28 febrero, 2013

6 Las humildades de nuestro presidente


Juró defender la Constitución y las leyes. No una, sino en dos ocasiones, atendiendo a sus mandatos. Se dio el gusto de reformar la Carta Magna aprovechando su inmensa mayoría parlamentaria. "El pueblo -esa entelequia demagógica usada como trapo de cocina-, quiere mi reelección para profundizar el proceso de cambio", dijo. Y claro, como el pueblo está en el poder, bien puede quedarse cien años, ejerciendo “democráticamente”, como les gusta cacarear en cuanto ven un micrófono. Así nacen los regímenes totalitarios, independientemente de su ideología, que al final es una sola e inequívoca: el latrocinio.

Para empezar, no hay nada más antidemocrático que el afán de perpetuarse en el poder. Lo saben las democracias más antiguas y perfeccionadas del planeta, que por experiencia han implementado mecanismos para garantizar la alternancia en el gobierno. Hay países que permiten las reelecciones y otros no. Aparte de esta clasificación, queda espacio para las dictaduras, unas declaradas abiertamente y otras solapadas, bien ilustradas por gobiernos populistas que últimamente asolan Latinoamérica. No hace falta mencionarlos. Lula Da Silva, al menos tuvo la honradez política y suficiente estatura moral para no presentarse a una nueva elección, a pesar del gran apoyo popular. 

Para desgracia nuestra, aquellos gobernantes que presiden naciones insignificantes (en el ámbito internacional) se sienten infalibles e insustituibles. Cuanto más chico el país, más megalómanos, ególatras y prepotentes, parece ser la seña de identidad. Evo Morales no podía ser la excepción. Al asumir su primer periodo, hasta lloró el hombre, emocionado, y emocionados los sectores deprimidos que depositaron su esperanza en él. Mientras aprendía los trucos del poder, rápidamente cambió el semblante y la actitud. Se rodeó de amigos bravucones (Correa, Chávez) y rehuyó de los consejos del prudente Lula. Y para variar, se llenó de una corte de políticos reciclados que con tal de gozar de privilegios le llenaron la cabeza de humo. Eres el más grande de todos los líderes indígenas. El mejor presidente que ha tenido Bolivia, le dedicó un libro un escritorcillo. El milagro más sorprendente: un indio llegando al poder después de 500 años. Hijo de la madre tierra, protector del planeta, el profeta de los humildes, guerrero del arcoíris, embajador internacional de la quinua y otros títulos rimbombantes que lejos de sonrojarle por la zalamería facilona, hicieron que se hinchara de vanidad, como la rana de los cuentos. Ahora se cree poco menos que imperecedero como los monolitos de Tiwanacu.

A tal punto que ya se ha lanzado a la carrera electoral, a dos años de la cita eleccionaria. De hecho, siempre ha estado en campaña, recorriendo de canto a canto el territorio inaugurando obras, al extremo de figurar en inauguraciones de estricto ámbito municipal, cortesía de sus alcaldes chupamedias que parecen disputarse su presencia.  Como si no fuera bastante su millonaria propaganda en los medios (históricamente, el gobierno que más gasta en publicidad, empeñado en vendernos su país de las maravillas), idolatran su imagen hasta la náusea, desde gigantografías en calles y carreteras hasta simples papelitos y pegatinas. Dependiendo de las situaciones, lo visten de chamán, de profeta rodeado de niños al estilo Jesucristo, bailarín de comparsa carnavalera, remedo de futbolista, ingeniero petrolero, obrero de minas, operador de maquinaria, y en el culmen del romanticismo: de galán piloto, que hasta Luis Miguel se muere de la envidia. Un presidente multiusos, trabajando sin descanso, incondicional con el país. Alegrándonos la vida con su cara presencia, recordándonos lo privilegiados que somos por su amor a la patria. Persona sencilla que se hace dar el tratamiento de un semidiós allá donde vaya. ¿Qué sería de nosotros si el hombre no tuviera tanta humildad, como recalcan sus ministras?

