23 agosto, 2010

0 Los tulipanes que avergonzaron a Cruyff

Nunca había visto a una selección naranja tan agria,  tan opaca y deslucida como esta última, la de Sudáfrica 2010. A pesar de haber crecido con la leyenda de Johan Cruyff, Neeskens, Rensenbrink y sus compañeros mágicos de la década de los setentas, a pesar de repasar una y otra vez la trayectoria de aquel gran equipo y los sucesivos en sus periplos europeo y mundialista; hubiera sido una ingrata ironía que el seleccionado más tosco de su rica historia se hubiera alzado con la Copa del Mundial. Representaciones neerlandesas como las de Italia 90, USA 94, o Francia 98, nunca llegaron tan lejos a pesar de desplegar un juego más elegante y ofensivo.

Una selección que no renunciaba nunca a su filosofía del “saber hacer” un buen fútbol: desequilibrante, ordenado, rápido y vistoso, extrañamente sacó a relucir un fútbol brusco y avaro, digno de “italianos”, un equipo que jugó a atacar poco, buscando el mínimo resultado, para sorpresa de muchos, se despachó una final horrible, al ritmo de los mejores leñadores y karatecas (Van Bommel y De Jong).

Tristemente esta generación no le llegó ni a la suela de las botas de elegantes como, Dennis Bergkamp, Van Basten o Ruud Gullit, el gran tulipán negro…quizás el único fue Robben, pero ya se sabe, “un solo tulipán no hace Amsterdam”.

No me extraña que España se llevara la copa, desplegaron de lejos el juego más ordenado y más limpio del campeonato, sin renunciar a su sistema de toque y control de balón, con el que maniataron y anularon en la semifinal previa a uno de los mejores equipos alemanes que he visto. Paradójicamente el sistema que llevaron Rinus Michels y luego Cruyff a tierras catalanas hizo más vívido y patente la creencia de que el alumno supera al maestro.

Y conste que no soy español, ni aliado suyo, de hecho soy fanático de Holanda desde siempre, pero soy más fanático del “jogo bonito”, del “fútbol total”, del “tiki-taka”  y de todos los sistemas elegantes y ofensivos, habidos y por haber.

Y a pesar de la tolerancia y los buenos modales de la gente holandesa, a pesar de mi amigo Frans van der Straaten, se quedaron muy merecidos con “naranjas” (nada de nada), los  estibadores (decir tulipanes es un cumplido) que avergonzaron a Cruyff.

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