. Como siempre no hay mejor antídoto contra insípidos parloteos que un suculento banquete. Y una auténtica chicha -ligeramente dulce, ligeramente ácida- para terminar de matar el chancho; aquí es donde el vino pierde por goleada y eso que no soy chichero. Y, desde luego, solamente un foráneo preguntaría de qué era el Chicharrón. ¡Salud, pues!

No teníamos tutuma para la chicha, pero un vaso sirve


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P.S. con Kaluyos vallegrandinos de fondo, despedimos sobriamente la tarde.


20 marzo, 2016

4 De días padres y otras cuestiones

Pollo a la María, un platillo padrísimo por donde se lo mire

Ayer, 19 de marzo, se celebró el Día del Padre (lo que era antes festejo exclusivo de los carpinteros, de los trabajadores de Radio y de algún otro gremio que no recuerdo, a quienes solo mencionan por chiripa) en todo el país y con profundo pesar voy constatando que se está convirtiendo en otra costumbre comercial, muy al estilo del Día de la Amistad, con tarjetita y todo. Uno pasaba por alguna céntrica avenida y no faltaban los peluches, plumafuentes y otras baratijas más o menos masculinas para que la prole conquistara el corazón de su progenitor a las carreras. Todo se vuelve tan inspirador que alguna empresa de repostería sacó la promoción del día con su paquete especial de empanadas y tortas en un coqueto canastito de mimbre. Las tiendas de artículos deportivos aprovechan la ola siguiendo la estela de las vitrinas de alta moda masculina que están dispuestas a vestir de los pies a la cabeza a todo varón adulto a precios fabulosos.

Como vivimos en tiempos blandos no faltaron los comités del festejo permanente, especialmente en instituciones públicas que les montaron el desayuno con salteñas, refrescos y otros bocados a sus trabajadores que tenían la suerte de ser abnegados padres, así sean primerizos. Todos estos homenajes ocurrieron el viernes y en muchos casos les dieron la tarde libre para que vayan a visitar algún parque con sus retoños. En un gesto de justicia arrebatador, el ente deliberador conocido como Concejo enmendó el error histórico de solo homenajear a las madres en su día: desde hace pocos años, también los taitas son condecorados con la medalla que lleva el nombre de un cura. Muy padre, ¿no? (entiéndase a lo mexicano, mis cuates). Como todos los sábados, en el barrio esperamos el arribo del camión basurero a media mañana; hasta el mediodía estuvimos pendientes hasta que recordamos que nunca viene en días feriados. Por culpa de unos cuantos padres se dieron el asueto también los obreros municipales.

Tremenda hazaña la de ser padre. Lo que la naturaleza manda había sido motivo de festejo y más aun de reconocimiento. No importa si aumentar la prole desmesuradamente sea atentatorio contra el futuro de esa misma prole. Ni una sola campaña de concientización llamando a la paternidad responsable, planificación familiar o cosa parecida. Más bien, hasta da la impresión de que se premia a los más prolíficos, con la cantaleta de haber sacado a tantos hijos adelante. Cuando tengas hijos vas a saber lo que es canela, me han retrucado no pocas veces. Como no se me antoja ni siento el llamado de la especie, prefiero guardar mis genes y que el mundo se espere.

El que no se hizo esperar ni un ratito fue mi apetito el cual fue invitado a otro opíparo almuerzo de fin semana. Esto se va haciendo costumbre que he empezado a adorar los sábados: si no cae una parrillada siempre hay otro manjar que degustar. Tal vez sea la suerte de contar con una extensa parentela,  porque amigos más bien pocos me quedan, mucho peor desde que ya no pinto nada en sus vidas de ejemplares jefes de familia, como si uno quedara automáticamente fuera del juego. Así que no sorprende que las llamadas telefónicas sean cada vez más remotas como si fueran de extraños. Que se queden con su extrañeza, si quieren. Entretanto me concentro en mi lado de la mesa, contemplando el vino con el que íbamos a brindar por tan magno dia.