La casualidad quiso que la comparsa de la reina se llame así
Miren qué grande es la soberbia y qué pequeña e ignorante la sociedad. A pesar de que el precepto constitucional establece que no está permitida una segunda reelección, Evo ya se autoproclamó candidato para diciembre de 2014. Y eso que en un video de archivo sale declarando que “renunciaba a una segunda reelección por el bien del país”. Enfermo de amnesia, todavía tiene el desparpajo de considerarse demócrata y obediente de las leyes. Lo paradójico es que esa nueva Constitución que él mismo promulgó le corta de raíz sus aspiraciones prolongacionistas. Pues en un artículo transitorio se establece que para efectos de cómputo, se toman en cuenta los mandatos anteriores a la vigencia de la ley reformada. Si no queda claro, aquí transcribo el polémico artículo: “Los mandatos anteriores a la vigencia de esta Constitución serán tomados en cuenta a los efectos del cómputo de los nuevos periodos de funciones” (Disposiciones Transitorias de la nueva CPE).

Ahora nos salen con mil excusas, a cada cual más absurda, folclórica y retorcida. La más recurrente defiende el hecho de que la reforma a la Constitución se hizo durante la vigencia de la vieja república, ahora estamos dentro del estado plurinacional, son otros tiempos, dicen; por lo tanto, Evo va por su primer mandato, remarcan sus ministros y asesores y repiten como loros los jefes de base. El segundo argumento traído de los pelos, hace hincapié en que Morales, “en un gesto de desprendimiento”, solo ejerció cuatro años de los cinco establecidos durante su primera gestión, por lo tanto el mandato no cuenta, porque fue incompleto, dedujo lúcidamente el hombre más inteligente de la nación, el vicepresidente García Linera. Tal parece que Evo fue un presidente interino, invitado, ilegal, trucho, o chuto -como decimos popularmente en Bolivia-, durante su primer periodo. A partir de Evo entronado en Tiwanacu recién el tiempo corre y las leyes funcionan. Antes vivíamos en la oscuridad hasta que llegó el enviado de los dioses, trayendo luz y prosperidad. La revolución democrática y cultural le llaman sus escribanos al uso. 

Aunque a algunos el ansia de perpetuarse nos parece inmoral, sin embargo no nos oponemos a la reelección continua. Siempre y cuando se haga en función de la institucionalidad y de las normas. Pero ahora resulta que quienes exigimos el cumplimiento de la ley somos de derecha, reaccionarios, neoliberales, etc. Los que la pisotean y la violan, son de izquierda, revolucionarios, patriotas y progresistas. Si Evo quiere volver a ser presidente, el procedimiento pasa por una reforma de la Constitución, tiene el rodillo parlamentario para efectuarla. Otra cosa es que tenga temor de someterla a referéndum como manda la misma. Y para demostrarnos lo democráticos que son, mandaron el recurso de consulta al Tribunal Constitucional, aunque según el presidente no hacía falta, tan orondo de sí mismo. Por si las moscas, disimular viene bien, porque está claro que los magistrados responden a la línea política del gobierno. ¿Recuerdan las “elecciones” judiciales que llevamos a cabo para dar una lección al mundo?...esperen unas semanas para conocer el fallo, que la sabiduría legendaria de Salomón palidecerá ipso facto.


23 febrero, 2013

7 Campeones del patetismo


Hinchas de Corinthians detenidos en Oruro-EFE
Tenía que morir alguien para que las autoridades se pongan a trabajar. Cuánto celo, cuánta diligencia, cuánta preocupación por el prójimo. Como viene ocurriendo cada vez que un bus se despeña, recién llueven los controles técnicos y de alcoholemia. Vamos, lo de siempre, se disimula mientras pase la indignación generalizada. Operativos ridículos como el ver a un viceministro subido a un autobús exhortando personalmente a los pasajeros a que denuncien cualquier irregularidad del conductor. 

