27 octubre, 2010

0 Enrique Bunbury o la pereza hecha canción

Queda, qué poco queda, para quedarse adormecido al influjo de una canción perezosa -en el buen sentido-. Detrás, alguien cuya pinta nocturna me hace recordar a Andrés Calamaro, otro hombre de negro, trovador de los temores mas recónditos. Las semejanzas no se limitan a la apariencia, hay cierta característica común en el estilo y tono de voz, que irremediablemente mi mente los asocia como dos pájaros agoreros, prestos a cantar para ahogar las penas. Pero hay en Bunbury, cierto matiz, que por decir algo, me sabe a “desgano sublime” o a “pereza poética”, singularidad que muchos no podrán compartir, sin duda. Para gustos...

Con Bunbury (Zaragoza, 1967) me sucede lo mismo que con Calamaro, cuando éste lideraba Los Rodríguez: la infinidad de ocasiones que oí sus canciones vitalistas, despreocupadas y pegadizas. Ya como solista, el músico argentino se decantó por un estilo más maduro, intimista, sombrío y existencialista.  Descubrí muy tarde a los Héroes del Silencio, gracias a un amigo español-los Andes, no sólo eran escollo natural,  hasta el advenimiento afortunado de internet-. Fuertemente arraigado al rock latinoamericano, los Héroes me parecían muy lejanos y ajenos, pero con el transcurrir del tiempo, el ex vocalista de la banda aragonesa, me sorprende gratamente en su aventura solitaria, al igual que Calamaro.

Abunda la música en ejemplos de artistas que no se pudieron sacar de encima el lastre de sus bandas. Lo raro es hallar músicos que trasciendan mas allá de sus grupos que les dieron fama. "Necesito un público que me haga crecer como músico, no que me haga tocar toda la vida 'Entre dos tierras' y encima como lo hacía con Héroes”. Toda una declaración de principios para un artista que se respete a sí  mismo.

Escucho cada canción suya-como quien toma un trago- paladeándola con pausa. Siempre valoro la música por la impresión que deja en el “paladar” musical, como el trago que se toma por primera vez, más allá de la poesía, la motivación personal y la capacidad compositora. Más allá del virtuosismo, siempre queda la impresión o sensación, mejor si vaga o inefable.

No soy partidario de nuevas versiones en la música, pero siempre hallo alguna que me hace repensar lo afirmado. 'Frente a frente', originalmente interpretada por  Jeanette, es en boca de Bunbury, un maravilloso y rasposo intento de poner voz a la constatación de haber perdido algo definitivamente, o lo que queda, que no sabe a otra cosa que a amargura.

Después de disfrutar,  'Flamingos', sin duda su mejor disco, no queda otra cosa que salir a pasear a ninguna parte.

Mi canción favorita, es de lejos, a ritmo galopante, 'un caballo llamado muerte'.

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