31 mayo, 2017

8 De aqhawasis y aqhallanthus





En lenguaje cristiano esto debería llevar el título de “chicherías y pendones”, pero no resultaría del todo cierto, exacto y expresivo. El castellano no ofrece la poética economía de palabras que caracteriza a la noble lengua incaica. Tremendo engorro me he llevado buscando el vocablo apropiado y la sonoridad perfecta, de tal manera que ambos sustantivos no parezcan vulgares ni suenen confusos. No hay nada de sustancioso al pensar que debería llamarse “chicherías y banderitas”, como alternativa. La claridad no aparecería por ningún lado, ni cuando llegue el alba. Al contrario, en quechua no hay dónde perderse. Con dos vocablos contundentes zanjamos la cuestión que hasta los borrachos entenderían de qué estamos hablando, siempre y cuando se conozca el idioma ancestral, desde luego.


No diga aka-huasi a secas, casi asépticamente, sino usted parecerá un gringo desubicado preguntando por un baño o letrina. Coja aire desde el estómago y pronuncie con la fiereza de los árabes como cuando dicen “akhbar”, aspirando la h a plenitud, como si la arrastrara en la garganta o estuviera a punto de hacer gárgaras. Lo mismo para “aqhallanthu” pero teniendo cuidado que ese thu, suene suavizado tal cual los gringos dicen “thursday”. En las zonas de influencia quechua la acentuación es de capital importancia, porque un insignificante sonido puede llevar al traste toda una expresión y generar, en consecuencia, un torrente de sonrisas burlonas con resabios de sugestiva ironía, tan normal a quienes lo entienden fluidamente.


Esto no va de chicherías o locales donde se expende masivamente el otrora llamado “elixir de los incas”, defenestrado en los últimos tiempos por ser bebida barata y destinada al vulgo. Las crónicas de época resaltan que en plena Plaza de Armas de Cochabamba, hasta inicios del siglo XX, existían varios comercios de chicha donde gentes de distintos estratos sociales acudían para pasar ratos de esparcimiento. Luego, los prejuicios y la influencia de los inmigrantes europeos que montaron las primeras cervecerías, motivaron a las autoridades de entonces a desterrar las chicherías unas cuadras mas allá, porque supuestamente daban mala imagen y su presencia no condecía con las “buenas costumbres” y los afanes de modernidad.  


Caída en desgracia, la chicha nunca más recuperó su sitial, aunque es seguro que las clases altas la siguieron consumiendo en forma privada, hasta ser reemplazada paulatinamente por licores más sofisticados. En contrapartida, halló el hueco definitivo entre las clases obreras y campesinas. Sólo que con la masificación llegó también la adulteración y la consiguiente merma en la calidad. Cuando un producto se vuelve puro negocio, pierde su esencia, reza el dicho. Así, la chicha producida a raudales en los valles cercanos a la ciudad, incluso con algo de tecnificación, dista mucho del sabor tradicional, precisamente por ganar tiempo en el proceso de elaboración, añadiéndole alcohol de caña y otros dudosos ingredientes destinados a suplir el fermento natural del maíz. Tampoco es ocioso afirmar que comerciantes inescrupulosos, antes de vender la bebida, la “estiran” básicamente con agua, con tal de aumentar sus ganancias. El descrédito es total y pocos lugares conservan cierta fama de ofrecer auténtica chicha.



En los pueblos quedan todavía chicherías artesanales, mejor dicho aqhawasis, sitios donde aun es posible paladear la estimulante y ácida textura del brebaje en cuestión. Un aqhawasi es literalmente la morada de la chicha, casa, hogar donde el maíz cuidadosamente seleccionado sufre un proceso de transformación para culminar en la bebida espirituosa. Todo comienza con la preparación del huiñapo (grano germinado), que una vez secado al sol y, posteriormente molido, se pone a hervir como una suerte de caldo mágico en una gran paila de cobre expresamente empotrada en un fogón de leña. Día y noche se atiza la hoguera, durante varias jornadas, en turnos para no descuidar el fuego y remover periódicamente el caldo que va espesando. El tiempo exacto de cocción y los añadidos (levadura, azúcar, etc) son secretos de familia celosamente guardados, así como los modos de elaboración. La faena termina con el vaciado del líquido en tinajas semienterradas, bien tapadas para que el producto fermente y “suelte los alcoholes”, es decir alcance un grado de maduración óptimo. 