Estos días, es impresionante el despliegue de la policía en varios departamentos para capturar al asesino de una periodista. Muy equipados, muy encapuchados, muy profesionales. Esfuerzos meramente aparatosos, casi de película y, hasta cierto punto, risibles cuando se van descubriendo detalles que anunciaban la tragedia. Para empezar, los jefes policiales ya estaban enterados del calvario que sufría la víctima, esposa de un teniente, que una y otra vez se había quejado de los maltratos que éste le propinaba. Hasta por escrito según revelan algunos documentos. La Policía, tibiamente le había iniciado un expediente disciplinario al agresor para luego ser archivado. Extrañamente, pasado un tiempo igual lo ascendió de grado pese a los antecedentes. Hoy, con el asesinato consumado, lo dan de baja con ignominia. Patético. Y más todavía, escuchando al comandante máximo pidiéndole que se entregue como si fuera un padre preocupado por la suerte de su hijo. Lo preocupante es que nadie salga sancionado por la negligencia institucional, empeorada por la respuesta tardía tras conocerse el crimen (algunos hablan hasta de encubrimiento), dándole horas preciosas al criminal para ponerse a buen recaudo. Claro, corrida la sangre y silenciados los gritos, todos se rasgan las vestiduras. Todos coinciden en lo profesional, dedicada madre y excelente persona que era la víctima. Pasadas unas semanas, vuelta a la normalidad, al mismo circo monótono de la vida.  Entretanto, los abnegados parlamentarios nos han madrugado, cual panaderos eficientes, con una ley específica contra esta lacra de la violencia doméstica. Luego se les ocurrirá una ley para las mascotas abandonadas.

Tenía que morir alguien para darnos cuenta del latente riesgo que significa asistir a un partido de fútbol. No recuerdo que, vivencialmente hablando, alguien haya muerto violentamente dentro de un estadio boliviano. Pero el peligro rondaba constantemente.  Cada fin de semana se juega con fuego en las tribunas. Nos hemos acostumbrado tanto a los petardos y bengalas que ya forman parte del espectáculo. Solo hacía falta una chispa para tentar a la fatalidad. En todos los partidos, sin excepción, los hinchas hacen reventar sus petardos cuando su equipo ingresa o convierte un gol. Esto del “amor” al petardo es un fenómeno sociológico inexplicable: cualquier fiesta de vecino, así sea el 15 de la nena, es anunciada a todo el vecindario. Cuatro pelagatos que marchan joden la tranquilidad de toda una ciudad, atronando el cielo para darse notoriedad. Una recua de devotos, cargando su virgen o santo patrono, aparte de entorpecer la circulación vial, no tiene inconveniente en taladrarnos los oídos a su paso. Todos quieren darse importancia, no es raro despertar de madrugada por uno de estos artificios lanzados por algún imbécil. Cosas del subdesarrollo o del sincretismo cultural.

Volviendo al punto, la muerte de un adolescente de 14 años durante el encuentro entre San José y Corinthians por Copa Libertadores, ha despertado por fin la atención de nuestras autoridades gubernamentales y deportivas. Es terrible que una institución tan grande como el Corinthians lleve a gente indeseable a título de hinchas incondicionales. Ya en partidos anteriores sus torcedores han ocasionado diversos incidentes, la penúltima, el año pasado, en el partido frente a Boca Juniors por la final continental, donde alborotaron la Bombonera con sus bengalas que casi provocaron que se suspenda el partido. El miércoles pasado, hicieron lo mismo en el estadio de Oruro, lanzando directamente a la hinchada rival una bengala a manera de proyectil (la imagen de Tv. es elocuente) hiriendo en el ojo a un chaval infortunado, que murió camino del hospital.  Revisando los antecedentes de la docena de detenidos, se descubrió que algunos de estos viajaron incluso a la final intercontinental de Tokio de diciembre pasado. De lo cual se deduce que el club brasileño financia los viajes de hinchas privilegiados y de dudoso comportamiento.  A pesar de los rumores de una posible expulsión de la Copa, todo hace pensar que la Conmebol fallará en función del peso específico del club involucrado. No conviene al negocio una sanción ejemplar. Una multa módica será suficiente para salvar las apariencias. Los llantitos del ex jugador Denilson y de una presentadora en Brasil ante las cámaras no traerán consuelo a la familia del muchacho infortunado. Ni los esfuerzos repentinos de nuestras autoridades que se pusieron manos a la obra para instalar cámaras de seguridad en los estadios, cuando hace décadas que es algo normal en el resto del mundo. Ni aunque la policía se muestre tajante en las puertas de acceso revisando a cada hincha. Después de todo, ¿cómo explicar que a menudo el campo de juego se ve envuelto por el humo de los artificios lanzados?, ¿y qué decir de los petardos apuntados a los arqueros rivales que explotan muy cerca de ellos?...Tarde o temprano tenía que ocurrir.  Luego toca lamentarnos y soltar las condolencias de manual.