De cualquier manera, y en esto no tengo nada que objetar, mi prima María René quiso agasajar a su marido y, de paso, a los “futuros padres” como nos señaló a mí y a su hijo adolescente. Ni hablar, le dije, por el momento me basta y sobra con ser padre de mis vicios. Sonreímos y continuamos con la comida. Parecía picante de gallina pero solamente tenía la pinta y el color. Mira que no me gusta tanto el pollo pero me estoy “sacrificando” por lo delicioso que está, le comenté; y a fe mía que la carne estaba tan bien sazonada y suavecita que daban ganas de repetir. Había devorado el plato como si fuera a dedo limpio. Me parece poco respetuoso dejar el plato a medio comer, dicho sea de paso. De ahí que no ando picando cualquier bocadillo antes de sentarme a la mesa. El regusto del chuño terroso y el aroma del perejil picado revoletearon en mi cerebro toda la tarde. Ni con postre de frutas y vino con tonos afrutados (eso decía  en la etiqueta) se me borró aquella impagable sensación. Que venga la segunda.

14 marzo, 2016

7 Duraznos melocotonudos


Algo de especial tendrán que se venden al kilo como la uva (tampoco uno se va a poner a contar las bolitas de un racimo, a que sí) y no por unidades o “al 25” como ocurre con las naranjas, manzanas, plátanos y otras frutas de tamaño similar. Ni las cada vez más raras peras, como la desaparecida “pera de libra”, se regatean por peso. Todavía no estoy tan viejo como para que me falle la memoria y juraría que antes no ocurría tal fenómeno. Hasta que el “durazno de San Benito” se puso de moda, hará poco más de veinte años (según me guio por el dato de que este año fue la veinte y pico feria anual del sector). O el tal San Benito inspiró a los sambeniteños para que se pertrecharan de balanzas o fue una pícara estrategia de marketing. Como sea, resulta ser un jugoso negocio.

Porque hay que ver con qué expectación aguarda la población cochabambina la irrupción de las primeras cosechas, mediando el mes de enero. Aparecen los primeros puestos con la fruta no tan en su punto y los comerciantes ya hacen de las suyas llegando a cobrar hasta 30 Bs. (más de 4 $us) por kilogramo, que por el buen tamaño no llegan ni a diez unidades. 25 plátanos cuestan usualmente entre 8 y 10 Bs, a modo de comparación. Un durazno cuesta hasta la pepa como si fuera de oro. Por esas 30 monedas me compro una decente botella de vino y una promesa de tarde espirituosa. Se sabe mi elección, aunque me duela en el alma privarme de mi fruta favorita. Por el momento.

Ni por Santa Teresita extasiada, estoy dispuesto a pagar tal fortuna para saciar el antojo. Prefiero comprarme una lata de duraznos al jugo envasada en las lejanas Mendoza o San Luis o en tierras mapochinas que tener que vaciar el bolsillo por los frutos milagrosos cultivados a escasos treinta kilómetros de la ciudad. Haciendo tremendo esfuerzo de valor me aguanto hasta el carnaval y días venideros, cuando aumenta la cosecha, no sólo de San Benito sino también de los valles aledaños que tienen la virtud de equilibrar los precios. Aun así, nunca rebajan demasiado. El fragancioso y sumamente dulce durazno de piel amarillenta y jaspes rojos es casi objeto de culto en las mesas bolivianas, a tal punto que una tía le envía una cajita por avión a su hermana hasta la sureña Tarija, y eso que allí tienen excelentes variedades de la fruta. “Tiene que ser de San Benito”, así suena el encargo.

Y es tanta la fama de este prodigioso melocotón, que la región ya ha sido bautizada como la Capital del Durazno y que ya suena a destino turístico, por los menos para los congresistas del continente que alistan sus maletas para estrenar el aberrante parlamento de la UNASUR erigido a pocos kilómetros del pueblo de San Benito. Ya tendrán tiempo para ir a pasar el rato entre los árboles a la pesca de alguna idea luminosa para justificar sus ociosas labores. ¿Por qué será que “pesca” significa durazno en italiano?