Casi una semana después, la chicha fresca, cuyo color va desde un dorado intenso hasta un ocre pálido, dependiendo del tipo de maíz empleado, es ofrecida a la venta. Entra en juego, entonces, el otro componente que identifica claramente el sitio, anunciando que se abren las puertas a los parroquianos, como una especie de reclamo publicitario silencioso y que puede ser visto desde varias cuadras. Allí donde se divise un aqhallanthu (pendón, chicha señal), colgando de una larga vara en la puerta o pared del establecimiento, es el código usual que invita al consumo. Los aqhallanthus varían en apariencia de acuerdo a los lugares. En los arrabales de la ciudad y en los municipios cercanos (Quillacollo, Vinto, Sacaba) predominan las banderitas blancas, así como en varios pueblos del Valle Alto. En otros, cuelgan latones romboides de color rojo o con diseños de aguayo, a veces con borlas, pero son más bien escasos.  


Pero se lleva la flor, cabalmente dicho, la antigua Palca, hoy Independencia, donde siendo niño me cautivaban esos pendones sumamente floridos que incluso tenían unas flores específicas, las pelargonias de rojo intenso que a veces se combinaban con un par de cartuchos cruzados (flor de cala), en los agujeros de una tutuma sin partir. En ningún otro pueblo he hallado tales adornos, ni me consta que en otras regiones del país utilicen algo parecido. Hasta tenía su encanto y significado implícito aquella forma de promocionar la bebida: si las flores del pendón ya estaban marchitas significaba que la chicha era del día anterior, por tanto, guardada. Chicha buena no duraba un día, bien que lo recuerdo, porque de todas partes llegaban las jarras de fierro enlozado con el encargo de llevarse a casa el dorado elixir, especialmente a la hora del almuerzo. Los fines de semana, donde hubiese un agasajo, se reservaba el vital elemento en “latas”, baldes rústicos de unos 15 litros que se adaptaban de los envases de alcohol. Hace unas semanas, encargué a un familiar que sacara fotos allí donde se topara con los aqhallanthus en las calles palqueñas. Grande fue mi desilusión al saber que la modernidad había arrasado con esa pintoresca estampa de los pendones. Efectivamente, las flores todavía colgaban de los palos pero sin ninguna gracia, para colmo hechas de plástico, una aberración para una tierra donde hasta la maleza florece por designio natural. ¿Cómo saber, entonces, si la chicha estaba fresca y buena?


Naturalmente, los aqhawasis son negocio familiar, casi siempre al mando de una mujer, eso sí, de templado o férreo carácter para lidiar con los borrachines. Las chicheras de renombre eran más conocidas por sus apodos que por sus verdaderos nombres. La picardía criolla tan presente en los catadores y clientes habituales, siempre ha sido pródiga a la hora de bautizar a sitios y personajes, y en la jugosa convivencia entre las lenguas española y quechua, la ironía y el humor han hallado el mejor caldo de cultivo. Cómo no sonreír, entonces, al oír en mut’i castellano o quechuañol, apodos tan singulares para sus célebres chicheras que aún quedan en la memoria de todos los paisanos: ¿Dónde estaban las mejores chichas?, preguntaría un visitante. Un palqueño respondería automáticamente que fuera donde la “Thantacarro”, la “Khosila”, la “K’upala”, la “K’aratetera”, la “Aychacalzón”, la “Plata como chuño”, etc. Difícil traducir al español toda la carga metafórica subyacente que resulta más apropiado dejar las expresiones intactas, mientras me maravillo por su insuperable sonoridad. Si usted no se ha mareado todavía por esta catarata de términos quechuísticos, déjeme decirle que casi todos los alias tienen que ver con atributos físicos o sensuales. Por ahí van los tiros. 


8 comentarios :

  1. Qué bella exploración de los sentidos y matices del lenguaje , apreciado José. Porque son los matices los que les dan sentido a las palabras.
    Oportuna entrada que nos ayuda a internarnos en los matices- otra vez- de las bebidas ancestrales. Es tal nuestro grado de alienación que aceptamos y asimilamos la cerveza como algo superior, cuando en realidad es la chicha de los alemanes.
    A propósito : cuando la cervecera Bavaria quiso entrar a Colombia- concretamente a la región de Cundinamarca y Boyacá- lo hizo amparada en una campaña de desprestigio centrada en el supuesto talante antihigiénico de la chica, aunque ésta llevara cuatro siglos siendo consumida por indígenas y criollos sin mayores problemas. O por lo menos, no muy distintos de los que ocasiona la cerveza.

