![]() |
| Alcalde y gobernador de Cochabamba mostrando sus carnets de socios de la cofradía masista (Opinión) |
El país hace aguas. Se cae el cielo. Se cae la
tierra aplastando casas. Se cae Defensa Civil, incapaz de atender a tanta gente
afectada. Más de cien municipios han declarado el desastre, sobre todo en el
ámbito rural. No hay ciudad que no haya tenido algún barrio anegado o desborde
de un canal. Son ya cerca de 47.000 familias damnificadas y la cifra sigue
aumentando. Al menos medio centenar de muertos. Ha llovido más que en otros
años, no hace falta tener estadísticas a la mano para darse cuenta. El diluvio
continuará hasta fines de febrero, según los pronósticos meteorológicos.
Sin embargo, me pregunto si algo de los 120.
000 millones de dólares que el Estado ha ingresado en estos ochos años ha sido
invertido en labores de prevención de desastres. Prácticamente nada. No hay
camiones suficientes ni equipos para los bomberos. No hay aviones cisternas
contra incendios forestales. Ni helicópteros de transporte. Ni las brigadas de
rescate tienen equipación, personal y presupuesto decente. Si no podemos ni
enfrentar desastres prevenibles como el fuego o las inundaciones, imaginen una
calamidad mayor como un terremoto. Somos un país en harapos, prácticamente
desnudo, a pesar de los lindos indicadores macroeconómicos y las felicitaciones
del FMI.
En esas condiciones nos batimos. No hay una
verdadera estructura ni programas de contingencias. No tenemos gente
especializada que sepa actuar con celeridad y eficacia. Los burócratas se
estorban entre sí, como toda gente improvisada. Los vetustos aviones de carga
de la Fuerza Aérea llegan hasta donde pueden. Y allí donde no hay pistas o están
inoperables por las aguas, las poblaciones están abandonadas a su suerte. En varios
pueblos del norte amazónico se agotan el combustible y los víveres. Han muerto
miles de cabezas de ganado. Poblados enteros deben ser abandonados. Aumentan
las enfermedades como el dengue. Y la ayuda tarda en llegar. Es loable el
esfuerzo de muchos voluntarios que emprenden campañas para recaudar fondos,
vituallas y medicinas en las ciudades grandes. Con eso ponen en evidencia al
gobierno con más presupuesto de toda la historia: despilfarrador en asuntos
superfluos, y negligente en temas vitales.
Me causa gracia que los personeros de la
Secretaría de la Madre Tierra, una dependencia de la Gobernación local se
dediquen solo a efectuar un recuento de las pérdidas y víctimas y que nos
cuenten lo que ya nos enteramos por los medios. Porque hablar de programas y
proyectos no parece lo suyo. Simples censores de desastres con chalecos azules
y credenciales (un tiempo atrás se pusieron a contar unos pajaritos envenenados
y nada más). O sea, funcionarios inoperantes de un desastre de organismo.
Entretanto, nos siguen bombardeando con
anuncios propagandísticos que muestran a Evo y sus tropas salvadoras acudiendo
raudos y solícitos al rescate. Soldados corajudos cargando bolsas de arroz y
fideo, con bonitas tomas aéreas de selvas, ríos, llanuras anegadas, etc; como
una estampa de Vietnam sin armas. Y el mesías discurseando de fondo: “si se han
perdido cosechas, vamos a reponer…si se ha perdido ganado vamos a reponer…si
se han perdido casas, vamos a reconstruir, queridos hermanos y hermanas”. Solo
le faltó rematar la función con “si han perdido a sus seres queridos, los vamos
a resucitar”. Amén por el gobierno trabajador y preocupado por su gente.
Como estarán de preocupados que el domingo
reciente, armaron otra de sus manifestaciones públicas simultáneamente en siete
capitales de departamento. Alegría a raudales en medio de la tragedia nacional.