Como no tengo ni peregrina idea, aprovecho el tiempo para zamparme los últimos que quedan. Eso sí, en cualquier casa donde me invitan a almorzar no perdono un puñado de duraznos a manera de postre y otros tantos que me suelo guardar “para el camino”. Como añorando los años idos de la infancia cuando solíamos adentrarnos a huertas ajenas y k’ukear hasta llenar los bolsillos del pantalón. Para el camino. A veces ni siquiera estaban bien maduros. Pero era el gusto.


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Bonus: 
A modo de banda sonora, esta pieza es infaltable en una guitarreada, tan popular que casi todo el mundo cree que es boliviana, sin embargo la autoría es del maestro argentino Cholo Aguirre y su titulo original es "Tesoro mio". 

10 marzo, 2016

4 El baile de la impunidad


Zapata (centro) y sus socios chinos

Como se sabe, en Brasil el icono más grande del populismo a nivel continental, Lula da Silva, está contra las cuerdas y dando espectáculos lamentables –con lloriqueos incluidos- en un intento por manipular el corazoncito de sus compatriotas y salir bien librado de la gigantesca cloaca que se ha destapado en Petrobras. Es inverosímil que no le haya tocado ni un milloncito de los 2.400 millones de dólares que se han repartido, en apenas ocho años, gente de su partido y empresarios vinculados a contratos con el Estado. Dicen los entendidos que el mayor legado de Lula no son los supuestos 30 millones de brasileños que sacó de la pobreza sino el haber arruinado y destruido la reputación de la petrolera estatal, el buque insignia de la economía brasileña que quizás no se recupere nunca. Hacerse al inocente o inmaculado mientras los demás se bañaban con billetes y champán no es creíble bajo ninguna circunstancia. Que el dueño de la mayor constructora de América Latina (Odebrecht) haya sido condenado a prisión y que el expresidente Lula esté siendo investigado por la fiscalía por varios delitos es buena señal de que en Brasil la justicia todavía funciona y conserva cierta independencia. 

Al contrario, en Bolivia, hablar de la justicia es un chiste de mal gusto por decir menos. Tanto es el descrédito de esta repartición del Estado que a nadie le extraña que hasta ahora no se esté investigando a las principales autoridades del Gobierno por diversos casos de corrupción, como el del bullado Fondo Indígena, que solamente unos cuantos ejecutivos y dirigentes medios estén encarcelados por el millonario desfalco. Lo mismo sucede con el reciente Caso Zapata que involucra directamente al presidente Morales, a quien no le han mandado ni un cuestionario que le escueza el desayuno. Es tan evidente y nauseabundo el asunto con los empresarios chinos y tan gigantescos los contratos que, echarle toda la responsabilidad a una joven arribista y a su red de amigos y contactos, resulta atrozmente risible que Morales y sus principales ministros no hayan sido convocados ni siquiera a declarar. 

A medida que avanzan las pesquisas periodísticas van saliendo más detalles de la trama de corrupción. Resulta que la CAMCE Engineering Bolivia Branch fue constituida hace apenas dos años atrás con una inversión de Bs. 100.000 (aprox. 15.000 $us). Con este capital tan irrisorio milagrosamente se adjudicó contratos del gobierno boliviano mediante invitación directa en varios proyectos que sumados alcanzan la friolera de 574 millones de dólares. Asombroso que una empresa china de dudosos antecedentes se haya impuesto a transnacionales europeas de sólido prestigio. Se sabe también que esta misma compañía tiene jugosos contratos en Ecuador, Kirguistán y otros países tercermundistas. Por si fuera poco, el hijo del embajador de China era el representante de la empresa en Bolivia. Turbios nexos que implican a ambos regímenes por todo lo alto. 

Una vez aterrizaron los chinos, el haber nombrado a una joven inexperta como su principal nexo con el gobierno plurinacional (que por una de esas raras coincidencias resultó ser una ex novia del presidente Morales) para tan millonarios y estratégicos emprendimientos estatales fue la gota que colmó el vaso. A raíz de aquello, la emprendedora muchacha devenida en instantánea ejecutiva de negocios se pavoneó en círculos empresariales, contratando portadas a todo color y posando orgullosa al lado de sus nuevos amigos asiáticos. Y no satisfecha con ello, incluso tuvo el desparpajo de recorrer oficinas gubernamentales desde donde no solo hacía lobby para sus patrones chinos sino que también dirigía sus propios negocios privados, según testimonios de la propia gente del gobierno. Asi que a nadie debería sorprender su meteórico ascenso social y sobre todo su creciente prosperidad económica. Y el supremo líder y su cáfila de cortesanos e informadores no se enteraban de nada.