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    1. Ja, ja, me parece que usted, o se ha mareado bastante con libaciones virtuales o el teclado le ha jugado una mala pasada, amigo Gustavo, le salió jugoso eso de “talante antihigiénico de la chica”. Efectivamente, en nuestro país, la chicha es considerada bebida de pobres por su bajo costo, y la falta de higiene en su elaboración y consumo, que usted bien resalta. En condiciones apropiadas, no es un licor pernicioso, he sabido de algún caso que por accidente hallaron cántaros enterrados en una casa antigua, conteniendo chicha añejada que tenía un sabor muy agradable sin tener que envidiar al whisky de calidad. Por cierto, el vocablo “chicha” se asegura que es una voz caribe, no me extrañaría que se haya originado en las costas colombianas o en las cercanías. Resulta lógico que los conquistadores hayan popularizado el término bautizando a las bebidas similares que tenían los pueblos indígenas del continente.

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    2. Ja, ja, ja. Una chica con talante antihigiénico si sería una calamidad.

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  2. Tras ver tan regias fotos me doy cuenta q mi cultura chupística (aqhera, voy a precisar) es miserablemente vergonzosa.. Solo recuerdo esas vulgares banderitas blancas, unas estrellas rojas d latón y hasta un ya difuso canastón d mimbre-caña como señales d antros chicheros pa desgraciarse en manada y cuyas pertenencias geográficas ya no puedo precisar. Anduve en mis años d febril universitario-chupaco por sipe sipe, tarata, punata, mizque, capinota, melga, tiraque, totora, y en especial los arrabales (q buena palabreja esta!) d la temida zona sud: villa méjico, jayhuaycity, la maica, tamborada y hasta por cochinos tugurios de cerro verde y huayra khasa.., pero mira q mi memoria no me permite evocar pendones iguales a los q muestras aquí. Hermosas debieron haber sido sin duda las q evocas con flores fresquecitas!
    mi padre cuenta siempre q d joven encontró aun aqhawasis cercanos a la plaza donde se desgraciaba tb con camaradas tb disolutos y alegremente licenciosos. Hay cosas q inexorablemente bien hereda uno.. (Un calaverazo simbólico por los genes, carajo!! Yo a la chicha no la tomo ni pagado ahora. Wácala!) Existe d hecho una casa ya en ruinas en plena esquina d la junín y ladislao cabrera (acera d la cárcel sn sebastian) q en sus años mozos cobijaba una chicheria (d nombre el Altillo) cuyas propietarias eran unas hermanas solteronas creo, y hasta tenían apodos tb q no recuerdo ya..
    Cosa sublime, como recalcas bien, mi amigo, esa del qhechua: su polifonismo y carácter aglutinante lo hace exquisito. Mis abuelos paternos y maternos eran quichuistas exquisitos, mis padres tb lo dominan pero ya con mucho españolismos d por medio. Yo con el qhechua tengo digamos un nivel d perro: entiendo todo perfectamente, pero no hablo.. Al menos no como lo recuerdo en la voz d mi sagaz abuelito paterno, quien era tan pícaro como un niño endemoniado. Eso sí, difícilmente me han d mamar o insultar en qechua. La facultad d medicina daba tb cursos d quechua en los primeros años y q degustaba yo plácidamente y hasta me permitía ayudar a mis guapas compañeritas a acomodar sus boquitas para las aspiradas o explosivas pronunciaciones q exige el polifonismo singular q puede hacer meter la pata con efectos muy comiquísimos..

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  3. Bien recuerdo como unas cholitas se cagaban d risa cuando algunas d ellas, mis compañeritas, pedían 'tojay..!' en lugar d 'thuqay!' pa recolectar esputos (pa pesquisas laboratorales d tuberculosis) en clases prácticas en las zonas d villa pagador y todas las zonas aledañas a la refinería. Pedían ellas pedos (tujyay, indica el gran diccio d lara) en lugar d escupitajos, y claro, la cagada d risas era inevitable. Había, claro, q socorrer a esas guapas e inocentes mamacitas venidas muchas del anglo americano, del amerinst, del santa ana, del maryknoll.. Ricas memorias.
    Jajaja!! estupendos apodos esos q citas, José. Me cagué d risa. Nunca los había escuchado.. k'aratetera!! thantacarro!! Pa la antología. Graciosos q conozco desde niño: ch'ejchi perla (piruja, mujer alegrona), kaspasik'i (ignoro q significa exactamente, pero da pa muy cochinas acepciones) k'asaventana, ch'ojrosik'i, llint'a simi, chullparuntu, anathuyas, amphakas, k'etaplatano, fusilpierna, wakabola... Riqueza d idioma y sonido y q manosean muchos académicos gilorios hueveando indeciblemente con la gramática y hasta afeando la pronunciación. Mi padre q es potosino, pronuncia d diferente manera muchos d sus vocablos, como el nuqa kani.. por el ñoqa kani, o el mikhusani por el mikhushani.. En fin, yo prefiero ser bastante conservador con la misma (respeto todo el legado d Jesus Lara desde q me leí esa su monumental novela Surumi), y al mismo tiempo conservar la variante q más agrada a mis orejas.
    Abrazos.
    ps: envidiable tu sapiencia del quechua y notable comentario el tuyo acerca del texto d la loq'osti d la marianela paco y su ridícula facha d duende malparido en el texto d Claudio FC. Eso del fruto tb lo supe yo por mi padre, q andariego como fue y sigue siendo por todos los campos d este castigado valle, contaba siempre q existe esa especie d granadilla silvestre con los aspectos q tú describes bien. Me dice incluso q ha visto los mismos por los mercados cancheros y ya le encargué me compre unos cuantos, pues jamás en mi cochina vida lo he probado. Loq'osti usa el tb para referirse a un sujeto tonto y muy bruto d entendederas. Cabeza dura digamos, en su más gentil significado, por la cáscara será..