19 febrero, 2013

6 Folk Runner andino


¡He visto cosas que no creerían!...

He visto brillar rayos cósmicos más allá de la Puerta del Sol. Al son de los pututus y sahumerios ancestrales, irradiando un nuevo amanecer para la humanidad. Ya los mayas lo predijeron: es el fin del egoísmo, el fin de la coca cola y del capitalismo. Es el principio de una nueva era, la del mocochinchi, la que ha de saciar la sed de esperanza de los pueblos oprimidos. Quinientos años de resistencia han dado paso, por fin, a la cultura de la vida. Corre un nuevo tiempo, el retorno a las raíces y saberes milenarios, como el de extraer conocimiento de las arrugas de los ancianos y comunicarse con las piedras. Ninguna civilización lo ha hecho antes, ni a la velocidad de los aceleradores de partículas.

He visto miles de turistas multiusos arribar a las planicies de Tiwanaku para presenciar la boda del siglo. Los veloces mensajeros partieron meses antes, llevando las invitaciones a los líderes de la resistencia antiimperialista  porque no se fían de los emails y otras tecnologías del opresor. Entre invocaciones a los espíritus tutelares, de la energía telúrica que emanan las ruinas, nació la nueva pareja real, con el supremo designio de llevar la semilla de una nueva raza que regirá los destinos del imperio plurinacional.

He visto brotar espontáneamente de las profundidades del lago Titicaca a los Guerreros del Arcoiris. Según una profecía de los indios dakota, ellos procederían del sur para devolver el equilibrio a la madre Tierra. Nuestro vivaracho canciller del estado, máximo poeta y filósofo de la revolución tuvo la feliz ocurrencia de que los elegidos eran Evo Morales y sus huestes invencibles. Encaramados en la nave Tunupa surcaron las aguas agitadas del lago azul intenso para desembarcar en la Isla del Sol. A toda pompa y a todo baile, inauguraron un nuevo ciclo de la historia humana: tiempo del Pachakuti o giro trascendental del mundo. El mundo estaba fuera de órbita, hacía falta devolverle su equilibrio. Para eso llegaron los nuevos guerreros y, fundamentalmente, para anunciar el fin del capitalismo (cosa que se viene anunciando desde que Marx se frotaba la barba). Tiemblan los economistas, el FMI, el Banco Mundial y todos los gobiernos que siguen sus recetas.

He visto al piloto de la nave plurinacional, “jalar las orejas” en una rueda de prensa a todos sus embajadores por no estar llevando adecuadamente el mensaje  de su gobierno al resto del mundo y por ende, a todos los rincones de la galaxia. Les prohibió cualquier criterio ajeno a los dictados de la nueva filosofía. El MAS no es un partido de librepensantes, no es un club de amigos, se basa en la disciplina orgánica, en el “centralismo democrático”, remarcó el vicepresidente, tan afecto a la retórica envolvente y a cortarse las patillas al ras de oreja. Dicho y hecho, la expresidenta de la Cámara de Diputados, tuvo la osadía de cuestionar a un ministro favorito por intentar hacer aprobar una ley a gusto, cayendo luego en desgracia ante el jefazo que la defenestró en público y la removió de su mandato.

He visto a legisladores brillar sus ojos, plenos de lujuria. En su infinita borrachera de poder soñaban con chicas eléctricas. Tan intenso era el llamado de su lado salvaje, que no dudaron en violar las leyes y recintos cuasi sagrados de la vieja república. Les sacaron el jugo a todos los bienes y servicios, incluyendo al de limpieza. En el culmen de la originalidad quisieron hacernos creer que, los opositores, tenían poder hasta para inducir el comportamiento libidinoso de inocentes criaturas. Cosa de brujos o encantadores. 

He visto al presidente, a sus ministros y demás correligionarios, reírse de la ley cada vez que pueden y hacerla aplicar con puntos y comas cuando conviene a sus planes. Ante la incredulidad del mundo, montaron una farsa de elecciones judiciales y luego posesionaron a sus más altos tribunales a pesar del rechazo masivo en las urnas. Y todavía tienen la ingenuidad o desfachatez de anunciar que les gustaría exportar el nuevo modelo de justicia boliviana.  Se dice que en palacio de Gobierno se acumulan los pedidos.