Ni a los bancos les pareció sospechoso que la autonombrada empresaria moviera, tan solo en 2015, montos cercanos a tres cuartos de millón de $us, ni preguntaran acerca de los orígenes de esos dineros o en su defecto denunciaran a autoridades del sistema financiero, cuando cualquier ciudadano corriente está obligado por ley a llenar formularios estrictos por depósitos que sobrepasen los diez mil dólares. Con razón, se jacta el gobierno de que gracias a su década dorada los bancos están mejor que nunca. 

Como era de esperar, todos los ejecutivos chinos implicados en los negociados ya se han marchado del país con toda calma, incluyendo el anterior embajador y su hijo. El fiscal general prácticamente se ha cruzado de brazos y solo se le ha visto averiguando las minucias del caso Zapata, donde de ninguna manera va a osar siquiera investigar al jefe de Estado. Nunca dijo nada cuando se compró con sobreprecio el satélite, tampoco se preocupó por esclarecer la estafa de las barcazas que implicó a varios jefes militares. Hace días saltó la denuncia de que se han comprado dos aviones de transporte que hasta ahora no vuelan. Todo de procedencia china, por supuesto; que no solamente están llenando el país de baratijas sino que también de chatarra millonaria, y costeada por todos los bolivianos para mayor afrenta. A diferencia de Brasil, ningún jerarca paga las consecuencias. Más bien las ratas quieren comerse a los gatos. Pavoroso.


03 marzo, 2016

5 Caso Zapata: cuando la realidad supera a la ficción


“Rousseff podría sobrevivir a 10 petrolaos y Michelle Bachelet a 11 escándalos de corrupción pero bastaría un hijo negado o matado por conveniencia de campaña para transformarlas en estatuas de sal y sumirlas en un hades de escarnio. Evo, en cambio, calla. Deja que sus ministros se encarguen. A un señor presidente se le comprende cualquier cosa, ya lo hemos hecho, lo volveremos a hacer”. (Leila Guerriero, El País).


Si don Mario Vargas Llosa nunca hubiese abandonado su niñez cochabambina, quizás hoy sería un espectador de primera fila y tendría abundante material para seguir regalándonos fulminantes tramas acerca de caudillos y alcobas, en vez de estar perpetrando últimamente novelas de poco fuste desde su retiro madrileño. Desafortunadamente el diablo se le ha adelantado y ha urdido una historia de lo más truculenta, melodramática y enrevesada que supera con creces a Corín Tellado y todos los guionistas de telenovelas latinas juntos. Tal es el atractivo de este culebrón que ha sacudido las fibras de este adormilado paisito hasta sus cimientos, tanto que el otro día mientras paseaba a la hora del almuerzo por una calle de mi ciudad vi a varios curiosos apostados en las puertas de un par de negocios de pollo frito tal cual siguieran las incidencias de un partido mundialista. Tanto comensales como gente al paso tenían clavados los ojos en la pantalla siguiendo un nuevo capítulo de esa tragicomedia plurinacional intitulada: “¿Qué culpa tiene la wawa del presidente?”.