Miles de militantes y nuevos simpatizantes fueron convocados a cada plaza
principal a inscribirse y reinscribirse al partido. Todos los funcionarios
públicos están obligados a hacerlo o peligran sus puestos. Un jefe regional
declaró con toda naturalidad que, gracias al presidente Evo y su revolución
tenían trabajo, así que querían personas muy comprometidas con la causa. Podían
haberlo pospuesto por un mes hasta que pasen las lluvias. Podían haberlo hecho
de forma ordenada en sus oficinas y sin tanto aspaviento. Sin embargo, la
alharaca fue tal, con transmisión televisa incluida, que parecía el cierre de
campaña en las vísperas de una contienda electoral.
Faltan ocho meses para las elecciones presidenciales
y el MAS muestra toda su prepotencia y poder de manejo discrecional de
recursos. El Órgano Electoral prohíbe a los otros partidos cualquier señal de
campaña, por discreta que sea. Sin embargo, cínicamente se hace de la vista
gorda ante el abuso oficialista. Agitar banderas del partido, con el cacique y demás
jefes engalanados con guirnaldas en lo alto de una tarima no había sido ni
ensayo de actividad política. Que en Santa Cruz, con todos los altavoces fueran
presentados ex futbolistas y ex reinas de la chancaca o de cualquier comparsa,
no había sido campaña tampoco, con una vuelta olímpica a la plaza principal
encabezada por un ministro como colofón. Es una decepción que casi todos los
seleccionados mundialistas del 94 se hayan convertido en bufones del caudillo
que los lleva a jugar a su lado en numerosas ocasiones, como un niño que
presenta a sus amigos famosos. Ahora
confiesan sin rubor que se han sumado al Proceso de Cambio. Hasta un guardameta
argentino que por puro interés se naturalizó boliviano -para jugar en la selección,
obvio- es actualmente un declarado activista. Si a usted nadie le tira pelota
en su país, agarre sus pilchas y véngase pronto: dentro de poco tiempo podrá
dictar cátedra desde algún medio oficialista como ya ocurre con periodistas y
“analistas” argentinos y españoles.
Tan seguros están de haber sometido a todo el país
que, con todo orgullo, proclaman que ya son millones los inscritos y
simpatizantes. Sólo en el departamento de Cochabamba se han planteado la meta
de inscribir a por lo menos un millón. Considerando que la población total
bordea los dos millones y que, además, según datos estadísticos, en Bolivia la
mitad de la población es menor de 18 años, resulta asombroso que prácticamente
todos los cochabambinos adultos seamos masistas. Únicamente faltan que los
patos y gallinas se sumen al redil, porque los borregos se han visto todos
entusiastas y haciendo fila el domingo para anotar su nombre en mitad de la
plaza central.
Mientras el presidente y sus fieles
escuderos-alcalde y gobernador- sonreían satisfechos mostrando sus nuevas
credenciales, a unos 60 kilómetros en el municipio de Morochata toda una
comunidad lloraba por una nueva desgracia. Cerrando la tarde del sábado, un
cerro entero se vino abajo sepultando a una veintena de casas, dejando cuatro
muertos y diez desaparecidos. Al menos siete niños se contabilizaron entre las
víctimas. Fue frustrante ver a algunos
lugareños, bomberos y otros miembros rescatistas queriendo remover el lodo a duras
penas. Imposible trasladar maquinaria pesada por el derrumbe de otros tramos. ¿Qué
hizo el gobernador Novillo ante la situación?, ¿acaso hizo algún esfuerzo por
acudir al lugar y encabezar el auxilio de los sobrevivientes que lo han perdido
todo? …en vez de ello, se la pasó todo el domingo ejerciendo de anfitrión del
presidente y contemplando, sentado junto a él, la inscripción de los militantes.
Ni arremangarse ni embarrarse los zapatos estaban en su mente. Que vayan los subalternos
a contar los muertos.
Recién el lunes montaron el helicóptero del
presidente para llegar al sitio de la tragedia. Es otra tragedia que el
presidente haga también de alcalde o gobernador, mientras el tiempo corre y
cunde la desesperación.