He visto a Evo Morales, crecer desde que era un simple cocalero y secretario de deportes de su sindicato, hasta erigirse en máximo líder de la revolución. Cambiar el suéter de lana por la chaqueta Mao de diseño exclusivo. Cambiar el taxi por un avión ejecutivo. Cambiar la aparente humildad por la omnipotencia incuestionable. Nadie osa hacer sombra al caudillo. Nadie pretende reemplazarlo. Dice su círculo de corifeos que es el conductor insustituible del Proceso de Cambio. Jefe, líder y profeta a partes iguales. En su delirio de divinidad,  ahora pretende eternizarse en el poder, a pesar de que la ley establece claramente que para la reelección se computa periodos anteriores a la reforma de la Carta Magna. Evo ya va por su segundo mandato, constitucionalmente no puede aspirar a uno nuevo. Pero astutos como son, sus consejeros y allegados ya soltaron el argumento de que el primer periodo de Evo no cuenta porque le faltó un año para terminar su mandato (precisamente, para dar cabida a la nueva Constitución) y, que además, fue durante la vigencia de la república.¡ Ahora estamos en el Estado Plurinacional! Lo dicho, la historia se divide a partir de ahora en dos etapas: antes de Evo y después de Evo. Lo demás son pamplinas o resabios del colonialismo.

He visto brotar la esperanza.  Hace unos pocos días el Comité Cívico de Oruro emplazó a los asambleístas de dicho departamento a abrogar el decreto que estableció arbitrariamente el cambio del nombre del aeropuerto (el de su majestad Evo Morales), ya que ya estaba establecido que llevaría el nombre de un piloto, héroe de la guerra del Chaco. A pesar de toda la campaña de desprestigio y descalificación que se viene efectuando desde la televisión estatal contra ellos, ojalá se mantengan firmes en sus medidas de llevar adelante un paro de protesta.  Y eso que Evo es tan orureño como sus paisanos. 
                                                                                                                                  
Es hora de dormir.                

                                                                       
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Nota: Disculpas a los lectores habituales, por la repetición de viejos tópicos. Esto es resultado de una noche de insomnio,consecuencia de haber caido en un bache de falta de ideas. Tenía que escribir cualquier cosa para cansar mis ojos.                                                                                                                                                                                                                                        

14 febrero, 2013

8 Hay que ser muy macho para golpear a una mujer


Hanali Huaycho, periodista asesinada
Qué país de machotes es este. Hemos perdido todas las guerras y todos nuestros vecinos nos han recortado territorios. No tenemos nada de qué enorgullecernos, salvo algunas muestras de heroísmo. No obstante, desde siempre hemos sacudido las derrotas en nuestras mujeres, comenzando por los hombretones de uniforme. Timoratos y blandos ante nuestros pares extranjeros (solo vean la actitud de nuestra selección de fútbol) y muy valientes para marcar a nuestras mujeres, dejando huella morada en su piel y otra peor en el alma.  No hablo de forcejeos, empujones o bofetadas ocasionales, que en todas las parejas las puede haber, sino de golpes repetidos y violentos, con toda la intención de hacer daño. 


Como todos los varones del mundo, durante el noviazgo somos un torrente de rosas y chocolates, manos de seda y  unos angelitos. Con el matrimonio, poco a poco o drásticamente, la cosa cambia, al menor incidente (especialmente por celos) sacamos el puño de hierro y somos demonios desatados. Digo somos, porque a pesar de no haber jamás maltratado a una mujer, me siento aludido. El dato contundente nos involucra a todos: ¡7 de cada 10 mujeres sufre violencia doméstica en Bolivia!, ya sea psicológica, física o sexual (según la ONU).