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  4. Ah, cuánto agradezco el generoso aporte de tus parrafadas, querido llajtamasi, que tienen la virtud de enriquecer y matizar los textos que aquí ofrecemos, porque siempre se nos olvida algún detalle o el ch’aki (mamertos aquellos paisanos que sueltan un blando “chaki”, que dan ganas de decirles “te voy a dar un jayt’asu con mi poderoso chaki en tu tablasiki”, para que aprendan de una puñetera vez a respetar la noble lengua incaica), de alguna parranda todavía cobra factura en nuestra cabeza.
    Regio aporte aquello de “Jayhuaycity”, no lo conocía, otra Sin City, parece evocar, ja. Envidiable desde todo punto de vista, tus periplos por tantos pueblos vallunos, yo no conozco ni la mitad de los que citas, mucho menos los insondables tugurios donde aparentemente te extraviaste, por lo menos me despiertan la curiosidad. Qué macanudo suena eso de “Huayra K’asa”, aparte de su bella sonoridad, evoca indescriptibles parajes que se asientan, literalmente en el aire, en la nada, porque a eso remite pensar en una “quebrada del viento”, que es lo mas aproximado que se me ocurre interpretar.
    Andando el tiempo, me he dado cuenta de que el quechua es imposible de descifrar y conocer todos sus secretos y variables, precisamente por esa riqueza de matices, por su interminable polifonía que tan bien resaltas. ¿Sabías que no existe ninguna palabrota exacta para putear a alguien?, porque hasta para insultar, la expresión siempre tiene un dejo de ironía o burla. Lo más duro que he escuchado decir es “supaypaj wachasqan” (engendro del demonio) o “alqo uña” (hijo de perra), pero no suena insultante, por mucha intención que se tenga, precisamente por la musicalidad innata del idioma. De hecho, esos apodos que anotas, son en el fondo insultos - muchas veces surgidos al calor de una pelea o riña familiar- burlones y hasta crueles porque tienen que ver con defectos físicos o alusión a características de animales. ‘Anathuya’ es buen ejemplo de alguien apestoso o maloliente.
    Ah, mucho me congratulo de haber aprendido el hermoso quechua (que hasta los aburridos cánticos de misa me parecían exquisitos), prácticamente por pura ósmosis, sin ningún esfuerzo, gracias a la convivencia con niños del campo, en aquellos años de la escuela cuando vivía en la verdeante Palca (de p’alqa, conjunción de dos ramas, y por analogía, encuentro de dos ríos) sucursal del cielo, decían los palqueños. Lo que preocupa es esa confusión que existe entre lingüistas en la elaboración de su gramática (por ejemplo, unos prefieren decir “quichua” , otros “kheswa” (a mí me encanta esta versión aspirada) y hasta un horrible “qhichwa” o similar he visto escrito en algún texto. Lamentablemente no hay un estándar para escribirlo, si vieras textos de los indigenistas ecuatorianos que parece que están contagiando a los textos nacionales, no entenderías un carajo, bastante dolor de cabeza me he llevado tratando de entender su dialecto enrevesado y tosco. Mejor centrarnos y solazarnos con los acentos de nuestros valles y, tienes razón, en Sucre y Potosí se habla con algunas variantes en la pronunciación pero siempre son entendibles y no hay lugar a la confusión. Watejkama, munasqa llajtamasi.

