01 septiembre, 2010

2 Recuerdos: Los mejores comienzos de novelas que leí


Albert Camus
Afortunadamente no tengo memoria de pez, más bien de perro, para rememorar los inicios de obras que me han marcado, que no obstante el paso del tiempo, hay ciertas frases o descripciones que definitivamente hacen sentir a uno sentimientos encontrados, ya sea fascinación u horror, nostalgia, evasión o pesadumbre, o en algunos casos, sensaciones irremediablemente vagas.

Seguro que la mayoría de nosotros recordará ese comienzo inmortal: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”.  En cualquier caso, no se le exige un esfuerzo inhumano a la memoria, de recordar a letra muerta esos pasajes, lo rescatable es la impresión que deja como un buen o mal sabor de boca, independientemente del desarrollo o calidad de la obra en cuestión.

He aquí los inicios favoritos de los que puedo acordarme todavía:

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.
(Albert Camus, “El extranjero”).

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
(Vladimir Nabokov, “Lolita”)

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. "No dejes de ir a visitarlo -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro.
(Juan Rulfo, “Pedro Páramo”)

El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman «allá».
(Truman Capote “A sangre fría)

En mis años mozos y más vulnerables mi padre me dio un consejo que desde aquella época no ha dejado de darme vueltas en la cabeza.“Cuando sientas deseos de criticar a alguien” -fueron sus palabras- “recuerda que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú tuviste.”
(Scott Fitzgerald “El gran Gatsby”)

Había en las afueras de Medellín un pueblo silencioso y apacible que se llamaba Sabaneta. Bien que lo conocí porque allí cerca, a un lado de la carretera que venía de Envigado, otro pueblo, a mitad de camino en­tre los dos pueblos, en la finca Santa Anita de mis abue­los, a mano izquierda viniendo, transcurrió mi infancia. Claro que lo conocí. Estaba al final de esa carretera, en el fin del mundo.
(Fernando Vallejo “La virgen de los sicarios”)

Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.
(Ernesto Sabato, “El Túnel”).



2 comentarios :

  1. No están mal, pero se podrían añadir otros, como "Llamadme Ismael." o "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo."

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  2. Excelente aporte Valdemar, sobre la primera frase reconozco que no la he leído, y sobre la novela monumental de García Marquez, no entiendo cómo pude haber pasado por alto, considerando su mensaje tan arrollador y definitivo. Gracias por comentar.

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