A modo de recapitulación, recordemos que todo comenzó a principios de febrero cuando el periodista Carlos Valverde mostró en televisión el certificado de nacimiento de una inocente criatura bautizada como Ernesto Fidel Morales Zapata (para que no quepa duda de quiénes eran sus padrinos ideológicos), fruto de los amores escondidos de Su Excelencia con una groupie de sus juventudes masistas cuando la mocita frisaba los diecinueve años (según algunos familiares, “a Gabriela se la llevaron a los diecisiete”, lo que da un giro vargasllosiano a la trama). Aquel bombazo mediático despertó las alarmas de la caterva oficialista que mandó inmediatamente a ministros y otros jerarcas a intentar contener el incendio pero solo echaron mas gasolina al fuego, de tal manera que S. E. tuvo que salir a escena mostrando su mejor cara de adolescente arrepentido. Y a muchos seguramente se les rompió el corazón cuando el presidente quiso hacer creer que también era mortal e infortunado como sus súbditos, al manifestar con honda amargura que “le habían informado que el niño había muerto” a los pocos meses de nacido, allá por el 2007,  y que desde entonces no había vuelto a saber de la muchacha que alegró sus días. Horas después una fotografía reciente desmintió su versión y no tuvo otra ocurrencia mejor que matizar que se le había acercado una “cara conocida” a tomarse una foto con él, como lo hacían cientos o miles de admiradores que tiene S. E. en todo su reino.

El suceso no hubiera pasado de un acostumbrado lio de faldas, de una aventura más del solterón rompecorazones que, a modo de broma, alguna vez había soltado que “cuando voy a los pueblos, quedan todas las mujeres embarazadas, y en sus barrigas dice Evo Cumple”; si es que no se hubiesen desatado los tentáculos de sus implicaciones amorosas. Resulta que la tierna y candorosa exnovia se había transformado en menos de una década en una respingada socialité, portada de revistas del corazón, y pujante empresaria que no solo se movía en los círculos más burgueses de La Paz y para lo cual no dudó en asentarse en una mansión de un exclusivo barrio paceño, sino que también representaba a varias empresas de servicios aduciendo ser abogada con solo cuatro materias vencidas en la San Simón de Cochabamba (aquel personaje de la secretaria ‘peliteñida’ de Betty la Fea, quien presumía de sus seis semestres de Finanzas en la San Marino, se quedó corto).

Fue tan rutilante el desempeño de la Cenicienta devenida en exitosa mujer de negocios que, de acuerdo a confesión suya, algunas empresas internacionales la recomendaron a los quisquillosos empresarios chinos que en los últimos tiempos también asoman sus narices en toda Latinoamérica. Sin mediar mayores exigencias, de pronto la Dra. Zapata aparece como gerente comercial y principal lobista (vaya, palabreja) de la CAMC Engineering, transnacional que actualmente tiene negocios vinculados al Estado boliviano en al menos cinco proyectos que rondan los seiscientos millones de dólares. Curiosamente multitareas estos chinos que no solamente están construyendo un ramal ferroviario y habían montado antes un ingenio azucarero, sino que también nos iban a construir una planta de tratamiento de sales de potasio, además de haberse adjudicado las obras de una represa hidroeléctrica y, por si hiciera falta, también le habían vendido unos taladros a la petrolera estatal.

Y de todos los movimientos pendulares y sendos taconeos de la ex, incluyendo en altas oficinas gubernamentales como la Aduana y Comibol, al Gran Jefe Supremo que todo lo sabe nadie le había informado, hasta que fue demasiado tarde y se vio envuelto en su grandísima inocencia en un escándalo de proporciones bíblicas que fue el puntillazo a sus sueños de eternizarse, aseguran varios analistas, a través del referendo reeleccionista de hace una semana donde fue humillado en las urnas. Ni todos los opositores juntos ni el malvado imperio yanqui habían hecho tambalear su dulce reinado de diez años, bruscamente sacudido por un presente griego que se coló hasta su alcoba en forma de perfume de mujer. Alguien tenía que pagar la factura.

No había terminado de disiparse la polvareda del referendo cuando repentinamente la nueva reina del Sur bautizada como la Dama de Azul (por los colores del partido oficialista) cayó en desgracia al ser detenida por orden directa de S.E. a través del ministerio de Gobierno, y tratada como una vulgar delincuente con un mar de policías que la custodiaban enmanillada y los flashes de las cámaras se cebaban con su rostro compungido en una larga noche paceña. De las pasarelas del jet set a la frialdad de una celda policial en un abrir y cerrar de ojos. La acusaban de enriquecimiento ilícito y otros delitos. Jueces y fiscales se sumaron al coro, diligentes como nunca, dispuestos a hacer sentir todo el rigor de la ley.