Siempre me he preguntado qué lleva a un hombre recién casado o con pocos años de matrimonio a ensañarse con su pareja, cuando de soltero quizás no daba ninguna señal de su verdadero carácter. Los especialistas en temas de género y familia tienen múltiples teorías, que el desgranarlas sería muy engorroso, basta con mencionar una muy popular que en sí misma contiene muchas variables: todo es consecuencia de la sociedad en que vivimos. Sin afán de ser reduccionista, yo me inclino por aquella percepción de que en cuanto un hombre firma el contrato de matrimonio, incurre en la creencia –diría que hasta inconsciente- de que se ha “comprado” a su mujer, como si fuera un mueble más de la casa, de tal manera que puede hacer con ella lo que le venga en gana. Sí, sí, ya viene en los genes de todo varón latinoamericano, una especie de atavismo cultural, que la educación se encarga de hacer desaparecer, aunque a veces ni eso. 


Siglos de enseñanza marcadamente patriarcalista nos han condicionado de tal manera, que el hombre nace para ser un buen proveedor o no sirve, la mujer nace para atender a su marido e hijos o no sirve. Andando el tiempo, se ha avanzado bastante por la equidad de género. Pero en el fondo, sustancialmente poco ha cambiado, a pesar de que nos hemos llenado de leyes y convenciones sociales. En los hechos, en la cotidianidad, persisten los viejos hábitos de minusvalorar el papel femenino, empezando por discriminarlas de ciertos empleos o pagándoles menos por trabajos que exigen el mismo esfuerzo intelectual. Así estamos, acostumbrados a la idea de que, como llevamos el dinero a casa, podemos exigir que nuestra esposa sea lo más parecido a una empleada y esclava sexual, dando portazos si no estamos satisfechos y, no pocas veces, convirtiéndola en bolsa de boxeo si se torna respondona. Y es que desde las propias familias, viene a veces, el precedente ejemplarizador: no falta una madre que aconseja al hijo que se estrena de marido, de que debe “sentarle la mano o su mujer no lo respetará”. A veces, las víctimas tampoco ayudan, quizás por temor a represalias, cuando las escuchamos decir “no se metan, si me pega es porque me quiere”. O por otro lado, el recurrente calvario de muchas mujeres que se ven obligadas a soportar humillaciones porque no tienen ingresos propios o por el agobio que puede significar criar ellas solas a los hijos, mientras los desenfadados progenitores tienen la posibilidad de formar otra familia, olvidándose de sus obligaciones naturales.  



Violencia no sancionada trae funestas consecuencias


Es desolador, saber que, constantemente, cualquier día muere una mujer a consecuencia de agresiones de su pareja. Otro dato importante nos da una idea del terrible drama: desde 2009 a noviembre de 2012 se han producido más de 350 feminicidios, según estadísticas del Centro de Información y Desarrollo de la Mujer, CIDEM. Una variable indica que en los casos de violencia sexual, ni el 1% es sancionado debido a las múltiples falencias del sistema judicial, empezando por el escarnio público de la agredida, en mayor medida que del agresor.  


El reciente caso de una periodista asesinada, justamente estos días de carnaval (es incomprensible que haya tanta gente que defienda la tradición a pesar de sus saldos lamentables) parece que por fin ha sacudido la conciencia de todos. Tenía que ser el poder de la televisión y, una reportera de una cadena importante la infortunada, para hacerse eco suficiente de la problemática o, de lo contrario, el hecho se hubiera difuminado en los archivos de la Policía como un caso más. No he visto a la ministra de Justicia declarar alegremente que “si la víctima se siente agredida puede denunciar”. Pues ocurre, señora ministra, que la periodista ya denunció a su marido por violencia intrafamiliar hace más de dos años y se seguía quejando. Y la Policía, lejos de efectuar su trabajo, archivó la denuncia, porque resulta que el agresor es un oficial de su institución. Como desde los organismos del Estado, se descuida en la prevención, luego los vejámenes suben de gravedad hasta llegar a la muerte. Hoy, todos lamentan la pérdida de una vida, truncada por el salvajismo de un individuo que se ensañó a puñaladas con el cuerpo de su mujer, delante del hijo pequeño, e hiriendo además a la madre de la víctima. Como podía esperarse, el asesino se ha dado a la fuga. Y con toda seguridad, que su familia lo protege, lejos de colaborar con las investigaciones.