    PD.- me intriga eso de los loq’ostis, que tu padre dice haber visto. Yo soy caminante habitual de la Cancha y alrededores y nunca me he topado con frutos parecidos. Ahora que me acuerdo, yendo a Incachaca, en los años del bachillerato, creo haber visto la planta en alguno de sus bosquecillos, precisamente esos parajes húmedos y algo fríos son su hábitat.

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  5. ja! todo un master vos con el quechua! Y sí: eso del 'chaki' pronunciado asi sin gracia ni justo condimento, es típico o d mamertos crispines o bien d guapas pero muy huecas mamacitas d nuestros muy altos estratos soshiales, las más d las veces fingidas. Concuerdo en eso d la lamentable influencia ecuatoriana.. Hace años leí un texto vil del quechua q promueve el ministerio cocalero y no entendí una mierda. Lo cierto es q cada cierto tiempo se les ocurre a los sesudos linguistas modificar la gramática sin aportar realmente nada y mas bien confundir mucho. Es q eso justamente lo bueno/malo del quechua: nadie tiene finalmente autoridad pa dar la última voz en gramática y fonía. Entre los mios aprendí a cascarle "sik'i", así d agresiva. Y tb lo d huayra k'asa para tí, en mis fundos siempre lo oí como huayra khasa (d khasa, fácil d desgarrar, q existe en el diccio d Lara). Así las cosas, ese mi insulto d "k'asaventana" debiera ser mas bien un "khasaventana.." q a mis orejas no suena contundente ni gracioso. Grave pues.. Así la situación, hasta esas guapas mamacitas y los mamertos crispines podrian reclamar hasta derecho d pronunciar "chaki" el ch'aki sin recibirse una soberbia patada en el culo.

    Y sobre jayhuaycity..y los arrabales d la zona sud, esos son mis dominios José. Muy cerca d allí crecí y alimenté mis vicios como amistades d muy mala reputación. Todavia tengo parentela dispersa por esos lares. Una verdadera SinCity, y es gracioso como el solo nombre causa pánico en culitos blancoides al solo mencionarla. Se hacen caquita. Y no es para menos. Abundan los tugurios y burdeles d muy mala muerte. D tanto vicio, podredumbre y puterío presentes en estos suelos khuchis y quenchas, yo la llamo mas bien el 'jardin d las delicias..', MI jardín d las delicias. Pero pese a tan mala fama, debo confesar q el nivel d maleantéz ha bajado con los años. Los hermanitos tankara creo q han sido los últimos maleantes q causaron memorables revueltas en los burdeles y hasta parece q se mataron a balazos a un crispin hace algunos años. Desde entonces nada digno d recordarse. En fin, es zona donde se cultivan placeres variados, pero ya no con la misma adrenalina d antes.
    Ujratu kama masteer!!

    ps: mi padre siempre contó d loq'ostis en las hondonadas d cruzani, lugar nomas frío al q nos llevaba a pata d niños desde el cruce taquiña, pero nunca los encontramos ni buscamos. Me asegura haber visto loq'ostis por la pampa. Y yo le creo. Es q tiene la fortuna d toparse siempre con humildes vendedoras d manjares inverosímiles. Y así, a veces se trae muy feliz esos sus preciados manjares d infancia: k'ispiñus, phisaras, wathiyas y hasta ocas y papitas made in p'anpaku ante las q obligo nomas a jekyll se olvide sus melindres d alta higiene y nociones d manipulación d alimentos.. Así q cuando me traiga esos loq'ostis les tomaré fotos testimonio antes d q pasen al buche. Abrazo.

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    1. Apasionante esto del quechua y sus intrincadas acepciones, pero ahí esta el gustito, terciaria alguien. Eso de sik’i me ha hecho pensar y recordar que siempre en mi entorno pronunciamos siki ,asi de limpio, pero,por otro lado siempre he escuchado decir “sik’iy much’away” para mandar al carajo a alguien en forma burlona. Lo de khasa me suena mas raro, porque justamente “k’asaventana” hace alusión a una dentadura sin algunos dientes, y k’asa quiere decir literalmente algo roto, quebrado o fragmentado, en resumen a cualquier cosa que le falte un pedazo (bien me acuerdo de mis cachinas que de tanto jugar se iban k’asando) . No conozco el contexto ni el lugar para saber si Huayrakhasa es mas apropiado de pronunciar, pero déjame decirte que “k’asa” asi bien acentuado y no aspirado, se usa bastante en topónimos, se me vienen a la mente sitios como Japok’asa , Minask’asa (una mina abandonada que fue propiedad de mi abuelo paterno, en el norte de Independencia). En fin, sera nomás que el uso fonético varìa en función de las regiones, eso sí, la ortografia no hay quien la norme, cada académico se hace al listillo. Saludos.

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