Mientras proseguían las investigaciones, salió a la palestra, hace un par de noches, el vicepresidente en un espacio solicitado en horario estelar que se trasmitió en varios canales de televisión, costeado por arcas públicas, desde luego. La audiencia, desde ya mareada con tantos pormenores y miserias de los protagonistas era bombardeada por otra teoría sacada de los pelos. Explicaba el vice, a la manera de un investigador del FBI, que todo se trataba de un clan encabezado por la señora Zapata y que a través de su hermana (ex diputada opositora) y su hermano (ex enamorado de una actual diputada) habían coordinado con los dos jefes opositores más mediáticos para dañar la sacrosanta reputación de S.E., continuando con la campaña de desprestigio y duros ataques a su honorabilidad que el oficialismo repetía como mantra a modo de cerrar filas en torno al Jefazo. No obstante, el hombre que se precia de ser tan inteligente y que, según él mismo, en la Texas University estudian su pensamiento, se metió un autogol desde media cancha al revelar que la señora Zapata dirigía sus negocios desde los antiguos despachos de la Primera Dama, prácticamente en las barbas del ministro más cercano al presidente.

Más tarde, el Fiscal General del Estado manifestó que la dama Zapata ingresó a las oficinas del ministerio de la Presidencia en cuarenta ocasiones, donde daba órdenes a todo el personal subalterno y utilizaba los ambientes para reuniones con empresarios y otros negocios privados. Donde le negaban el paso, mostraba el certificado de su nene, y se le abrían las puertas de par en par, se lee en la prensa. Por si fuera poco, utilizaba un vehículo oficial para sus propósitos con chofer incluido. Y el inocentón ministro Ramón Quintana (que tiene fama de siniestro y puntilloso, dado su pasado militar) no se enteraba de nada y encima jura no conocer siquiera a la exnovia de S.E. Tal parece que la astuta empresaria se había coludido con una viceministra, (antigua amiga suya) de esa repartición y otros funcionarios de menor rango que acaban de sumarse a los arrestados, incluyendo al infortunado chofer que hacía los mandados. El autor de la querella, sí, ya lo han adivinado, es el mismísimo ministro de la Presidencia.

De pronto, el país fue sacudido por otro terremoto noticioso hace unos días: el hijo vive y lo vamos a presentar ante medios internacionales, había revelado una tía de la señora Zapata, seguramente con la anuencia de ésta para avivar la polémica y meter presión al padre, a modo de contraataque, pues algún pariente mencionó que la detenida corría peligro y que toda la familia estaba recibiendo amenazas. Como resorte, la respuesta del caudillo no se hizo esperar a través de la ministra de Transparencia quien comunicó que si el hijo vivía le habían mentido al señor presidente y que tenían veinticuatro horas para mostrarlo ante una instancia pertinente. Posteriormente el plazo se alargó a cinco días por medio de la ministra de Comunicación que aparte de mencionar el recado se encargó de menospreciar a la detenida, preguntándose muy indignada con términos como qué clase de mujer, qué clase de madre actuaba así, negándole el derecho de que un niño conozca a su padre. Siguiéndole la lógica, habría que preguntarle a la ministra: qué clase de hombre, qué clase de padre no acude al lecho de su hijo cuando supuestamente le informaron que estaba enfermo, que luego habría muerto y que ni siquiera fue a su funeral o a visitar su tumba posteriormente.

Y en resumidas cuentas, ¿de qué le sirve a una mujer mentirle de esa manera al padre de su criatura? ¿Qué gana con ocultarlo durante tanto tiempo?...Aquí hay más misterio que en una novela de Agatha Christie. Entretanto, los ejecutivos chinos implicados en el gran negocio se estarán marchando discretamente y seguramente riéndose para sus adentros como el resto de la humanidad se estará desternillando con nuestra tragedia. En algo tienen razón los propagandistas y acólitos del régimen: Evo Morales ha puesto a Bolivia en el mapa mundial… al calor de las sábanas. Somos el hazmerreir del mundo. 



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Imágenes: cortesía de Internet.
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