En el colmo del infortunio, la víctima murió camino de un hospital, a pesar de haberla llevado a otro más cercano, cuyos médicos se negaron a atenderla arguyendo que no tenían espacio suficiente para casos de terapia intensiva. Increíble, que toda una ciudad de un millón de habitantes como El Alto, no posea un nosocomio decente que pueda atender estos casos de emergencia, tanto que los heridos graves tengan que ser derivados hasta el centro de La Paz. Yo me pregunto, dónde están los rabiosos cívicos alteños, que por mucho menos, salen a paralizar las calles con intransigencia de guerrilleros, y no son capaces de exigir al hermano presidente que les atienda sus necesidades más básicas, remarcada además, por el hecho de que su urbe es la más pobre de las principales del país. Siento intensa bronca cuando veo a Evo Morales, inaugurando muy orondo canchas de césped artificial en cualquier aldea perdida del territorio, mientras los más vulnerables mueren por falta de auxilio. 

  
Con la indignación generalizada, de pronto los parlamentarios salen de su aburrimiento y todos se quitan el micrófono para decir que está en camino una ley draconiana contra los maltratadores y asesinos de mujeres. ¡Bingo!, problema resuelto, qué fácil es combatir el crimen con papel mojado. El meollo del asunto no es que no existan sanciones para los agresores, tal como declaró una prominente abogada cochabambina y responsable de la Oficina Jurídica de la Mujer. El problema fundamental es la IMPUNIDAD alarmante en la inmensa mayoría de los casos. 

 

Después de leer al vicepresidente de la república, afirmando que “el hombre que golpea a una mujer es un impotente, derrotado e incapaz", no puedo menos que echarme a reír, porque ya no cabe ni la indignación. Para empezar, por qué no comienza con sus propios correligionarios, a quienes, además de darles cursos intensivos de marxismo y estalinismo, debería llenarles el cerebro hueco con ideas de tolerancia, igualdad y respeto hacia las mujeres. Ya resulta hasta cansino enumerar a la cantidad de borrachos, asesinos, violadores, maltratadores de mujeres y degolladores de animales que el oficialismo alberga en su seno. Saco un ejemplo muy fresco: el asambleísta violador de Sucre sólo ha sido imputado por el delito menor de uso indebido de bienes y servicios, de tal manera que en un par de años a lo sumo, saldrá libre y con la frente en alto. Impunidad y más impunidad que se ampara en la aberración jurídica de que si no hay denuncia, entonces no corresponde el delito, a pesar de las pruebas contundentes que todos hemos visto.


En la cúspide del absurdo, a veces quien sufre el escarnio de la detención suele ser la víctima (aún con las marcas de los golpes en el cuerpo), como el reciente caso de una mujer arrestada por defenderse de los golpes de su exmarido, hijo de un exalcalde paceño y funcionario actual del Ministerio de Medio Ambiente. Ahora resulta que responder a las patadas y puñetes de un energúmeno, así sea con la excusa de la borrachera, puede significar para la ultrajada, horas de arresto en la comisaría, mientras el agresor sale libre inmediatamente y de paso revierte la denuncia. ¡Vivan los fiscales lúcidos, el peso de la chequera o el poder de las influencias! 


Para rematar la cosa, ayer, miércoles, un grupo de mujeres y periodistas de diversos medios,  salió a protestar para repudiar el asesinato de su colega y de otras mujeres. Quisieron entrar a la plaza Murillo, hasta las puertas del palacio de Gobierno. Un contingente de policías muy reforzado se lo impidió, como es costumbre cuando los indignados quieren hacer sentir su voz de protesta. No sirvió de nada que dos ministras se hayan sumado a la columna, ni que la presidenta del Senado haya intentado mediar. Al final, no faltó un efectivo, muy macho, que por debajo de las piernas de sus compañeros roció el ambiente con gas lacrimógeno de spray. Se cumplió a rajatabla la instrucción de que no se debe molestar la tranquilidad del Hijo del Pueblo, por no decir que se quiere atentar contra su seguridad. Hasta una protesta de mujeres con mucha educación, asusta al amado líder de la revolución. ¿Acaso los tiranos, no le temen ni a su sombra?


Duele, duele, duele vivir en este país insólito. No por mí,  sino por el goteo constante de huérfanos de corta edad que van quedando traumados para toda la vida. 

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PS. Disculpas a los lectores por los saltos excesivos de párrafo, problemas de edición.
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